¿Una fe pequeña?

por Revista Hechos&Crónicas
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Reflexiones sobre la parábola de la semilla de mostaza y nuestra fe. 

Haciendo un análisis sobre la fe que cada día le entregamos a Dios, llamó mi atención la parábola de la semilla de mostaza. ¿Por qué? Porque siempre hemos escuchado la referencia de la semilla de mostaza como un grano diminuto del que, si igualáramos su tamaño con nuestra fe, sería suficiente para transformar el mundo. Esa es la interpretación que se le ha dado también al pasaje de Mateo 17:20 que dice: “Les aseguro que, si tuvieran fe tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a esta montaña: ‘Trasládate de aquí para allá’ y se trasladaría. Para ustedes nada sería imposible”.

Sin embargo, si seguimos leyendo, y como nuestra teología integral dice: “la suma de tu Palabra es verdad” (Salmo 119:160), podemos ver cómo, cuando Jesús calma la tormenta, exhorta a sus discípulos por mostrar poca fe cuando las olas inundaron la barca y pensaron que se ahogarían… literalmente les dijo: ¿todavía no tienen fe?

¿Creen ustedes, queridos lectores, que un poquito de fe bastaba en esa situación o era suficiente para Jesús? No sé qué piensen, pero yo creo que un “poquito” de fe sí tenían los discípulos, por eso seguían a Jesús en lo que para muchos sería una locura. Pero la fe del tamaño del granito de mostaza no calmaría la tormenta y Jesús no les estaba pidiendo una fe pequeña, como tampoco nos la pide a nosotros hoy.

Así que vamos al fondo de lo que nos pide Jesús a través de esta parábola, cuando compara la semilla de mostaza con el Reino de los Cielos.

«¿Con qué vamos a comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para describirlo? Es como una semilla de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay, pero una vez sembrada crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar bajo su sombra». Marcos 4:30-33.

Entonces investiguemos a la dichosa semilla:

La semilla de mostaza es muy pequeña. Mide entre 1 y 2 milímetros. A pesar de esto es reconocida por ser una de las semillas más resistentes y fuertes. Puedes pisarla, quemarla o golpearla y aun así no se romperá.

Es pura. El granito de mostaza es reconocido simbólicamente como una semilla genuina y pura, a menudo descrita como la única que no se mezcla, altera ni hibrida con otras, manteniéndose fiel a su especie.

Crece rápido. La semilla de mostaza germina rápidamente entre 3 y 10 días y alcanza su madurez para la cosecha entre los 30 y 90 días después de la siembra. Su crecimiento es tan rápido que sus hojas se pueden recolectar para el consumo a los 30 días, mientras que las semillas para especias se obtienen a los 70 días.

Es fuerte y mejora su entorno. Después de su rápida germinación, la semilla de mostaza se convierte en un arbusto alto que puede alcanzar hasta los 3 metros de altura. Su raíz es fuerte y profunda, capaz de penetrar profundamente en la tierra (desde solo 30 centímetros hasta 1,5 metros) para mejorar la estructura del suelo y descompactarlo.

Se adapta. La semilla de mostaza no necesita ser sembrada en un terreno agradable, cuidado y bonito, sino que tiene la capacidad de adaptarse y levantarse con fuerza, pues su tronco además es fuerte y firme, como diseñado para sobrevivir en condiciones adversas, incluyendo calor, sequía y heladas, lo que simboliza resistencia y fuerza.

¿Ves para dónde vamos?

Jesús comparó nuestra fe y el Reino de los Cielos con una semilla de mostaza. No porque se trate de algo pequeño o minúsculo. No porque se necesite poco, sino porque vale la pena.

Jesús nos pide una fe pura y fiel, que no se deje contaminar con las creencias mediocres de este mundo. Una fe rápida, que no dude ni tambalee, sino que se enfoque y no demore en dar fruto. Una fe fuerte, que pueda levantarse con fuerza sin importar el entorno en el que crece y que, además sea capaz de transformarlo y mejorarlo como la semilla con el suelo. Una fe que supere las expectativas y tenga un crecimiento tan grande, que pueda ser refugio para otros.

Y si así comienza una simple semilla de mostaza, ¿te imaginas lo que tiene Dios preparado para cada uno de nosotros en el Reino de los Cielos? Tu fe parece pequeña, pero lo que viene para ti con Dios es enorme y es eterno. No lo minimices.

Foto: Montaje con imágenes de Nisuda Nirmantha (Unsplash) y Magnific 

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