Elecciones: ni fanáticos, ni apáticos

por Revista Hechos&Crónicas
A+A-
Reset

Elegir autoridades es una responsabilidad ante Dios, ¿Cómo hacerlo de forma consciente y libre e involucrando los principios bíblicos?

En una nación que parece dispuesta a repetir ciclos, donde la polarización y el caudillismo son protagonistas. Una vez más, nos enfrentamos a un escenario político en donde el cristiano no debe mostrarse apático ni guardar silencio.

Nuestro país ha estado marcado por una historia de conflictos, sangre e imposición desde la Colonia y sus procesos libertadores hasta hoy. Sin embargo, continúa eligiendo por emoción y sin análisis serio en las urnas. Estas decisiones nos han devuelto a una situación de oscuridad alimentada por la violencia, narcotráfico y continuos escándalos de corrupción que parecen costumbre así como otros males que afectan la nación, envolviendo al país en un ciclo de nunca acabar.

En medio de esto, los partidos políticos fundados originalmente para buscar el bienestar de los ciudadanos se han desdibujado entre las ambiciones personales de los dirigentes políticos de turno. Como colombianos llevamos décadas buscando un “salvador” en cada elección, olvidando que estamos eligiendo a un servidor público, no a un mesías.

Frente a esta realidad, ¿los cristianos deberíamos apartarnos y tomar distancia de estos procesos democráticos? ¿Qué dicen las Escrituras con respecto a la elección de un líder? ¿es importante el carácter del gobernante a elegir? ¿Qué aspectos se deberían tener en cuenta para elegir a un gobernante?

El teólogo Juan Calvino, en su obra institución de la religión cristiana, explica que el gobierno civil no es un mal necesario, sino una ordenanza divina donde el creyente está sujeto a un doble régimen, el espiritual (obediencia a Dios) y el político (organiza la sociedad y sus leyes).

Entonces debemos decir que para un creyente nunca es una opción apartarse de los procesos políticos y mucho menos buscar caudillos que pretendan salvar el país, el Salmo 146:3 es claro: “No pongan su confianza en gente poderosa, en simples mortales, que no pueden salvar”, Charles Spurgeon reforzo esta idea en su libro “The Sword and the Trowel” (La espada y la llana): «A menudo oigo decir: ‘No metas la religión en la política’. Es precisamente ahí donde debe ser metida, y puesta allí como una vela en un candelero para dar luz a todos los que están en la casa. No me refiero a la política de partidos, sino a los principios de la verdad y la justicia”.

Parafraseando a Spurgeon, no es una opción apartarnos de estos procesos democráticos porque nuestro voto y opinión son herramientas válidas que deben perseguir principios y valores bíblicos en la sociedad.

¿Qué significa elegir a un dirigente?

Aunque las Sagradas Escrituras no son un tratado de política moderna, si habla muy claro sobre el gobierno y el poder para dar orden y sentido a la Creación divina y a la convivencia humana. Romanos 13:1 dice: Todos deben someterse a las autoridades, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. En Daniel 2:21 dice: Él cambia los tiempos y las épocas, pone y depone reyes. A los sabios da sabiduría y a los inteligentes, discernimiento.

La Biblia no utiliza la palabra “democracia”, pero si narra la advertencia que Dios le dio al pueblo de Israel cuando quisieron tener un rey al igual que las naciones vecinas, y les advirtió de las consecuencias de esta decisión (1 de Samuel 8: 11-18). El Señor señalo que un gobernante sin límites podría disponer de los hijos, bienes y tierras del pueblo para su propio beneficio, convirtiendo a los ciudadanos en siervos del Estado. En estos versos queda claro que las políticas aplicadas pueden traer beneficios, pero aún más claro, que conllevan más obligaciones por parte del pueblo.

Este peligro persiste hoy cuando insistimos en la búsqueda de políticos “salvadores”. Las Escrituras nos dan ejemplo al señalar que los reyes de Israel no eran dioses, ellos mismos estaban sujetos a la ley de Dios, la cual debían cumplir. Al no obedecerla ley, los profetas enviados por el Señor los confrontaban y eran castigados.

La Palabra de Dios nos enseña que el poder político no debe ser absoluto, el gobernante es un servidor sujeto a la ley. La verdadera transformación social no esta en un individuo, sino en la solidez de las instituciones; pues es a través de ellas que se ejercen los principios fundamentales y se busca garantizar que los dirigentes de turno cumplan sus objetivos de campaña, tal como lo explica Romanos 13:4 pues está al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, entonces debes tener miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al malhechor.

