La salvación no es hereditaria

Por Revista Hechos&Crónicas

Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio. 2 Timoteo 4:4-5.

En este versículo encontramos el encargo que Pablo le da al joven Timoteo frente a la realidad que se iba a vivir en la iglesia. Situación que hoy cobra mayor relevancia en nuestros tiempos.

Los niños enfrentan hoy un mundo donde reciben demasiada información y encuentran por todos lados falsos maestros que los conducen a tomar falsos caminos a través de falsas verdades. No podemos pasar por alto que estamos viviendo tiempos donde en teoría se han planteado leyes que buscan protegerlos pero que no son reales y que a la vez destruyen su identidad y su entorno familiar.

Después de la pandemia, enfrentamos grandes problemas de salud mental que han tocado también a la población infantil, y el actual aumento de las estadísticas en el mundo muestra que muchos han caído en ansiedad, depresión, ataques de pánico e ideas suicidas.

Frente a esta realidad, tanto nosotros como padres, los parientes, el colegio y hasta la misma iglesia, tenemos la responsabilidad de unirnos y enfrentar los gigantes en la vida de los niños. Por eso se hace necesario trabajar en equipo y generar espacios para que en los hogares se descubran unos a otros y se revele la verdadera esencia de lo que es ser familia.

Si nosotros logramos sembrar la semilla del evangelio en nuestros niños pequeños antes de los 11 años, conseguiremos que ellos tengan la oportunidad de conocer de Cristo, tomar decisiones sabias y les ahorraremos muchos tropiezos. Sin embargo, no hay que olvidar que la decisión es personal y son ellos los que tendrán que decidir si quieren seguir a Dios o no. Recordemos  que la salvación no es hereditaria.

En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo… 2 Timoteo 4:1.

Por: Germán Bahamón. Diácono de la Iglesia Casa Sobre la Roca y Director del ministerio RocaKids en Bogotá.

Foto: Phil Thep – Unsplash (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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