La impunidad duele más que la herida

por María Isabel Jaramillo
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La violencia contra la mujer, en especial la sexual, alcanza el 98 % de impunidad. 

“¿Cómo borrar marcas tan dolorosas del cuerpo y del corazón? ¿Cómo seguir viviendo cuando el motivo de vivir ya no es el mismo?” Este era el estado en Facebook de mi amiga Kathy. No debíamos ser genios para entender que algo pasaba. La contacté con preocupación, lista para cualquier respuesta menos para la que recibí: “el tipo con el que estaba saliendo me violó”.

Quedé fría, no sabía qué decir o cómo ayudarla. No pensé que algo tan horrendo pudiera pasarle a una persona cercana. La insté a buscar ayuda, pero sobre todo, a entregarle su dolor a Dios, que todo lo puede sanar. Comenzamos una serie de conversaciones diarias, donde primaba la oración, que según ella, la llenaba de paz.

Después de un tiempo me contó lo sucedido: “Salimos a bailar y tomamos. Él me gustaba mucho, por eso era muy coqueta, pero cuando me llevó a mi casa estábamos mal. Comenzó a besarme bruscamente, yo lo sentí muy raro y le dije que no, que ya no quería, que se fuera. Dijo que yo lo había ‘calentado’ y que tenía que complacerlo. Me tomó por la fuerza, me pegó y me violó. Hizo cosas horribles con mi cuerpo hasta que se quedó dormido”.

Pero lo peor no había pasado. Kathy denunció la violación, pero aún debía enfrentar una serie de tropiezos. La cuestionaron por haberse bañado, por haber dejado pasar unas horas después de los hechos, por haber salido con el sujeto e incluso, por haberlo provocado. El hombre está libre y mi amiga sigue lidiando con el dolor y la humillación.

Ese es el triste panorama que, según la ONU, enfrenta una de cada tres mujeres en el mundo. 308 casos por día en Colombia. No solamente pasar por la aberración de que sus cuerpos sean abusados, sino por la humillación de ser luego señaladas por la sociedad e, incluso, culpadas de haber propiciado los hechos.

La sociedad es tan machista que la violencia sexual contra las mujeres ha alcanzado niveles inimaginables de impunidad. Según Amnistía Internacional, 98 % de los casos quedan completamente impunes.

En Colombia, además de ser un asunto cotidiano en la ciudad, la violencia sexual es un acto en medio de la guerra. Según el Partido Verde, en las últimas décadas, más de 400 mil mujeres han sido abusadas sexualmente en el marco del conflicto armado. Según el estudio ‘Primera encuesta de prevalencia de la violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado’, realizado en 407 municipios colombianos. 489.687 mujeres declararon haber sido víctimas de violencia sexual. 74.698 de ellas responsabilizaron a actores ilegales (guerrillas y paramilitares), y 21.036 a la fuerza pública.

Ante esto, en de junio de 2014, el entonces presidente Juan Manuel Santos sancionó una ley que garantiza el acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual con ocasión del conflicto armado, tomando este delito como de lesa humanidad (no prescribe en el tiempo para ser sancionado), de esta manera, la justicia se ve obligada a investigar y castigar a los victimarios, protegiendo de manera especial a las mujeres y a los menores que se encuentren en zonas de conflicto.

El abuso sexual es uno de los actos más humillantes y deplorables contra la dignidad humana, pero es tristemente común. Para que esto cambie, no basta con promulgar nuevas leyes, sino que hay que cambiar la mentalidad de que el cuerpo de la mujer es el mero objeto del deseo, y eso comienza desde casa. Todos podemos poner nuestro granito de arena.  

El caso Jineth Bedoya

Durante el año 2000, la periodista Jineth Bedoya, de 26 años, investigaba audazmente una historia sobre el tráfico de armas en la que se salpicaban altos mandos de la Policía y el paramilitarismo. Fue citada en la cárcel La Modelo de Bogotá por uno de los presos, bajo la promesa de conseguir información. Pero antes de ingresar a la prisión, tres hombres la metieron a un vehículo y durante 16 horas la torturaron y violaron brutalmente. Este feroz secuestro era una manera de apagar su voz por los grandes descubrimientos que la periodista había logrado. Sin embargo, los agresores lejos estaban de saber que Jineth Bedoya jamás se quedaría callada.

Además de denunciar y visibilizar su caso, Bedoya sacó fuerzas de donde no tenía y comenzó una incansable lucha en defensa de las mujeres con su campaña «No es Hora de Callar» que ha conseguido, entre otras cosas, la creación de una política de Estado para prevenir y atender la violencia contra mujeres periodistas y comunicadoras, el establecimiento del Fondo «No es Hora de Callar» con recursos ordenados por la Corte Interamericana, y el reconocimiento de su lucha a través de múltiples premios internacionales como la Pluma de Oro de la Libertad y el Premio Mundial de la Libertad de Prensa Unesco-Guillermo Cano 2020.

