Cómo sobrevivir al primer año de matrimonio

por María Isabel Jaramillo
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Consejos de expertos para evitar que el matrimonio sea un campo de batalla.

Me casé cuando tenía 19 años y hoy tengo 40. He pasado más años de mi vida casada que soltera y todavía siento que hay mucho sobre el matrimonio que no sé. También hay mucho que he ido descubriendo con los años y errores que ya no cometemos. Para esto, el ministerio de Casa2 de Casa Sobre la Roca ha sido un gran apoyo. Sin embargo, siempre que veo parejas que se casan, tengo la misma sensación: todo el mundo da consejos generales que no a todos les aplican y que a veces terminan siendo contraproducentes.

Por ejemplo, recuerdo que, en mi primer año de casada, era ley para mí cumplir uno de los consejos que más me repitieron mis seres queridos y que incluso está presente en la Biblia: «Si se enojan, no pequen». No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol. Efesios 4:26.

Para mí, era imposible irnos a dormir si habíamos discutido, así que no dejaba en paz a mi esposo hasta que resolviéramos nuestros desacuerdos. Lo que ocurría es que estábamos demasiado cansados y terminábamos aumentando algo que estando descansados se resolvía fácilmente. Después de muchas peleas innecesarias comprendí que el versículo no es literal y que se refiere a la importancia de proteger el vínculo, por encima de los desacuerdos y el orgullo.

Por eso, y después de nuestra primera entrega de este artículo ¿Problemas en el paraíso? La crisis del primer año de matrimonio, donde hablamos de la importancia de prepararse correctamente para dar este gran paso, quisiera dejar algunos de los mejores consejos de expertos para evitar que el primer año de matrimonio sea un campo de batalla, porque ¡sí! En esos meses de adaptación no todo es color de rosa y aparecen muchos desacuerdos que, si no se tratan correctamente, pueden acabar con el matrimonio antes de que se termine la fiesta.

1 – Haz de tu casa un hogar

No es solo el slogan de una tienda de artículos para el hogar, es una frase real. El mundo es demasiado agresivo afuera como para que, de puertas para adentro sea igual de fuerte. Haz que el ambiente cambie cuando entras: que sea visiblemente acogedor, tranquilo. Crea un ambiente de paz. Ora por el lugar físico, pero también intenta ser tú ese lugar seguro para tu cónyuge, donde reciba el amor que nadie más va a darle afuera.

2 – Que la rutina no acabe el romance

Deja el trabajo por fuera y, si no puedes, por lo menos establece horarios y lugares dentro de tu casa para que no interrumpa su tiempo de pareja. No dejes que las obligaciones de cada uno, o las propias del hogar, terminen por llevarse la atención de amos y todas sus conversaciones. Tomen tiempo para reconquistarse una y otra vez. Con detalles, manteniéndose siempre agradables para el otro, destinando espacios específicos para compartir en pareja.

3 – Baja tus expectativas

Muchas discusiones y pleitos se dan porque esperamos mucho del otro, exigimos demasiado y no tenemos empatía. No todos los días serán perfectos, ni siquiera buenos, y eso está bien. A veces tu podrás dar tu 100 % y tu pareja no tendrá más que un 1 % y a veces será al revés. También puede ser que ambos estén en su 1 %, entonces es cuando Dios se encarga. Lo importante es que ambos entiendan que el otro no es perfecto y que el matrimonio no es para ser feliz, sino para hacer feliz al otro.

4 – Mejor son dos que uno

Uno de los consejos más bonitos que recibí cuando me casé fue la importancia de contar con el otro. “Ya no tienes que hacer todo sola. A partir de ahora, lo bueno y lo malo será compartido”. Eso es algo hermoso porque es real. Lo bueno, se disfruta el doble porque se comparte entre dos. Lo malo, se sufre la mitad porque el otro te ayuda a llevar tu carga. No seas de esas personas que se creen autosuficientes y dejan al cónyuge como espectador de su vida, disfruta que ahora la vida es en pareja.

5 – Agradece

A tu pareja ya le hacen suficientes reproches y reclamos afuera, pero nadie le agradece lo suficiente. Y eso, a cualquiera la puede hacer sentir menos valiosa. Si tú lo haces también, parecerás una persona insatisfecha. Practica la gratitud. Primero con Dios, pero después con tu cónyuge. Agradécele cada cosa que hace y cada detalle que tiene contigo. Fíjate en todo lo bueno que hace, mucho más que en lo malo y dale rienda suelta a tu creatividad para desmostrarle tu agradecimiento. Recuerda lo que pensabas antes de casarte: cada despertar juntos es un verdadero regalo.

6 – Tiempo para cada uno

¡Cuidado! No se trata de que se den licencias para salir en planes de solteros, porque esos indudablemente ya debieron quedar en el pasado- Se trata de que recuerden que cada uno necesita cuidarse y recargarse para tener mucho para dar. No dejen de lado sus hobbies, sus gustos, ni sus actividades. Así tendrán mucho para darse mutuamente.

7 – El matrimonio no es 50- 50

No necesitas que todo (las tareas, la economía, las obligaciones), estén repartidas en partes iguales para que tu relación funcione. No creas que si te encargas de muchas cosas será así para siempre, y mucho menos te dediques a llevar una lista de lo que hiciste para que el otro deba igualarte. A veces uno hará más que el otro y eso no está mal. Recuerda que te casaste para servir al otro en todos los aspectos. Si tu cónyuge piensa igual, ambos serán muy felices.

8 – Oren juntos

Nada funciona tanto para un matrimonio como la oración en pareja. Pero, ¡ojo! No es un tiempo para echarse “pullas” mutuamente. Si tienes una queja sobre el otro, es con Dios (y en privado) con quien debes hablarlo. Pero tener un tiempo diario con Dios en pareja es necesario y muy especial, porque es el tiempo para entregarle a Él sus proyectos juntos, sus preocupaciones y sus alegrías y les permitirá llenarse de paz y fuerzas para enfrentar cada día.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com
Foto: Mariano Rivas (Unsplash) y Rawpixel

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