Pan de fatigas

por Revista Hechos&Crónicas
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En vano madrugan ustedes y acuestan muy tarde para comer un pan de fatigas, porque Dios lo da a sus amados mientras duermen. Salmo 127:2.

Martina se dejó caer sobre la cama después de una de 14 horas de trabajo. Laboraba más que cualquiera en su oficina. Sentía que tenía que hacerlo. Después de todo, era la persona más joven de la empresa. Pensaba que tenía que demostrar su valor. Pero también amaba el dinero y las atenciones que el éxito en la empresa le daban”. (Biblia de Estudio Misionera, NVI).

¿Cuántas veces te has acostado agotado, fatigado por el estrés y la sobre carga en el trabajo, igual que Martina? ¿Te has despertado a la madrugada sintiendo que las exigencias son mayores que los resultados? ¿O constantemente piensas que todo el esfuerzo que haces es inútil?

Fenómeno laboral

Estos sentimientos y emociones, metafóricamente, se relacionan con el burnout (síndrome del trabajador quemado), los dos representan un estado de agotamiento extremo donde los recursos físicos, emocionales y espirituales parecen reducirse al mínimo para poder sobrevivir.

Este término “burnout” fue descrito por primera vez en 1974 por el psicoanalista Herbert Freudenberger, destacado psicólogo clínico estadounidense de origen alemán, quien: “Observó en una clínica para toxicómanos en Nueva York cómo la mayoría de los voluntarios tenía una pérdida de energía progresiva hasta llegar al agotamiento”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS): “Reconoce el síndrome de burnout (o desgaste profesional) como un fenómeno ocupacional. Lo jerarquiza en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Establece que se caracteriza por tres dimensiones:

  • Agotamiento extremo: Sensación de falta de energía o agotamiento físico y mental.
  • Distanciamiento y cinismo: Mayor distanciamiento mental con respecto al trabajo, o sentimientos de negativismo y cinismo relacionados con el entorno laboral.
  • Disminución del desempeño: Una reducción de la eficacia profesional”.

Emermédica, empresa pionera en Colombia especializada en atención médica domiciliaria y prehospitalaria de urgencias y emergencias, en su artículo: Me da ansiedad ir a trabajar: “Cómo el burnout se volvió parte de la vida laboral en Colombia”, explica cómo la presión constante, los horarios extensos y la incapacidad para desconectarse están llevando al agotamiento emocional en miles de trabajadores.

Actualmente, el país atraviesa una crisis silenciosa relacionada con la salud mental laboral. Según un estudio reciente de Gallup, citado por el diario El Colombiano, el 48 % de los trabajadores colombianos presenta síntomas claros de burnout: agotamiento, pérdida de interés por su trabajo y baja motivación para iniciar el día.

Otras investigaciones revelan datos igual de alarmantes

La encuesta de MiCVideal y WorkQ (2025) reportó que: El 88 % de los empleados se sienten “quemados” o sin energía.

El 20 % piensa en renunciar todos los días.

El 90 % ha hecho “rage applying”, postulándose masivamente a otros trabajos por frustración.

En paralelo, el Ministerio de Salud ha advertido que el 66,3 % de los colombianos ha enfrentado algún problema de salud mental en los últimos dos años, siendo el entorno laboral uno de los factores principales.

Factores determinantes

Las causas en Colombia no son individuales, sino estructurales. Entre los factores más comunes están:

Jornadas laborales extensas: Colombia es uno de los países con más horas trabajadas al año, superando las 2.400 horas según datos de la OCDE.

Sobrecarga de tareas y ambigüedad en funciones: Muchos empleados no tienen claridad sobre sus roles, lo que aumenta la ansiedad. Disponibilidad digital permanente: la cultura del “estar siempre conectado” borra los límites entre trabajo y vida personal.

Liderazgos autoritarios o ausentes: Jefes que no promueven la comunicación o que ignoran los síntomas emocionales de sus equipos.

Ambientes laborales tóxicos o inestables: Como en el sector salud con contratos temporales (OPS) que generan inseguridad y agotamiento. En conjunto, generan una presión constante que va deteriorando la salud de los trabajadores, física y emocionalmente”.

Creencias erróneas

Si nos remontamos al Génisis, el origen de la fatiga humana, el trabajo arduo y agotador vienen como una consecuencia directa de la caída del ser humano en el Edén, Al hombre dijo: Por cuanto hiciste caso a tu esposa y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldito será el suelo por tu culpa! Con sufrimiento comerás de él todos los días de tu vida.  La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado porque polvo eres y al polvo volverás. Génesis 3: 17-19.

Por otro lado, el reverendo Darío Silva-Silva, en su libro Las Llaves de Poder, escribe lo siguiente sobre lo sucedido en el Edén: “Aun antes de crear al hombre, Dios ya tenía diseñado que su criatura trabajara la tierra. Por lo tanto, el trabajo no es el resultado de algo malo que el hombre hizo, sino que Dios ya había pensado, planificado y diseñado que hubiera hombre sobre la tierra para que la laborara, para que trabajara en ella”.

El trabajo, bendición divina

Y es el mismo reverendo Darío Silva-Silva quien señala: “Antes del pecado, el trabajo era deleitoso y agradable; después ya no sería así: Habría que ganar el pan con el sudor de la frente. Antes el hombre no sudaba, la tierra era paradisiaca y no estaba bajo maldición, como pasó a estarlo después del pecado. ¡Ah, claro! Pero sí uno dice que el trabajo es una bendición, no faltará el fariseo arrinconado que se incorpore para proclamar: “Por eso hay que trabajar hasta reventarse”. Para este sujeto todo tiene que ser blanco o negro, sin tonos grises”.

Dios nos llama a trabajar, pero no hay que hacer de este una carga física, ni emocional. Quiere que tengamos una vida equilibrada de trabajo, descanso y tiempo con la familia y amigos. El pan de fatigas cuesta un precio muy alto, pérdida del entorno familiar, la salud y lo más importante, la intimidad con Dios.

Por: Hilda Cristina López – forjatalentos@gmail.com
Foto: Jon Tyson (Unsplash) y Rawpixel

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