¿Por qué muchos matrimonios terminan sin que el esposo lo note?
Seamos francos, aunque nos movamos en un entorno cristiano, el divorcio está cada vez más presente, acabando con las familias de nuestros conocidos, allegados e incluso con la nuestra propia. Negarlo es como tapar el sol con un dedo.
Por eso, Hechos&Crónicas trae un tema a colación, en el que muchas mujeres comienzan el proceso de separación mucho antes de pedir el divorcio, mientras los hombres parecen no darse cuenta y avanzan rumbo al fracaso.
Y aunque cada matrimonio es único, existen patrones que pueden ayudarnos a comprender la naturaleza del problema y evitar llegar a la consecuencia que menos deseamos.
La ruptura silenciosa
Se ve en las consejerías, en consultas psicológicas, en estadísticas judiciales y los estudios sociológicos lo confirman. 70 % de los divorcios se da por decisión de las mujeres, de acuerdo con la Universidad de Birmingham.
La cifra es alarmante y puede traer conclusiones ligeras cuando la decisión se socializa, pues pareciera fruto de la impulsividad; sin embargo, estudios muestran que se trata de un proceso largo, donde la mujer comienza a acumular dolor, desilusión y desinterés, debido a la repetición de las acciones que duelen, a la falta de cambio y a las expectativas no cumplidas. Se trata de un proceso profundamente emocional que comienza meses, e incluso años antes de solicitar la firma de un documento.
De acuerdo con una investigación de la revista TIME, “algunas mujeres inician el divorcio por un problema de temperatura marital. Su matrimonio puede ser demasiado intenso (peleas, tensión y conflictos tóxicos) o demasiado frío (poca comunicación, ternura o intimidad). Los conflictos constantes sobre la crianza de los hijos, las finanzas u otros asuntos pueden causar un exceso de tensión o que uno de los miembros de la pareja se cierre emocionalmente”.
Este tipo de ruptura pasa por algunas fases que vale la pena analizar:
1 – Insatisfacción progresiva
Algunas investigaciones publicadas por la National Library of Medicine (NLM) sobre satisfacción matrimonial muestran que las mujeres tienden a evaluar la calidad de la relación en términos emocionales cotidianos. “Cuando esa conexión se deteriora de manera sostenida, el malestar se instala incluso si externamente todo parece estar bien”.
2 – Intentos de reparación
Los estudios cualitativos sobre satisfacción matrimonial de NLM, revelan que antes de pedir el divorcio, muchas mujeres han hablado repetidas veces del problema, han pedido cambios concretos, han propuesto terapia y han expresado su frustración con claridad.
Es decir que las mujeres intentan resolver los problemas antes de salir de la relación y ese es justamente el punto de quiebre, pues los psicólogos han detectado que “lo que para ellas es una advertencia estructural, para ellos puede percibirse como una queja circunstancial, algo del momento, así que no lo ven como determinante. La diferencia no siempre está en la información disponible, sino en la interpretación del nivel de gravedad,” asegura la psicóloga clínica Diana Hernández.
3 – El duelo dentro del matrimonio
Estas mismas investigaciones describen que muchas mujeres comienzan el proceso de duelo emocional mientras aún están en la relación. Sueltan expectativas, ajustan sus planes de vida y reorganizan su identidad.
Internamente atraviesan todo el proceso de tristeza, decepción, enojo y, finalmente, aceptación. Si la percepción de posibilidad de cambio cae a cero, la decisión se vuelve más estable.
Cuando finalmente exteriorizan la decisión de divorciarse, no están empezando el proceso emocional, lo están cerrando. Por eso la firmeza de su decisión puede sorprender al cónyuge y a los allegados.

¿Y por qué muchos hombres parecen no darse cuenta?
“No sabía que estábamos tan mal”, expresan ellos cuando les notifican la intención de divorciarse.
Los estudios de NML sugieren que mientras las mujeres ven problemas profundos, algunos hombres perciben la relación como funcional o estable mientras no exista una crisis visible o una ruptura inminente. No necesariamente es indiferencia sino un contraste en cómo se procesa el conflicto y la urgencia.
Antes de que sea tarde
Si en muchos casos el divorcio no comienza el día que se firma un papel, sino años antes, entonces la prevención también empieza mucho antes. Uno de los pastores de Casa Sobre la Roca, Mario Santa, lo repite frecuentemente: “un matrimonio no se acaba en un día, comienza a deteriorarse de a poco cuando permitimos una respuesta poco amable, cuando dejamos de preocuparnos por el otro, cuando algo muy sencillo se queda sin resolver. Por algo dice la Palabra, «Si se enojan, no pequen». No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol. Efesios 4:26”.
Así que toma un tiempo diario de oración por tu matrimonio y ayuna frecuentemente por los temas que te están costando. No esperes que venga la crisis, ¡actúa ya!
1 – Toma en serio las “pequeñas” conversaciones
Cuando uno de los dos dice: “No me siento escuchado/a”, “Me estoy sintiendo solo/a”, “Esto me está doliendo”, no está lanzando una queja ligera. Puede estar encendiendo una luz preventiva.
Escucha sin minimizar. Validar no significa estar de acuerdo, pero sí reconoce que el otro está viviendo algo real.
2 – No postergues la ayuda
Muchos estudios como el de la revista TIME, demuestran que las parejas buscan terapia cuando el desgaste ya es muy profundo, debido a que se sienten como admitiendo un fracaso. Nada más lejos de la realidad, pues pedir ayuda es algo así como invertir en mantenimiento. Para eso existe el ministerio de Casa2 de Casa Sobre la Roca, para trabajar en reparar y fortalecer los matrimonios, estén o no en crisis.
3 – Evalúa la relación (Aunque no haya crisis)
“Nos estamos tan mal” no es lo mismo que “estamos bien”. Pregúntate:
- ¿Nos sentimos emocionalmente conectados?
- ¿Nos admiramos todavía?
- ¿Nos estamos escuchando?
- ¿Hay resentimientos acumulados sin resolver? ¿Falta de perdón?
- ¿Qué lugar ocupa Dios en nuestro matrimonio?
4 – Recupera la estructura
Revisa si los roles en tu matrimonio se encuentran desbalanceados, comenzando por tener a Dios en el centro. También si hay percepción de desigualdad o si las responsabilidades no están equilibradas. Recuerda que cuando tanto el hombre como la mujer tienen claras sus responsabilidades, las expectativas son saludables y aumenta el tiempo de calidad.
5 – No ignores el momento de “todavía me importa”
El punto de no retorno en una relación es cuando uno de los dos pierde la esperanza y el interés. La indiferencia es mucho más peligrosa que los conflictos constantes. Por eso, si tu cónyuge sigue luchando, aunque sea con reclamos, es porque todavía le importa. Es el momento de actuar, no de defenderse.
6 – Aprende a soltar
No te quedes rumiando en pensamientos de que tu matrimonio es un fracaso. Todos esos pensamientos debes llevarlos a la obediencia de Cristo. Tampoco pongas el peso de la relación en tu cónyuge. Toma en cuenta que en el matrimonio hay que ceder todos los días y, sobre todo, perdonar todos los días. No se trata de aguantar, sino de decidir amar cuando los dos necesitan misericordia.

