El hombre que al final terminó dirigiendo la iglesia de los primeros discípulos, comenzó negando que era un discípulo de Jesús.
Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos. Lucas 22:32.
Quiero compartir con ustedes una reflexión de la Palabra de Dios para nosotros hoy. En Lucas 22:32, el Señor Jesús le asegura a Pedro que oró por él para que la fe de él no falle, y lo mismo hace por nosotros. Dios quiere que hagamos su voluntad, pero realmente nunca vamos a llegar a la madurez espiritual como para hacer que Satanás no exista.
¿Cómo? Quizás no me hayas entendido de esto. La madurez espiritual viene aún en medio de la confrontación con Satanás. Podemos vencerlo, pero no eliminarlo, él está ahí.
Fíjate lo que le pasó a Pedro. Pedro tenía una sola velocidad: ¡a toda máquina! Siempre estaba en medio de la acción, pero no siempre estaba en control. El hombre que al final terminó dirigiendo la iglesia de los primeros discípulos, comenzó negando que era un discípulo de Jesús.
Es sorprendente, ¿no? A nosotros nos sorprenden las acciones de Pedro, pero a Dios no. Nada sobre nosotros le sorprende a Dios. Él no nos llama porque seamos perfectos, no nos dice: “espero que seas la persona correcta”. Jesús le dijo a Pedro, Satanás ha pedido zarandearte como si fueras trigo, pero yo he orado por ti para que tu fe no falle. ¡Wow!
¿No te parece una revelación increíble, una seguridad extraordinaria? Que aunque no sepamos orar por nosotros mismos, Jesús esté orando por nosotros ahora.
Dice la Palabra de Dios en Hebreos 7:25 que Dios vive, Jesús vive siempre intercediendo por nosotros. ¡Siempre! Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos.
Jesús le dice a Pedro: cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos. Y esta no es una petición menor.
Querido hermano, querida hermana, quizás hoy estés viviendo un lío en tu vida y te sientas abrumado, agotado. Tal vez sientas que es más de lo que puedes soportar.
Bueno, quiero darte esta seguridad, del lío en el que estás metido hoy puede surgir un gran ministerio para bendecir a otros. Dios no solo puede cambiar tu vida, sino que también, además de esto, puede usarte para transformar la vida en otras personas.
Dios es paciente. Él va a seguir trabajando conmigo, contigo.
Él nos va a demostrar su gracia y su bondad, de manera en que empecemos a confiar en Él otra vez. Dios es exaltador de los sueños y no solo los da, Él los resucita y nos empodera para cumplirlos.
Y algo más, Dios no piensa que vale la pena zarandearte a menos de que Él pueda usar eso para el bien de otros. Zarandear es un método de purificación, de filtrar los desechos, de refinar lo que queda. Eso significa que tenía que haber algo que valiera la pena en ti desde el comienzo.
Nada en Dios es en vano, nada es perdido pues Él tiene siempre un propósito, aunque las zarandeadas parezcan demasiado duras.
Dios te está llamando, no te pierdas el momento, comienza a hacer lo que Dios te pida.

