Enséñales con el ejemplo a disfrutar la vida que Dios nos dio.
“Al crecer, nunca conocí a una mujer relajada. ¿Mujeres exitosas? Sí. ¿Mujeres productivas? Muchas. ¿Mujeres ansiosas, temerosas y que piden disculpas por todo? Montones. Pero ¿mujeres relajadas? ¿Mujeres en paz consigo mismas? ¿Mujeres que no temen ocupar su lugar en el mundo? ¿Mujeres que priorizan el descanso, el placer y el juego? ¿Mujeres que se dan a sí mismas permiso incondicional para relajarse, sin culpa, sin disculparse, sin sentir que tienen que ganárselo? No estoy segura de haber conocido alguna vez a una mujer así. Pero me gustaría convertirme en una. Me gustaría que todas pudiéramos serlo”.
Este es un extracto del libro “The Relaxed Woman”, de Nicola Jane Hobbs, una psicóloga británica y madre, especializada en el impacto del estrés y la falta de descanso en el bienestar femenino. Y en esto, la autora tiene razón. No es común ver mujeres relajadas, descansando… Y mucho menos si son madres.
Una madre, aún en vacaciones, en su día libre, sigue funcionando en pro de su familia. Se asegura de que todo marche y que cada uno tenga lo que necesita: Tareas, atención y amor. Es una capacidad extra que Dios dio a las mujeres que les permite ser multitarea y mantener la calidez de cualquier lugar al que lleguen. Sin embargo, el mandato de descanso también es para las mamás.
Y no solo eso, es fundamental que sea algo consciente y visible para los hijos. Un ejemplo del que puedan aprender para sus propias vidas. “Es tan importante la rutina como la falta de planes. Tan valioso el amor y la contención como la humildad de cometer errores y ofrecer disculpas. Tan robusta la iniciativa como la quietud. Tan bonitas las palabras como los silencios. Tan responsable hacer como no hacer. Tan certero guiar como soltar el control. Tan imperioso tener la casa en orden como no tenerla. Somos tantas cosas, todas tan importantes. Pero si algo es vital, es saber que merecemos el descanso, que no valemos menos por permitirlo.
Muchos crecimos en culturas hiperproductivas donde descansar parecía casi un lujo o, peor aún, una señal de debilidad. Sin embargo, quizá una de las enseñanzas más importantes que podemos dejar a nuestros hijos es precisamente esta: que el valor de una persona no depende de lo ocupada que esté. Porque nuestros hijos no solo escuchan lo que decimos. Sobre todo, observan cómo vivimos”, asegura Ana María Franco, abogada y especialista en crianza consciente, quien además cuenta con un blog para padres.
El agotamiento que muchas mujeres cargan
Las cifras son claras y nos muestran que el cansancio de las mamás no es una sensación individual, sino una realidad de miles o millones que se encuentra ampliamente documentada. Un informe global de la organización Deloitte, que encuestó a más de 5 mil mujeres en diez países, encontró que 46 % de las mujeres se sienten agotadas o experimentan síntomas de burnout. Más de la mitad dijo que su nivel de estrés había aumentado en el último año.
A esto se suma la llamada “carga mental”, ese trabajo invisible de planificar, recordar, anticipar y sostener emocionalmente la vida familiar. Diversos estudios sobre dinámica familiar muestran que las mujeres suelen asumir la mayor parte de la organización doméstica y del cuidado de los hijos, incluso cuando ambos padres trabajan fuera de casa. No es extraño, entonces, que muchas madres vivan con la sensación de que siempre falta algo por hacer. Aparece entonces una pregunta incómoda pero absolutamente necesaria: ¿Qué aprenden nuestros hijos cuando nos ven siempre agotadas?
Tal vez aprenden que la vida adulta es cansada porque consiste en correr sin detenerse y que el valor de un ser humano se demuestra según su nivel de cansancio. Pueden aprender también que descansar es un privilegio que hay que ganarse, aunque sea una instrucción directa de parte de Dios. Y, definitivamente, ese no es el legado que una madre quiere dejar.
La sabiduría del descanso bíblico
Curiosamente, la Biblia habla del descanso mucho más de lo que acostumbramos recordar, como si, de alguna manera, bloqueáramos la importancia del descanso en nuestras vidas.
Desde el inicio de la creación, Dios establece un ritmo natural y perfecto que incluye una pausa para funcionar. Y en el séptimo día Dios había terminado la obra que había emprendido, y descansó de toda su labor. Génesis 2:2.
Dios mismo, que no se cansa, eligió descansar. No por necesidad, sino para establecer un patrón para la humanidad.
Más adelante, ese descanso se convierte en mandamiento: Seis días trabajarás y harás toda tu labor, pero el séptimo día será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. Éxodo 20:9–10.
El descanso no es negligencia. Es obediencia. Es reconocer que nuestra vida no se sostiene solo por nuestro esfuerzo, sino que dependemos de Dios el día que paramos para que supla nuestras necesidades y alimente nuestro espíritu.
Jesús mismo invitó a sus discípulos a detenerse cuando estaban exhaustos: Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco. Marcos 6:31. El descanso es parte de la vida espiritual saludable.

Lo que los hijos aprenden cuando ven a sus madres descansar
Cuando una mamá se permite descansar, no solo recupera energía. También está enseñando. Los hijos aprenden que:
- El cuerpo merece cuidado.
- La vida no es solo productividad.
- La paz interior es valiosa.
- Parar también es una forma de responsabilidad.
Además, cuando los adultos descansan, suelen ser más pacientes, más presentes y más capaces de responder con amor. Por eso es bueno analizar qué tanto de nuestros conflictos familiares se deben simplemente a la falta de descanso.
Proverbios lo expresa con mucha sabiduría: En paz me acuesto y me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado. Salmo 4:8. El descanso también es una manera de demostrar nuestra fe y nuestra confianza en Dios.
El nuevo lujo
En medio de nuestra cultura, que se centra en glorificar las agendas llenas, frases como “no tengo tiempo”, “estoy full”, “no me queda ni un minuto”, “estoy llevado” como si se tratara de algo muy positivo; el verdadero lujo no son posesiones, ni herencias materiales, sino algo muy diferente: tener tiempo para disfrutar la vida que Dios nos dio.
Por eso, si quieres dejar a tus hijos una herencia que vaya más allá, que enseñe a tus hijos a glorificar a Dios y a depender de Él, deja que te vean descansar. Siéntate en un sofá sin culpa, deja que te vean disfrutar un día sin panes para que aprendan que la responsabilidad también incluye parar. Así les mostrarás algo profundamente liberador: que su valor no depende de cuánto hagan, sino de quiénes son. Y ese es un legado que vale más que cualquier agenda llena.

