Sometimiento y sumisión: “Estilos de vida que se acogen”

por Revista Hechos&Crónicas
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 Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor. Colosenses 3:18.

 De acuerdo con la RAE: “El sometimiento implica la acción de ceder ante una autoridad o circunstancia, a menudo por necesidad o imposición”. Por otro lado, la sumisión “implica una aceptación más profunda y voluntaria, donde se reconoce la autoridad o el poder de otra persona o entidad”.

El sometimiento:

  1. Puede ser impuesto por entes externos, como la fuerza, la ley o la necesidad.
  2. No necesariamente implica una aceptación interna de la autoridad.
  3. Puede ser temporal o condicionado por las circunstancias.

La sumisión:

  1. Implica una aceptación voluntaria de la autoridad o el poder.
  2. Requiere una actitud de humildad y reconocimiento de la superioridad del otro.
  3. Puede ser una actitud más permanente y profunda que el sometimiento.

Son actitudes y comportamientos, que se acogen y se desarrollan en la infancia, en el seno del hogar, según como se perciban demarcará, el estilo de vida que se seguirá en las relaciones interpersonales en el futuro: “Aún recuerdo el ejemplo que recibí de mis padres en su convivencia diaria. Mamá, excelente ama de casa, esposa y madre; papá, trabajador incansable, gran proveedor y padre. Mi madre quedó huérfana muy pequeña, educada en una comunidad religiosa muy pobre, por su condición, desde muy niña, se tornó rebelde y se vio en la necesidad de trabajar para su sustento. Esta independencia económica demarcó su vida y nunca se sometió a ninguna autoridad. Esto influyó de manera negativa en mi personalidad, al igual que mamá, tuve dificultades para aceptar el sometimiento, rechazaba la idea de tener que ceder o ser sumisa ante las autoridades, sobre todo si eran hombres”.

A propósito de esta vivencia y analizando, las palabras del apóstol Pablo: Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor, el reverendo Darío Silva-Silva, fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, iglesia cristiana integral, en su libro ‘Las llaves de poder’, señala que: “Esto es algo, que casi nunca cumplen las señoras, para después preguntar: ¿Por qué no recibo las bendiciones de Dios? Pero, por supuesto, no podemos aceptar la común calumnia contra el cristianismo, y muy particularmente, contra San Pablo, sobre supuesto machismo”.

 Cavando más profundo

A través de la historia con el machismo, el maltrato, el abuso y la discriminación, hacia la mujer, el rechazo de la idea del sometimiento a su esposo, se ha demarcado profundamente, en el libro ‘El evangelio de Rut’, Carolyn Custis James, describe como: “Las estadísticas sobre la violencia contra la mujer, que no incluyen casos que no fueron denunciados, nos dicen que cada cinco jóvenes de la escuela han sido física/ y sexualmente abusadas por su pareja durante una cita… La mayoría de las mujeres y jóvenes del mundo experimentan violencia; esta plaga asola a cada comunidad y a muchos hogares, ya sea física, psicológica o sexualmente y les ha llevado a preguntarse ¿Por qué me sometería a mí esposo, si esto tiene un precio doloroso?”.

“El maltrato físico, es la forma menos cruel de sometimiento que se ejerce sobre la mujer, peor aún es la esclavitud de tipo psicológico que alcanzan niveles de opresión francamente intolerables. Los maridos son verdaderos propietarios, cuyo contrato matrimonial los autoriza, según ellos, a ejercer señorío sobre la mente y cuerpo de la mujer, como un ranchero lo hace sobre sus semovientes”, asegura el pastor Darío Silva-Silva.

Lo que no significa someterse

El pastor Sixto Porras, Director Regional de Enfoque a la Familia para Iberoamérica, aclara: “Someternos no significa tolerar la subyugación, el control, la manipulación, el abuso y la agresión. Porque el matrimonio funcional va con los principios de confianza, seguridad, armonía, comunicación, pero no subyuga. El sentido de la responsabilidad de liderazgo no es superioridad, no es autoridad para subyugar, lastimar… el liderazgo en el hogar en algunos momentos, se transfiere del uno al otro, somos iguales en posiciones diferentes, donde Cristo vino a pagar el precio para que todos nosotros pudiéramos ingresar. Jesús lo dijo muy claro: No es posición, es servir. Es lo que Él hizo”.

Es equilibrio y el balance.

Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas. Colosenses 3:19. “Hay quien cree que vale solo la parte que Dios le ordena a la mujer e invalida la que le corresponde al varón. ¿Pero es tan autoridad sobre el hombre, como sobre la mujer el mismo Dios eterno? Es un absurdo pretender que existe alguna forma de servidumbre o esclavitud en los hogares. No se encuentra una sola porción en la Palabra divina que le dé a una persona la potestad de humillar o sojuzgar a un semejante. Lo que la Biblia dice, de principio a fin, es que no hay acepción de personas. Frente al Señor, la mujer es llamada ayuda idónea o adecuada de, no esclava”, asegura el pastor Darío Silva-Silva.

Aceptación en forma positiva

Nelly, mujer ejecutiva y profesional, narra cómo cambió de actitud y acogió positivamente el sometimiento hacía su esposo, en pro del bienestar de su hogar y cuidado de su hijo:

En mi caso, fui una mujer independiente. Desde muy jovencita comencé a trabajar y a pagar mi carrera universitaria. Poco a poco, comencé a ascender en la entidad bancaria donde laboraba, hasta llegar a ser ejecutiva y más adelante gerente de una de las sucursales. En cuanto a la sujeción, conocía la subordinación por mi trabajo, pero el sometimiento como tal, lo experimenté, muy vagamente en mi hogar, con mi padre, ya que con él viví mi época de la adolescencia.

Fue solo en el año 2007, cuando recibí al Señor Jesús en mi corazón, que empecé a leer las escrituras y a comprenderlas con ayuda del Espíritu Santo, que me encontré con este mandato del Señor: Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor.  Empecé a profundizar el tema del sometimiento. Para este tiempo estaba soltera, con el anhelo en mi corazón de casarme y tener hijos, un hogar. Pasaron cuatro años y ese sueño se cumplió, me casé y seguía laborando, luego quedé en embarazo de mi primer hijo y empezamos con mi esposo a abrazar la idea de que renunciara a mi trabajo y quedarme en casa al cuidado de mi bebé.

Es ahí donde pude poner a prueba de manera más tangible el sometimiento, soportar la crítica de amigos, compañeros, jefes y la propia familia. Morir a toda independencia que me daba el tener un cargo, un sueldo, una posición laboral y quedarme en casa dependiendo 100% de Dios a través de la provisión de mi esposo, entendiendo que la sumisión, no es una obediencia ciega, sino una cooperación consciente y amorosa, buscando la voluntad de Dios en cada decisión. Una actitud voluntaria que nace del amor y el respeto hacia el esposo”.

Es un atributo del Señor Jesús

Entonces se separó de ellos a una buena distancia] se arrodilló y empezó a orar: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya”. Lucas 22 41-42.  Esta singularidad, debería formar parte en la vida de todos sus seguidores. “Los escritores del Nuevo testamento también hacen eso. Nunca hablan del sometimiento sin antes hablar de Jesús, y en particular de la cruz. La versión de la sumisión de Jesús lleva a meditar, es considerada fuerte, objetiva y de sacrificio. Involucra el abrazo total y decidido a la voluntad Su Padre (que maneja todo lo que Jesús hace) y la entrega voluntaria de su vida para rescatar a un mundo perdido. Tal sujeción es redentora, como así también es el evangelio. Es una manera de mostrar al Jesús al mundo”, afirma Carolyn Custis James.  

Ayuda, honra mutua y amor

Para Paul Tillich, teólogo luterano protestante, de los más influyentes del siglo XX: El cristianismo es: “Un lifestyle” (o estilo de vida).” Una forma integral de ser y de vivir, que abarca y transforma todas las dimensiones del ser humano, la moral, la cognitiva, la estética y la sensible”. Los esposos y las esposas no pueden quedar excluidos de esta forma de vida revolucionaria de vivir en amor y honra mutua.

“Para las Sagradas Escrituras, el hombre y la mujer, se tienen que complementar, someterse el uno al otro a las obligaciones de esta vida, respetando el natural reparto que Dios le dio a cada uno de los sexos, sin interferencias. Pero no hay tal cosa como que el uno manda olímpicamente y el otro obedece con sumisión. Cónyuge significa el que comparte el yugo, como en las yuntas de bueyes. Los esposos se tienen que ayudar y su autoridad sobre los hijos es compartida”, puntualiza Silva-Silva.

Por: Hilda Cristina López – forjatalentos@gmail.com

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