En definitiva, el poder político debe ser vigilado y sujeto a la ley para evitar corrupción y garantizar que no asfixie a los ciudadanos, sino que busque su bienestar.

¿Cuál debería ser el carácter de un gobernante?

¿Cómo identificar a quien elegir? Las Escrituras nos dan luz sobre el perfil de un gobernante y cómo debería ser el carácter de quienes pretenden dirigir una nación, y en distintos versículos muestra el perfil de un gobernante. En primer lugar, este debe ser íntegro y con temor de Dios 2 Samuel 23: 3a: El que gobierne a la gente con justicia, el que gobierne en el temor de Dios, mientras que en Proverbios 29:2 nos dice Cuando los justos prosperan, el pueblo se alegra; cuando los impíos gobiernan, el pueblo gime. En Proverbios 14:34 señala: “La justicia enaltece a una nación, pero el pecado deshonra a todos los pueblos”. O el Salmo 2:10-11 que dice: Por eso ustedes, los reyes, sean prudentes; déjense enseñar, gobernantes de la tierra. Sirvan al Señor con temor; con temblor ríndanle alabanza. Dejan muy claras algunas de las características y comportamientos adecuados que deberían tener los diferentes servidores públicos, estos atributos presentes o no, nos dejan ver sus verdaderas intenciones.

¿Y las propuestas políticas?

No solo es importante el carácter del gobernante, también lo son los proyectos políticos. El creyente no debe darle la espalda a estos, pero tampoco debe poner su esperanza absoluta en ellos.  Estamos llamados a ser sal y luz, debemos dar nuestra opinión sobre temas centrales y sentar nuestra posición desde una perspectiva bíblica.

Es deber del cristiano tener la capacidad de evaluar las propuestas y comprender si están a favor o no de la Familia, del desarrollo libre de la Fe, del crecimiento empresarial, así como del progreso y un mejor bienestar para la sociedad en general. Debemos filtrar cada plan a la luz de las Escrituras, teniendo en mente lo que dice el Salmo 119:105: Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero. Estamos obligados a evaluar si realmente están alineados con el propósito divino y en favor de la comunidad.

Somos responsables de evitar proyectos políticos que atenten contra la separación de poderes, no se puede apoyar posturas que destruyan o limiten esta balanza, se debe buscar que sean propuestas justas, sin escoger por ánimos revanchistas, o por favorecimientos particulares. El pastor Dario Silva-Silva en su libro el Fruto eterno dice: “El voto pertenece al círculo íntimo de la libertad de conciencia, pero el creyente debe darlo a quien mejor interprete desde la izquierda o desde la derecha– un programa de gobierno ceñido a las exigencias de la Palabra de Dios, que busca para todo el género humano el tesoro de la paz”.

El voto es un acto de confianza y de integridad que va en busca, no solo de una mejor sociedad, sino de una justicia social para todos, no solo en beneficio de algunos y en detrimento de otros. “Todos vivimos furiosos por la violencia, pero no nos alteramos ni siquiera levemente por la injusticia social. No nos percatamos de que, mientras haya injusticia social, habrá violencia”, menciona el Darío Silva-Silva en su libro Las llaves del poder. Es por esto por lo que el voto es tan importante a la hora de elegir.

¡No hay que confundirse! El voto no es una declaración de fe, es más bien un acto de mayordomía responsable ante Dios, la Biblia y la Constitución. No buscamos un gobierno perfecto, sino planes y políticas justas que beneficien a la sociedad de manera lógica, responsable e íntegra.

En definitiva, las decisiones que tomemos, buenas o malas tienen consecuencias directas sobre nuestros semejantes. Por eso, los creyentes debemos ser los más responsables a la hora de escoger nuestros dirigentes no porque confiemos ciegamente en hombres, sino porque confiamos plenamente en Dios, porque escrito está: Hagas el mal o hagas el bien, los únicos afectados por tu justicia serán tus semejantes. Job 35:8.

Por: Óscar Salamanca. Profesor de la Unidad Educativa IBLI – FACTER. – salamancaoscarj@gmail.com
Foto: Rawpixel – Flavia Carpio (Unsplash) y Freepik  

Artículos relacionados

Dejar comentario