Opinión – Sin acuerdo no vamos para ningún lado

por Revista Hechos&Crónicas
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Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo: Eclesiastés 4:9.

Esto significa que uno tiene que ser la cerradura, y otro, tiene que ser la llave.

¿Cómo puede funcionar una llave sin cerradura, o una cerradura sin llave? Si voy a caminar, mis pies tienen que estar de acuerdo; no puedo pretender que mi derecho camine para un lado y mi izquierdo para otro. Mis ojos tienen que ver la misma imagen. Cuando hablo, uso dos labios. ¿A quién se le ocurre que mi labio superior dice una palabra y mi labio inferior otra? Tienen que estar de acuerdo los dos labios para pronunciar la misma palabra. Uno de los labios es cerradura y el otro es llave. Ustedes tienen dos orejas, me imagino que sus dos orejas se ponen de acuerdo para oír el mismo mensaje que yo doy. No es que su oreja izquierda oye un mensaje y la derecha otro.

Cristo es el camino, ¿cómo vamos a caminar por ese camino en desacuerdo? Pasemos ahora a algo simple y elemental que nunca tomamos en cuenta. …les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo. Mateo 18:19.

Si dos creyentes concuerdan, uno tiene que ser cerradura y otro llave, y a través de ese movimiento, se abre la puerta sobrenatural de la respuesta divina a lo que pedimos. Una sola mente, un solo corazón, un solo parecer: principio de acuerdo. Dos personas en la tierra, cerradura y llave, y un Dios en el cielo que abre la puerta y envía la bendición. ¿Por qué no recibimos de Dios todo lo que Él mismo nos prometió? Porque vivimos en contiendas, disensiones, pleitos, celos y envidias. Cómo honraría Dios la vida de los cristianos si entendieran este principio, si usaran esta llave. La necesidad humana mueve el corazón y la voluntad de Dios, pero, para ello, es elemental estar de acuerdo.

El acuerdo produce prosperidad, crea solidaridad, alimenta el amor, afirma la victoria, ratifica la presencia de Dios, asegura el caminar y garantiza la respuesta divina. ¿Cuál es el más grande acuerdo que se conoce? El acuerdo de Dios con el hombre.

¿Cómo se logró? En el Edén el hombre rompió la llave del acuerdo, y fue necesario que Dios mismo, el Creador, el Inefable, el Gran quién sabe, el Indescriptible, el que habita en luz inaccesible, el indefinible, el completamente Santo, el Absolutamente otro, dijera: «No hay en la tierra quien ponga a los hombres de acuerdo conmigo; por lo tanto, yo mismo me haré hombre, para que el hombre se pueda poner de acuerdo con Dios». Es el misterio de la Encarnación.

Jesucristo, como lo dice el Credo de Atanasio, es verdadero Dios y verdadero hombre; Dios de la sustancia de su Padre, Hombre de la sustancia de su Madre. Igual al Padre en su divinidad, menor que el Padre en su humanidad. Y en esa doble naturaleza, Él mismo se convierte en cerradura y llave para que Dios tenga un acuerdo con el hombre y este pueda vivir de acuerdo con Dios. Como Dios, intermediario de Dios con los hombres. Como hombre, intermediario de los hombres con Dios. Él es la llave, la cerradura y Él mismo es la puerta, pero su voluntad sólo se mueve si nosotros actuamos conforme a lo que nos enseñó. El desacuerdo trae maldición. El acuerdo siempre genera bendición.

Por: Rev. Darío Silva – Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.
Foto: RDNE Stock project (Pexels)

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