Omayra Font es una mujer impactante. Desde que entra a un lugar, lo llena gracias a su elocuencia y a su bella sonrisa. Es una excelente conversadora que ha combinado en su vida fe, disciplina, identidad y propósito.
Por eso, desde que nos encontramos en el café de mi iglesia en Bogotá, más que una entrevista, tuvimos una conversación cómoda sobre los temas que la han representado por años.
Y es que a través de las reflexiones en su pódcast Mujer Pódcast, de sus conferencias, las charlas de su ministerio y sus libros, Omayra ha venido hablando de todos los temas que competen a las mujeres: los sueños, el propósito, la creatividad, la familia, la fe, el emprendimiento… pero poco a poco, hablando con las mismas mujeres, se dio cuenta que todas se quedaban estancadas en el mismo punto… la sanidad.
De allí surgió SANA, un libro que, según ella misma explica, surgió después de escuchar durante años a mujeres estancadas en los mismos ciclos. Mujeres que querían avanzar, pero seguían tropezando con heridas no resueltas. “Descubrí que la razón principal del estancamiento en la vida de una mujer son las heridas que cargamos en el corazón y en el alma”, afirma.
Pastora desde hace 31 años junto a su esposo, el pastor Otoniel Font, empresaria, escritora, madre de cuatro hijas y abuela, esta puertorriqueña es una mezcla de firmeza y sabiduría. Tiene estudios en teología, psicología, neurociencia y organización funcional neurológica, pero lejos de usar eso como vitrina, lo aterriza todo en conversaciones simples y humanas, porque, como ella misma lo dice: “No hago lo que hago para demostrar cuánto sé. Lo hago para ayudar, es lo que Dios me ha mandado a hacer”.
Una vida entre ministerio, empresa y familia
Su historia rompe varios estereotipos alrededor del liderazgo femenino cristiano. Mientras muchas esposas de pastores eran conocidas por acompañar ministerios desde un segundo plano, ella construyó una voz propia. “Yo no soy la esposa del pastor. Yo soy pastora de la iglesia”, dice con claridad.
Además del ministerio, ha desarrollado múltiples empresas y es propietaria de una universidad técnica en Puerto Rico. Emprender, asegura, siempre ha sido parte de su ADN. “He sido empresaria por 40 años. Fundé mi primera empresa a los 12”.
Pero si hay algo que la apasiona profundamente es escribir. Desde 1998 comenzó a crear contenido para mujeres, mucho antes de que existieran influencers o pódcasts como hoy los conocemos. Programas de radio, televisión, conferencias y, más adelante, libros.
“Entiendo lo que un libro hace en el cerebro de una persona. El mensaje llega distinto. Hay cosas que no logra un reel ni un TikTok”.
Esa convicción también la ha llevado a defender la lectura con fuerza en esta época de inmediatez: “La lectura no está muerta. La gente sigue necesitando profundidad”.
Pero para ella, esa profundidad no la da escribir de forma académica sino cercana, por eso prefiere que sus libros se sientan como una conversación. “Mucha gente me dice: ‘Sentía que estaba tomándome un café contigo’”.
Ese mismo enfoque la llevó también a escribir libros para niñas entre 8 y 13 años, donde trabaja temas de valor, sueños, creatividad y emprendimiento desde historias sencillas y familiares. “Quiero sembrar valores antes de que otras narrativas lo hagan”.
El éxito no evita las heridas
La serie de libros Mujer, compuesta por títulos como Mujer Valórate, Mujer Sueña, Mujer Crea, Mujer Emprende y Mujer Celebra, alcanzó a más de 100.000 lectoras en Latinoamérica. Cada libro trabajaba una etapa distinta del crecimiento femenino: identidad, sueños, creatividad, productividad y gozo.
Sin embargo, a través de los testimonios de las miles de lectoras, Omayra comenzó a notar un patrón: “Mujeres que me decían: ‘Pastora, me encantó este libro, pero sigo estancada’. Ahí entendí que había algo más profundo”.
Ese “algo” eran heridas escondidas bajo la alfombra, un dolor no procesado… Algo que parece común en las mujeres de todas las épocas y de todas las edades: silenciar el dolor para sobrevivir y tener la fuerza de seguir adelante. “Nos enseñaron: al pasado, pisado. Pero toda herida necesita ser sanada”.

Por eso SANA se aparta parcialmente de la línea anterior y entra en un terreno más íntimo para confrontar a sus lectoras. Su subtítulo resume toda la propuesta: Lo que no sana se repite.
“Repetimos patrones familiares, financieros, emocionales, relacionales. Lo que no enfrentamos termina gobernándonos”.
Durante la conversación, Omayra insiste en desmontar una narrativa que, según ella, ha hecho mucho daño a las mujeres: la idea de que son exageradas o dramáticas. “He escuchado historias tan dolorosas que muchas veces pienso: la reacción de esa mujer fue demasiado pequeña para lo que vivió”.
Desde su experiencia pastoral y también desde la psicología, asegura que las emociones cumplen una función y que ignorarlas no las elimina. “Tenemos que llorar. Tenemos que procesar. El problema es quedarnos atrapadas ahí”.
Por eso insiste en que la sanidad no ocurre escondiendo el dolor, sino enfrentándolo con fe y claridad. “La mente no funciona diciendo simplemente ‘olvídalo’. Lo que escondes muchas veces se hace más grande”.
Y aunque reconoce que sanar es un proceso, también cree que llega un momento donde la herida deja de gobernar la vida. “Te das cuenta porque ya no reaccionas igual. Puedes hablar de eso desde la paz y no desde el dolor abierto”.
Familia, valores y controversia
Hablar con Omayra también implica entrar en terrenos “peligrosos”. ¿Por qué? Porque una mujer como ella no está hecha para esconderse, sino para levantar la voz con todo lo que Dios le ha dado para comunicar. Por eso no evita temas sociopolíticos y ha defendido públicamente posturas conservadoras relacionadas con familia, matrimonio e identidad.
“La familia no es un constructo social. Es una idea de Dios”.
Sabe que sus opiniones generan críticas, especialmente en redes sociales, donde incluso ha enfrentado campañas para reportar sus cuentas. “Eso viene con el espacio. Pero si Dios me llamó a hablarlo, lo seguiré haciendo”.
Más allá de la polémica, su preocupación principal está en las consecuencias sociales que observa, especialmente en Puerto Rico.
“El 60 % de los hogares son monoparentales. Tenemos generaciones creciendo sin papá, con heridas profundas que luego se reflejan en toda la sociedad”.
Para ella, muchas crisis culturales nacen precisamente de dolores no tratados. “Hay personas que le huyen al matrimonio o al compromiso por heridas de abandono. Y si no se sana eso, se repite”.
“Todo pasa”
Al final de la conversación, le pregunto qué le diría hoy a la Omayra joven que comenzaba a emprender, servir, escribir y criar una familia mientras atravesaba momentos duros, incluso la prisión de su padre. Su respuesta es sencilla: “Todo pasa”. Y explica lo que significa realmente esa frase. “Todos los problemas tienen solución, solo necesitas confiar en Dios y tener paciencia”.
Y añade algo que ha aplicado desde siempre: no permitir que el miedo controle la vida. “No debemos vivir gobernados por el temor. Los retos llegan, pero también pasan”.
Esta entrevista, que se convirtió en una esperanzadora charla, nos invita a pensar la sanidad de una forma diferente, porque, para Omayra Font, sanar no significa negar el dolor, sino impedir que ese dolor tenga la última palabra.