Han pasado 25 años desde su secuestro y las amenazas contra su vida continúan. Su caso sigue en completa impunidad a pesar de haberse catalogado como ‘de lesa humanidad’, pero ella continúa su valerosa campaña en contra de la violencia hacia las mujeres.

En abril de 2025, Bedoya anunció en rueda de prensa su desistimiento del proceso judicial como un acto simbólico que deja constancia, ante la comunidad internacional, de la impunidad que rodea su caso. A pesar de ello, su decisión no es una exoneración de las obligaciones del Estado. Hechos&Crónicas habló en exclusiva con la periodista sobre su campaña «No es Hora de Callar».

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Hechos&Crónicas: ¿En qué consiste «No es Hora de Callar»?

Jineth Bedoya: «No es Hora de Callar» es una campaña que nace en medio de este sobrevivir después de un secuestro que ocurrió hace 25 años, y hace 16, cuando yo decido hablar públicamente de lo que me ocurrió, del secuestro, tortura y violación del que fui víctima, nace la frase #NoEsHoradeCallar. Es una invitación a las mujeres a que denuncien cualquier tipo de violencia del que sean víctimas. No es una fundación, ni es una gran entidad, es una campaña, un voz a voz.

H&C: ¿Qué se ha logrado con esa campaña?

Muchísimas cosas. Lo primero, empezar a generar conciencia, pero además, creo que parte del «No es Hora de Callar» incidió para que por fin en Colombia, en el plan de gobierno, hubiera un espacio para el tema de violencia contra las mujeres. «No es Hora de Callar» logró que se hiciera un protocolo de violencia sexual al interior de las Fuerzas Armadas, logró posicionar el tema en el Parlamento Europeo, en el Parlamento Británico, en el congreso de Estados Unidos, en la Casa Blanca. «No es Hora de Callar» ha logrado que miles de mujeres se acerquen y denuncien, pero sobre todo que entiendan que el valor de la vida está en ellas mismas y no en las manos de un irresponsable.

H&C: Desde el momento de la denuncia hasta hoy, ¿qué avances has visto en materia de justicia?

En mi caso no ha pasado nada y sigue en la impunidad. Pero a nivel general, lo que yo siento es que, sin lugar a duda, cuando uno visibiliza un caso y cuando le pone toda la presión y lo pone en el ojo del huracán, la justicia actúa con mayor celeridad. Mi caso es particular, porque en él hay involucradas gentes muy poderosas de este país y no creo que ni un fiscal ni un juez se le mida a condenarlos. He renunciado a la búsqueda de justicia terrenal.

H&C: Su labor es impresionante, ¿de dónde sale tanta valentía?

Yo creo que en el querer vivir. Todos los días me levanto pensando ¿qué voy a hacer hoy para vivir? Y lo digo porque yo estoy amenazada todavía, debo movilizarme con un esquema de seguridad muy fuerte, pero sobre todo tengo que cargar con el dolor de haber sido víctima, de ser sobreviviente, pero además de ser re-victimizada muchas veces por la impunidad, por la falta de justicia, por los casos de otras mujeres que siguen padeciendo lo mismo que yo padecí y no sé si es valentía o valor, pero son ganas de vivir. Además, soy una persona muy creyente, Dios es el eje de mi vida, todos los días hablo con Él. Creo que la vida de la gente se mueve por la fe y mi fe es inmensa, infinitamente inmensa.

H&C: ¿Esa experiencia cambió su manera de hacer periodismo?

Totalmente. El periodismo que hacía antes de mi secuestro era diferente al que hago ahora. Creo que cuando uno logra encontrar fortaleza para seguir en un ser superior como es Dios, se vuelve mejor ser humano y cuando uno es mejor ser humano sin lugar a dudas es mejor periodista.

H&C: ¿Cómo puede contribuir una persona del común a la lucha en defensa de los derechos de la mujer?

Es muy simple, pero fundamental, y es empezar por la propia casa. Cuando nosotros vemos el caso de Natalia Ponce en televisión, desfigurada por ácido, o el de Rosa Elvira Cely, asesinada después de haber sido violada y empalada, o el caso de Vivian Urrego, asesinada de 47 puñaladas en un centro comercial, creemos que eso se queda ahí, en la televisión y eso puede pasar en nuestra casa. Te puede pasar a ti, le puede pasar a tu hermana o a tu hija o a tu mamá.

