Cuando tienes una necesidad, Dios te la suple

por Revista Hechos&Crónicas

Cuando fundamos la iglesia, todo fue muy duro. Muchos decían no entender que una «pecadora» como yo podía ser esposa de un pastor. Como varios saben, me casé a los 17 años y medio y las cosas no resultaron. Conocí al Señor muchos años después de que fuera anulado mi matrimonio y conocí a mi actual esposo varios años después de ser cristiana, cuando todo mi pasado había sido cubierto por la sangre del Redentor. Antes de casarnos, Darío y yo consultamos a reconocidas autoridades del evangelio sobre nuestro caso, y todas ellas, sin una sola excepción, encontraron viable que nos casáramos y ejerciéramos el ministerio cristiano. Incluso, el pastor que bendijo nuestra unión, era por entonces el presidente de la Confederación Evangélica de Colombia, que agrupaba a las 100 instituciones cristianas más reconocidas del país. Hubo, sin embargo, algunos pastores criollos que mostraron su desacuerdo, pero ya los he perdonado de todo corazón.

Una vez asistimos a una iglesia donde había una reunión de mujeres; curiosamente, a ninguna señora de nuestra iglesia le dieron la cena del Señor porque estábamos maquilladas y lucíamos algunas joyas. Mujeres tan arregladas no éramos dignas de tomar el cuerpo y la sangre de Jesús. La predicadora central quedó tan impactada con este asunto, que su sermón fue claro y directo: ¡Qué ceguera produce el legalismo! ¡Qué tristeza la falta de amor en las iglesias!

El Espíritu Santo es el que redarguye y convence de pecado. A mí no me importaba que me juzgaran, pues sabía que mi caso iba a servir para que mucha gente llegara a los pies de Cristo, como en efecto ha ocurrido.

En mi infancia aprendí que, mientras uno haga lo bueno, no debe temer a las críticas. Los recuerdos vuelven a mi mente. De niña me impresionaba ver cómo mis tías mandaban a veces a mi casa un sobrecito blanco vacío para que mis padres pusieran dentro un cheque y lo devolvieran. No entendía ese procedimiento, pero finalmente supe que era para suplir a algunas personas necesitadas. Dios bendiga esos tesoros tan grandes, fueron un ejemplo de generosidad para mí.

Cuando hacemos lo que la Palabra de Dios dice, Dios cumple su Palabra en nosotros. Por ejemplo, aunque el terremoto de Armenia destruyó casi toda la ciudad, el templo de Casa Roca local no sufrió sino un rasguño en una pared, y en el hogar de niños no hubo daños.

Queremos mantener una iglesia donde la gente disfrute las bendiciones prometidas en la Biblia. Mucha gente que ha tenido que pasar por el MAS para recibir provisión en sus necesidades, a quienes se les prestó ayuda oportuna, hoy en día son de los que más ofrendan para los pobres. Cuando tienes una necesidad y Dios te la suple, es para que tú puedas más adelante suplir la necesidad de otra persona.

Él es un Dios cariñoso, bueno, y su misericordia es para siempre. Él nunca nos falla, y la vida es bella cuando la vemos a la luz de Cristo, cuando el Espíritu Santo es el que guía nuestros pasos y cuando obedecemos la santa voluntad del Padre, que es buena, agradable y perfecta.

Por: Esther Lucía de Silva – Esposa del pastor Darío Silva-Silva y fundadora de la Fundación MAS (Misericordia, Amor y Servicio).

Foto: Jeremy Perkins – Unsplash (Foto usda bajo licencia Creative Commons) 

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