Hoy por ti, mañana por mí

Por Revista Hechos&Crónicas

Avancemos algunos siglos en la historia del pueblo de Dios. Los israelitas han cruzado el desierto y están a la puerta de la tierra prometida. Con el fin de inspeccionar a Jericó por dentro, Josué ha enviado a sus espías. Estos llegan a la casa de una mujer bastante conocida en toda la ciudad, llamada doña Rajab.

Cuando el ejército cananeo busca a los espías, ella los esconde en la terraza de su vivienda bajo un forraje para los animales y, cuando ya los que los buscan se han ido, Rajab les dice:

Por lo tanto, les pido ahora mismo que juren en el nombre del Señor que serán bondadosos con mi familia, como yo lo he sido con ustedes. Quiero que me den como garantía una señal de que perdonarán la vida de mis padres, de mis hermanos y de todos los que viven con ellos. ¡Juren que nos salvarán de la muerte! Josué 2:12-13.

Esta mujer entiende bien la causalidad y hace a los israelitas una propuesta, esperando que ellos también dominen el tema, como en efecto ocurre.

— ¡Juramos por nuestra vida que la de ustedes no correrá peligro!

—contestaron ellos—. Si no nos delatas, seremos bondadosos contigo y cumpliremos nuestra promesa cuando el Señor nos entregue este país. (v.14).

Cuando los espías regresan en paz y se encuentran con Josué, el gran líder honra la causalidad al dar estas instrucciones: Jericó, con todo lo que hay en ella, será destinada al exterminio como ofrenda al Señor. Solo se salvarán la prostituta Rajab y los que se encuentren en su casa, porque ella escondió a nuestros mensajeros. Josué 6:17.

El maravilloso espíritu que era Josué usaba perfectamente esta llave. La famosa prostituta se convirtió al pueblo de Dios, entró a formar parte del mismo y fue tan enorme la causalidad hacia ella, que después casó con Salmón, de quien tuvo un hijo llamado Obed, padre de Isaí, el padre nada más y nada menos que de David. La causalidad siempre ha existido. Es algo inevitable pues forma parte de la equidad divina.

Si hablas mal de alguien hoy, alguien pronto hablará mal de ti. Si solucionas hoy el problema de alguien, alguien solucionará tu problema después. Si ayudas a alguien ahora, alguien te ayudará cuando lo necesites. Si maltratas a alguien ahora, alguien inevitablemente te maltratará. Esta llave es como el boomerang, el arma arrojadiza de  australianos y neozelandeses, que siempre da la vuelta y regresa al punto de partida. El dolor que causes  hoy, otro te lo causará mañana. El bien que hagas hoy, otro te lo hará mañana. Los viejos de antaño, siempre sabios, definieron la causalidad en forma instintiva: «Hoy por ti, mañana por mí».

Por: Rev. Darío Silva–Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Archivo particular. 

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