Las mujeres y el sexo

Por Revista Hechos&Crónicas

Hemos vivido acostumbrados a que la industria publicitaria ofrece la sexualidad inherente a la mirada masculina. De hecho, su premisa de que el sexo vende, va focalizada directamente a los hombres y sus instintos, pues varios estudios como el realizado recientemente  por la Universidad de Aarhus, demuestran que la respuesta de los hombres y de las mujeres a la idea de que el sexo vende, es distinta.

“Solo los hombres se dejan llevar por esa idea, aunque aumenta cuando hay un elemento de fondo (como el hambre) que los lleva a ser más impulsivos”, asegura el estudio.

Es más, en muchos casos se cree que la pornografía, las infidelidades, la masturbación y otros temas referentes al sexo, son exclusivos del género masculino. Nada más lejos de la realidad. Tal vez todo se reduzca simplemente a que las mujeres sabemos disimularlo mejor.

Un tergiversado dicho popular asegura “el hombre propone y la mujer dispone” (tergiversado porque el dicho originalmente viene de la Biblia- Proverbios 16:1– y quien dispone es Dios y no la mujer). Aun así, el dicho popular concentra la responsabilidad y la decisión en la mujer.

La verdad es que como mujeres sí tenemos una gran responsabilidad en el manejo de nuestra integridad sexual e incluso en la de los hombres que nos rodean. No como dice el comentario machista que es nuestra culpa si nos violan por provocar a los hombres, sino porque nuestra conexión con la sexualidad es mucho más profunda, pues no se refiere puramente al ámbito físico, sino a las demás áreas que nos componen.

Shannon Ethridge en su libro “la batalla de cada mujer” asegura que “nuestra sexualidad se compone de cuatro aspectos diferentes: la dimensión física, la mental, la emocional y la espiritual de nuestro ser. Estos cuatro aspectos se combinan para dar como resultado la persona que Dios quiere que seamos. La mayoría de la gente comete el error de suponer que nuestra sexualidad se limita a lo físico, que somos “sexuados” solo cuando tenemos relaciones sexuales. De ninguna manera. Nuestra sexualidad tiene que ver con quiénes somos, y Dios nos hizo cuerpo, mente y espíritu, no solo cuerpo. Por lo tanto, la integridad sexual no tiene que ver solo con la castidad física. Está relacionada con cada uno de los aspectos de nuestro ser. Cuando estos aspectos se alinean de forma perfecta, nuestra vida refleja equilibrio e integridad”.

Y aunque los hombres fueron creados de la misma manera, su conexión con la sexualidad es diferente. Por ejemplo, si una pareja de esposos discute y ambos se ofenden, en la mayoría de casos el hombre es capaz de tener relaciones sexuales con su esposa y de hecho pensar que así se están solucionando las cosas. Sin embargo, la mujer necesita dar un final al desacuerdo y sanarlo para volver a conectarse sexualmente con su esposo. La mujer involucra primero sus emociones y luego su cuerpo.

Es por esto que cuando una mujer comete un pecado sexual, la raíz es mucho más profunda que en el solo acto de “dejarse llevar” y las heridas por lo general van más allá de las que quedan en el cuerpo.

¿Los pecados sexuales son diferentes entre hombres y mujeres?

Sí. La percepción de la sexualidad entre hombres y mujeres es diferente. La sociedad nos ha vendido la idea de que las mujeres debemos ser más castas y si llegamos a caer en un pecado sexual, somos juzgadas de una manera mucho más dura que a los hombres.

Sin embargo, muchas cosas han cambiado en estos últimos tiempos. Un estudio de The Journal of Sex Research ha sacado a relucir el hecho de que las mujeres son más propensas a cometer una infidelidad que los hombres. La investigación realizada por un grupo de psicólogos estadounidenses también indaga sobre la variación y consecuencias de estos comportamientos extramatrimoniales. Las mujeres se están permitiendo vivir la sexualidad de manera más abierta y despreocupada, ignorando así que se trata de pecados que traen consecuencias profundas.

En la edición #90 de esta revista, tratamos el tema de las diferentes luchas de las mujeres en el artículo “La tentación de las mujeres”. Allí explicamos cuál es la razón por la que las mujeres enfrentamos las cosas de manera diferente: “No es casualidad que Eva, siendo la primera mujer, haya sido tentada antes que Adán. No es por falta de inteligencia o porque Adán hubiera sido superior, pues, finalmente, él también cayó. Al contrario, la tentación de la que fue víctima tiene una razón muy clara. Eva fue tentada primero y desde entonces todas las mujeres tenemos que lidiar con ciertos asuntos. ¿Por qué? Porque la mujer es la base de la familia y la familia es la base de la sociedad. Si la mujer no está bien, la familia entera tambalea. Si cree engaños, su familia será engañada, si flaquea, la familia flaqueará. Es por esto que la Biblia dice que la mujer sabia edifica su casa y la necia, con sus manos la destruye. (Proverbios 14:1)”.

De la misma manera y por la forma en que en general se percibe el sexo desde el lado femenino, a las mujeres nos cuesta confesar nuestros pecados sexuales y esto se convierte en una atadura que no merecemos cargar, pues Jesús ya nos libró de ella.

“Satanás busca encubrir nuestros pecados, dificultades, faltas y temores sexuales en forma de vergüenza. Sin embargo, como vemos en el primer matrimonio, no hay vergüenza en el sexo y en la sexualidad saludable que Dios honra (Génesis 2:25). Tal vez pienses: ‘pero  he pecado. Yo debería sentir vergüenza’.

Si te has arrepentido de tu pecado, has sido limpiada. Eres santificada. Eres justificada en el nombre de tu Señor Jesucristo. Eres amada, tienes un valor incalculable para aquel que te conoce tal y como eres, que conoce lo que más necesitas, y los que puedes llegar a ser”, asegura Nancy DeMoss Wolgemuth en su libro “Mentiras que las mujeres creen”.

Las mujeres necesitamos encontrar el equilibrio en nuestras vidas para llevar una vida sexual satisfactoria, pero íntegra. Necesitamos analizar nuestras emociones involucradas en cada pecado sexual que hemos cometido (aunque aparentemente no se haya materializado) y someter cada área de nuestras vidas ante Dios. Solo así hallaremos la libertad por la que Jesús pagó en la cruz y lograremos disfrutar la sexualidad cómo Él la ha diseñado.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Monika Kozub – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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