Opinión: El secreto de Jeremías en medio de la tribulación

por Revista Hechos&Crónicas
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El libro de Lamentaciones es una escritura amarga, poética y profundamente espiritual.

¿Qué sucedió? Jeremías vio cumplido todo lo que profetizó. Los ejércitos de Nabucodonosor vinieron como langosta bélica. La ciudad de Jerusalén está desolada, no ha quedado en ella piedra sobre piedra. El templo destruido; los edificios gubernamentales, incendiados; la gente llevada cautiva a Babilonia.

En Jerusalén hay hedor, pues los babilonios incluso masacraron a niños recién nacidos pasándolos a filo de espada. Cosa terrible el juicio de Dios sobre la ciudad. Allí está Jeremías en medio de esta caótica situación, y ¿qué dice? Bueno es esperar calladamente a que el Señor venga a salvarnos. Lamentaciones 3:26.

En medio de tanto dolor, el profeta Jeremías observa que su palabra se ha cumplido. Él hizo el trabajo de Dios, pero está muy triste, lamentándose. Por eso su libro es terrible. No obstante, la columna vertebral de Lamentaciones dice: «Es bueno esperar en silencio». Ese es su secreto. (Leer Lamentaciones 3:1-18).

Él reclama, él se angustia, él increpa a Dios. Jeremías tiene un corazón sincero, y no le va a decir mentiras al Señor, sino que le expondrá la situación tal como es. Con todo, guardará silencio para esperar en él. ¡Déjenlo estar solo y en silencio…! Vers. 28a. Que se siente solo y calle en medio de la tribulación y de la prueba. Y lo que añade ¿qué es? ¡ …porque así el Señor se lo impuso! Vers. 28 b. Los atribulados tienen la pésima costumbre de hablar mucho, pero lo que enseña la Biblia es, que, en medio de la tribulación, usemos la llave del silencio y esperemos en Él. La soledad y el silencio son hermanos gemelos. Cuando nos acosan, nos sitian, nos persiguen, debemos protagonizar, digamos, «El silencio de los inocentes».

Algunos atribulados reaccionan con altivez, pésimo remedio para salir de los males. Lo que debemos practicar, es precisamente, resistencia pasiva. La gente se maravilla de que Mahatma Gandhi expulsara a los ingleses de la India sin disparar un solo tiro. ¿Cómo lo hizo? Precisamente cuando a Mahatma le hacen esa pregunta, no afirma: «A través del hinduismo, la meditación trascendental, el budismo, el brahmanismo», o alguno de todos esos «ismos» extravagantes que para lo único que han servido es para convertir a los países en superpotencia de la miseria, donde los niños mueren, famélicos, de inanición, ante la indiferencia general, debajo de las ubres de las vacas sagradas, entre montones de basura roídos por grandes ratas.

¿Qué respondió Gandhi? Yo aprendí la resistencia pasiva en el Sermón del Monte, de Jesús de Nazaret. Pero no se alegren, porque hay una factura que el Señor nos pasará a todos los cristianos, si es que no empezamos a entender bien las cosas espirituales. Cuando a Mahatma se le preguntó: «Y ¿por qué usted no se matriculó en una iglesia cristiana? ¿Por qué no figura como un cristiano nominal?» Respondió algo terrible, espantoso, por lo cual el Padre celestial nos reclamará a los creyentes: «Nunca me hice cristiano, porque los cristianos no practican el Sermón del Monte, de Jesús de  Nazaret». La gente de esta época no se da cuenta de que la resistencia pasiva es más dinámica y produce mejores efectos que la resistencia activa, porque cuando callas, Dios habla por ti. Por lo tanto, no se trata de callar lo que hay que decir, se trata de no decir lo que hay que callar.

Por: Rev. Darío Silva-Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.
Foto: Jeremías en las ruinas de Jerusalén (1844) Museo de Ámsterdam // Rollo del libro de Jeremías – Christian Heritage Foundation of Cleburne

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