El trabajo tiene que empezar por mí, hablando con las mujeres de mi casa, haciéndoles entender que mi cuerpo es mío, que yo decido sobre él. Que cuando digo sí es porque quiero y cuando digo no es porque no quiero y eso lo tienen que respetar. Hay que generar conciencia de que no podemos permitir la violencia de ningún tipo. Violencia no es solamente la violación o el golpe, violencia es que un compañero de oficina te grite o que en la calle te digan palabras soeces.

Las campañas no son para quienes tenemos visibilidad, sino para cada uno de los rincones de la sociedad. Ahí entra «No es Hora de Callar». Nosotras no nos podemos silenciar frente a ningún tipo de violencia. Así amemos perdidamente, porque a veces creemos que amar es tolerar que nos violenten de cualquier forma. Eso no es amor. El amor que Dios nos ha enseñado es muy diferente a eso. El amor no es callar ni ocultar.

H&C: ¿Cómo lograr un cambio en un país como Colombia que todavía es tan machista?

Pues yo siento que he logrado generar cambios. Así, hablando. El poder de la palabra es más grande que cualquier otra cosa, enaltece, hunde o cambia el mundo. «No es Hora de Callar» logró una campaña con los futbolistas de la Dimayor y de la Selección Colombia, para hacerle un llamado a los hombres a que entiendan que la violencia contra las mujeres no es un tema exclusivo de mujeres. Yo siento que cuando a un futbolista de estos tú logras arrancarle una lágrima diciéndole: “lo que le pasó a mi cuerpo le puede pasar al cuerpo de su hija” y él acepta y decide enviar un mensaje a sus seguidores, eso es generar cambios y conciencia. El trabajo es larguísimo, nos falta mucho, tal vez yo no alcanzaré a ver el cambio, pero yo siento que sembrar la semilla, que generar eso, ya es empezar a cambiar.

¿Qué dice la Biblia?

El libro sagrado por supuesto, no es ajeno a esta problemática. En Deuteronomio 22:25-27 se encuentra una narración clara de cómo se debe proceder frente a un acto de violencia sexual: Pero si un hombre se encuentra en el campo con una joven comprometida para casarse, y la viola, sólo morirá el hombre que forzó a la joven a acostarse con él.  A ella no le harás nada, pues ella no cometió ningún pecado que merezca la muerte. Este caso es como el de quien ataca y mata a su prójimo: el hombre encontró a la joven en el campo y, aunque ella hubiera gritado, no habría habido quien la rescatara.

No importa si las leyes han cambiado desde los tiempos bíblicos, una violación es y será siempre un acto condenable y tan doloroso, que solo Dios puede sanar sus heridas. El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido. Salmo 34:18. Es Él quien consuela y brinda justicia. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Mateo 5:4.  

Cifras

– En el primer semestre de 2025 se reportaron 427 feminicidios en Colombia.

– En lo que va del año 2025, se han registrado 501 mujeres asesinadas por razones de género. 78 % de esos casos permanece en impunidad.

– 1 de cada 3 mujeres ha sido víctima de violencia sexual, según la ONU.

– Hasta el 8 de junio de 2024, el Instituto Nacional de Salud (INS) reportó 66 621 casos de violencia de género; de ese total, el 75,6 % (50 374) fueron contra mujeres. En el mismo periodo, se documentaron 13.973 casos de violencia sexual contra mujeres.

– Entre enero y junio del 2025, se han presentado más de 17 mil casos de violencia intrafamiliar contra mujeres, 28 % más que en el mismo periodo de 2024. En promedio cada hora 4 mujeres son víctimas de violencia intrafamiliar. Solo en Bogotá.

– A septiembre de 2024 se registraron 16.797 exámenes medicolegales realizados por presunto delito sexual, con el 88 % de las víctimas siendo mujeres.

– 944 casos de violencia sexual se reportaron a octubre de 2024, 48.018 casos de violencia física y 11.782 casos de violencia psicológica contra mujeres, reflejando la diversidad de formas que adopta esta violencia. Igualmente, se refirió al acoso sexual y laboral, con 2.562 casos reportados para el mismo periodo, según el Instituto Nacional de Salud.

– En 2023, un promedio diario de 99 mujeres fueron víctimas de violencia sexual en Colombia, de las cuales cerca de 65 eran niñas de entre 0 y 14 años. Entre 2022 y 2023, las tasas de mujeres víctimas de violencia no letal en Colombia aumentaron un 11 %, pasando de 274 a 308 casos por día.

– 702 mujeres fueron víctimas de delitos contra la libertad y la integridad sexual en desarrollo del conflicto armado, lo que equivale al 81,9 % del total de víctimas, denunció la organización Sisma Mujer. 

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com
Fotos: Cortesía Diario El Tiempo. 

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