Unidos y sinceros

por Revista Hechos&Crónicas
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El mayor problema que enfrentamos es la soledad del ‘Llanero Solitario’. Pensamos que solos podemos, que vamos a alcanzar mejores resultados. Experimentamos una sensación de ‘mejor solos que mal acompañados’. Sin embargo, la visión de Dios es otra.


Fuimos creados para la comunión. Somos seres relacionales. Buscamos amigos, queremos agradarles a los demás. Pero ¡qué difícil se nos hace cuando queremos sinergizar en redes ministeriales! Debemos estar dispuestos a ceder posiciones, a sacrificar créditos, a ponernos en el lugar del otro y a pensar en conjunto por el bien común.

Alianzas Estratégicas

Cuenta la historia acerca de un hombre y su hijo en medio de una situación en particular. El muchacho intentaba mover una gran piedra que obstruía el camino, mientras su padre observaba la escena casi fuera de ella. El muchacho ponía mayor énfasis en mover aquella gran roca, pero sus esfuerzos se vieron una y otra vez inútiles al propósito planteado. Finalmente, el muchacho se recostó sobre la piedra para descansar, sudado y dolorido, cuando su padre lo mira fijamente a los ojos y le dice: “hijo, ¡usa toda tu fuerza! No te des por vencido”. El joven mira a su progenitor como desencajado y exclama: ¡Papá! ¿Viste con cuánto esfuerzo intenté mover esta roca?… –casi impotente agregó con énfasis- ¡Usé todas mis fuerzas!

El hombre miró a su hijo y le respondió tiernamente: Aún no me has pedido ayuda.

¿Cuántas veces nos quedamos desahuciados sin pedir ayuda? El trabajo del líder no es jugar al ‘Llanero Solitario’, sino el de fomentar el trabajo en equipo.

¡Vayamos a la historia en la Biblia! Si leemos 2 Samuel 16:15, 17:23 nos encontraremos con David, quien huía de su propio hijo, Absalón. Quizás pueda tomarse como una cruel historia de traición a Absalón por parte de Husay, pero éste relato de espionaje muestra la alianza previa de David y Husay. David tomó una mala decisión y no hizo una alianza saludable con su propio hijo, lo ocurrido da cuenta de ello. Pero fue sabio en rodearse de personas que merecieron su confianza y quienes estaban dispuestos a dar su vida por el rey en circunstancias como aquellas (ver 2 Samuel 15:32-36).

Los líderes efectivos usan toda la fuerza para reconocer, cultivar y hacerse de personas de confianza que los rodean para alcanzar metas mayores. Mientras David, antes del episodio con Absalón, huyó de Saúl ya había tenido muy en claro qué significaba contar con amigos que lo cubrieran. Recordemos a David en la cueva de Adulán, un David que buscó la ayuda de Dios, pero que procuró la ayuda de Moab (1 Samuel 22:1- 5), pero además se le unieron cuatrocientos hombres. ¡Estrategia! ¡Sí! Ese es el secreto de un liderazgo exitoso.

¡Conozcámonos!

El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado. Proverbios 13:20.

Para conocer a una persona nada mejor que pasar tiempo juntos y conocer a los subordinados, a los colegas. En este conocerse se pueden superar diferencias ocultas o visibles, pero sumar a una causa en común como lo es la Iglesia de Jesucristo.

Rodearnos de personas entregadas a Jesús, hace que el propósito de Dios sea cumplido en nosotros y en los otros. Buscar consejeros sabios, aliarse con personas que persigan el mismo objetivo, conocer a los demás, usar bien nuestros recursos y sobretodo encomendarnos a Dios hará que la unión de dos o tres sea el lugar propicio para que el Señor se manifieste.

Al momento de pensar en fomentar alianzas ¡no se limite!… alargue sus cuerdas y refuerce sus estacas porque ¡Usted se extenderá! Como dice Isaías 54:2-3a.

Por: Esteban Fernández. Pastor y presidente del ministerio Nuestra Fortaleza.

Foto: Shane Rounce – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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