El libro de Hechos hace referencia a quienes reciben el mensaje con toda avidez y todos los días «examinan las Escrituras».
A través del trato con las personas, he podido comprobar que hemos hecho — como corresponde— mucho énfasis con nuestra gente para que lea sistemáticamente la Palabra de Dios, pero no lo suficiente —en algunos casos, ninguno— para incentivar a la lectura de otros materiales de consulta o de información general, mucho menos de literatura secular.
También noto la ausencia de motivación a los miembros de la iglesia para que busquen mejorar su formación cultural e intelectual y para que estén preparados para responder grandes preguntas que la gente en la calle se hace, y también para aceptar grandes desafíos que tendremos como Iglesia.
¿Saben por qué les cuento esto? Porque recibí un e-mail de los tantos que recibo —y respondo— que cargó mi corazón y me puso a pensar en el tema de esta columna. Lo comparto: «Hola Esteban, soy un joven de 20 años. Estuve en el taller que diste en Mendoza, Argentina, en la Convención de Líderes Juveniles y para mí fue de gran bendición ya que soy de una iglesia muy conservadora y no es muy bien visto todavía lo de la capacitación en diferentes aspectos cristianos, aunque no lo creas. Para mí esta experiencia fue gratificante, y eso sí, con un gusto de seguir capacitándome, aunque los medios son limitados. Para mí trabajar para Dios es genial, pero en formación dejamos mucho que desear, y lo acepto…. Sin embargo, algo me quedó grabado de lo que tú hablaste que: “un líder no nace, se hace” y bueno, en eso estoy… nunca es tarde, ¿no?»
El apóstol Pablo, en sus propias palabras pone un marco de referencia en contra de la censura. Sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno. Cuando Pablo daba esta instrucción a los hermanos de Tesalónica, (1 Tesalonicenses 5:21) no les estaba censurando respecto a qué debían escuchar o leer.
Pablo mismo —según lo que relata el libro de Hechos— al reportarnos su visita a Atenas dio a entender claramente al auditorio en el areópago que él había leído por lo menos «algunos» poetas griegos… ¡Seculares!
Fíjense bien que Pablo NO nos está diciendo que el hecho de que alguien alegue escribir o hablar en nombre del Señor signifique que debemos aceptar lo dicho o escrito de manera incondicional.
Nos está diciendo, escúchenlo, léanlo, y retengan solo lo verdadero. No hay lugar para la aceptación ciega de lo que se enseña en nombre de Dios.
Si vamos a lo que se nos relata en el libro de los Hechos en referencia a los hermanos de Berea, allí se nos informa que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días «examinaban las Escrituras» para ver si era verdad lo que se les anunciaba. Aquí ya encontramos una metodología para esta prueba que debe ser un marco de contención para quienes leemos por interés, preparación o necesidad, literatura cristiana y secular. Si existe una instrucción tan clara y tan segura al respecto ¿Por qué no incentivamos a nuestros miembros para que lean, se preparen, asistan a seminarios, crezcan, amplíen su horizonte?
Tenemos mucho que dar y el mundo de hoy no se conforma. Tenemos que prepararnos para compartir la Palabra de Dios con sabiduría, intelecto y conocimiento. Hagamos lo que esté a nuestro alcance para que nuestro pueblo pueda superarse y plantarse a hacer lo que Dios manda.

