Fenómenos tóxicos que afronta la iglesia cristiana

por Revista Hechos&Crónicas

Cerrar ojos y oídos a las expresiones culturales que la circundan ha hecho de la iglesia evangélica un jugador de fútbol en permanente off side, con un récord de goles anulados.


Además, su ignorancia de la niebla tóxica ambiental, hace que la respire y se intoxique con ella sin darse cuenta. Quienes no nacimos dentro de la nube de gracia sino llegamos a ella desde afuera, percibimos cosas que pasan inadvertidas a los evangélicos nativos; y es nuestra obligación dar a conocer tales observaciones, con la humilde esperanza de que haya buena voluntad en quienes las reciben.

Gran parte de los fenómenos que hoy afronta la iglesia cristiana procede de una incomprensión sobre las relaciones  entre el cristianismo y la cultura.

  • El sobrenaturalismo, en el cual forman mayoritariamente gentes supersticiosas, menosprecia lo cultural.
  • El naturalismo, integrado sobre todo por materialistas, lo sobrevalora. Valdría la pena, colocar las cosas en su sitio adecuado. Veamos:
  • El cristianismo no es cultural. Pretender que la fe forma parte de la cultura es una negación de la trascendencia divina sobre el acontecer humano.
  • El cristianismo no es anticultural. Sostener que la fe contradice a la cultura, debe atacarla o menospreciar la, es invalidar la eficacia del cristianismo para encauzar la sociedad.
  • El cristianismo no es transcultural. Transculturización es mestizaje. O sincretismo, si se prefiere esta palabra. Es lo que ha hecho el catolicismo romano al introducir ornamentos, liturgias y creencias paganas en su sistema. Es el camino que empiezan a tomar algunos grupos derivados de la Reforma. La Biblia dice en 2 Corintios 6:14-16a: No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Ahondemos un poco en este tema. Jamás hay que confundir diversidad con sincretismo. Lo diverso es armónico, lo sincrético es desarticulado. La iglesia protestante es diversidad; la católica romana, sincretismo.

El cristianismo es diversidad, la Nueva Era es sincretismo. Los etcéteras son interminables. El sincretismo se manifiesta en el politeísmo; la diversidad, en la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo son Uno en esencia, pero son Tres en subsistencia. Yo soy uno y diverso: mi espíritu, mi alma y mi cuerpo se diferencian entre sí, pero forman un solo hombre integral e indivisible en mí mismo.

¿Cómo mantener la unidad si se permite la diversidad?  Hace siglos, Agustín de Hipona ideó una fórmula de oro: En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad, y en todas las cosas, caridad.

El cristianismo no es acultural

Predicar la indiferencia de la fe frente a la cultura es invalidar la responsabilidad cristiana para producir cambios sociales. Es indispensable hacer una lectura cristiana de la realidad pagana, como la teología moderna lo propuso hace más de un siglo.

Por: Rev. Darío Silva – Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Freepik  (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

 

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