La crisis del primer año del matrimonio.
En los cuentos de hadas, casarse es el final feliz de la historia. En la vida real, es el comienzo de la aventura… pero, como toda buena aventura, tiene sus altibajos. Y aunque mucha gente cree que el primer año de matrimonio es una larga luna de miel, la realidad es que acoplarse a vivir en pareja es más difícil de lo que parece.
En Colombia se celebran alrededor de 55.000 matrimonios cada año, cifra que ha venido en descenso en las últimas décadas. De estas uniones, casi el 40 % terminan en separación, según cifras de Notariado y registro.
Muchas parejas atraviesan situaciones difíciles durante el período de adaptación, pero temen buscar ayuda pensando que pueden resolverlo o porque les avergüenza tener problemas cuando todo debería ser color de rosa. Por eso, Hechos&Crónicas decidió investigar el tema y traer algunos hechos para que el primer año de matrimonio esté cargado de amor y libre de peleas innecesarias.
La terapeuta matrimonial, Becky Whetston, en entrevista con The Huffington Post aseguró que “Casi todas las personas se imaginan que serán un gran cónyuge algún día, pero una vez que los anillos están puestos y el pastel de bodas se vuelve obsoleto, la realidad comienza a establecerse: el matrimonio no es tan fácil como pensamos… Con la combinación de familia, amistades, pertenencias y dinero, abundan las trampas explosivas”.
Precisamente, estos son los temas que más se repiten en las peleas del primer año de casados: finanzas, sexualidad, límites con las familias, problemas de comunicación, roles y oficios del hogar, hijos, entre otros… pareciera que la convivencia acabara con el amor, pero esto no tiene que ser así.
Para el reconocido autor Gary Chapman, la clave está en tener una buena preparación antes de casarse. Justamente, en su libro “Lo que me hubiera gustado saber antes de casarme”, asegura que “Las personas no se casan pensando en divorciarse. El divorcio es el resultado de una falta de preparación para el matrimonio y de la incapacidad para aprender a trabajar juntos como compañeros de equipo en una relación íntima.
He pasado los últimos 35 años de mi vida aconsejando a parejas cuyos sueños de felicidad conyugal chocaron con el mundo real de los platos sucios, las facturas sin pagar, los horarios de trabajo conflictivos y los niños que lloran. Con mucho trabajo y meses de consejería, muchas de estas parejas han podido tener buenos matrimonios. Doy gracias por ello.
Estoy convencido de que muchos de estos problemas podrían haberse evitado si la pareja se hubiera tomado el tiempo suficiente para prepararse bien para el matrimonio. Por eso aconsejo parejas. Quiero que tengan el tipo de matrimonio en el que ambos se ofrecen el cariño y el apoyo que desean. Sin embargo, puedo asegurarle que ese tipo de matrimonio no sucederá simplemente por pasar al altar. Debe tomarse el tiempo necesario para descubrir y practicar los principios maritales que han demostrado que un matrimonio así es posible”.

La iglesia Casa Sobre la Roca cuenta con una preparación extensa para que los cónyuges tengan sanidad interior, claridad sobre sus expectativas y sobre lo que están próximos a vivir. Es un camino que no se puede pasar por alto antes de la boda.
Para Alejandro Chaparro y Paula Andrea Vargas, directores de Casa2, ministerio para matrimonios de Casa Sobre la Roca Sabana Norte, muchos de los conflictos que enfrentan los matrimonios durante su primer año no se deben únicamente a la convivencia.
“Con frecuencia surgen porque la pareja llega al altar con expectativas irreales, pensando que el matrimonio será una etapa en la que todo fluirá de manera natural y que el amor, por sí solo, resolverá cualquier diferencia. Cuando aparecen los primeros desacuerdos, la frustración es mayor porque la realidad no coincide con la idea que habían construido.
Por eso, durante la preparación prematrimonial no solo hablamos de lo hermoso del matrimonio, sino también de sus desafíos. Queremos que las parejas comprendan que el matrimonio puede sacar a la luz tanto lo mejor como lo peor de cada persona. Potencializa las virtudes, pero también expone heridas no sanadas, temores, egoísmo, orgullo, formas inadecuadas de comunicarse y patrones aprendidos en la familia de origen. No para desanimarlos, sino para que lleguen conscientes de esa realidad y con las herramientas necesarias para enfrentarla.
Nuestro deseo es que los novios lleguen sanos emocional, espiritual y relacionalmente, de manera que, cuando enfrenten las primeras dificultades —que son inevitables—, su primera reacción no sea pensar en el divorcio, sino en buscar soluciones, crecer juntos y fortalecer el pacto que hicieron delante de Dios.
Estamos convencidos de que, si una persona dedica años de preparación para ejercer una profesión, con mayor razón debería prepararse para el segundo acontecimiento más importante de su vida: decidir con quién se casará. Esa decisión influirá en su futuro, en su familia, en sus hijos y en el legado que dejarán.
El matrimonio no debería comenzar con improvisación, sino con preparación. Una preparación prematrimonial sólida no elimina los conflictos, pero sí forma parejas capaces de enfrentarlos con madurez, compromiso, gracia y la dirección de Dios”, aseguran los líderes.
Sin embargo, si el matrimonio comenzó sin la preparación adecuada, nunca es tarde para sentarse a hablar y poner sobre la mesa cada uno de los temas relevantes y hablar tranquilamente sobre lo que cada uno quiere y espera. En muchos casos, se necesita ayuda profesional, en otros, basta con relajarse y tomar las cosas con más calma y sin prevenciones. A veces se siente como que todo debe resolverse inmediatamente o todo tiene una gran trascendencia que amerita conversaciones importantes. ¡No es así! Siempre se necesita la guía de Dios, pero no a todas las cosas hay que darles tanto valor. Es importante aprender a ceder y a disfrutar sin tanto estrés.
Si sientes que necesitas ayuda, siempre puedes buscar consejería. Además, los cursos de formación matrimonial que ofrece Casa Sobre la Roca, no solo son para antes de la boda, también sirven para fortalecer matrimonios, sin importar cuántos años lleven juntos, porque siempre se puede mejorar para tener un matrimonio que honre a Dios.
Encuentra en nuestra próxima edición la segunda parte de este artículo.

