El silencio que grita: el duelo por un hijo que no llegó

por Revista Hechos&Crónicas
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Es un duelo difícil y se necesita tiempo para sanar pero con ayuda de profesionales y apoyo espiritual, Dios consuela, sostiene y restaura.

Los brazos vacíos se refieren a la muerte de un bebé en cualquier etapa de la gestación, durante el parto o después de que este nació, es uno de los sucesos más impactantes y dolorosos por los que puede pasar una persona. Se espera dar vida y llega la muerte.

Desafortunadamente uno de cuatro embarazos no llega a buen término. Tanto los padres como la familia quedan con un dolor de cuerpo, mente, alma y espíritu. Se van a casa con los brazos vacíos, muchas veces sin explicación médica de qué paso, con miles de culpas y muchas preguntas sin respuesta. Muchos describen este dolor como un tabú debido a que es desautorizado, silenciado y minimizado.

En la mayoría de ocasiones, estos duelos no son públicamente reconocidos ni socialmente expresados. No hay fotos, no hay recuerdos, nada que pudiera avalar su existencia. Sin embargo, existe un vínculo de amor muy fuerte en los padres que planearon ese embarazo, crearon expectativas, proyectos a futuro e ilusiones alrededor de su bebé. Pero ¿qué pasa cuando asistimos a un ultrasonido de rutina y nos dice que no hay latido o encuentran alguna malformación incompatible con la vida?

En ese mismo instante no sólo ha dejado de latir el corazón de ese bebé, han muerto con él esa ilusión, todo lo que  habíamos preparado para él, su cuna, sus juguetes, sus primeros pasos… Es un duelo difícil de superar, se necesita tiempo para sanar, buscar ayuda con profesionales para salir del duelo y ese apoyo espiritual que solo Dios puede dar para consolar y restaurar un corazón maternal y paternal, porque Dios ha estado desde el momento de la concepción. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. Salmo 139:16.

No podemos permitir que el valor de la vida se diezme por las circunstancias que atravesamos en los avatares de le vida. Sé por experiencia personal lo que es perder un bebé, y lo que es desearlo también. No tiene nombre perder a un hijo, si se pierde a un padre o madre se le dice “huérfano o huérfana”, si se pierde al cónyuge se le llama “viudo o viuda”.

El milagro de la vida, porque es un milagro, es el que debemos valorar y cuidar siempre. No se alcanza a imaginar el dolor de una madre cuando pierde a su hijo independiente de la edad. Mi hermano mayor falleció, mis ojos humanos no alcanzaron a ver el dolor del corazón de mi madre, por eso la amé más. Deuteronomio 5:16 dice: Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que disfrutes de una larga vida y te vaya bien en la tierra que te da el Señor tu Dios.

Es triste escuchar la cantidad de abortos que se están registrando en la humanidad y la manera cruel como lo hacen. La falta de temor a nuestro Dios, los antivalores y la falta de amor propio, están maltratando el regalo de la vida. Te dejo hoy esta inquietud en tu corazón, que es motivo de oración y también de acción que no podemos callar. Los brazos vacíos solo pueden volver a llenarlos nuestro Padre Celestial. ¿sabes por qué? Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16. Él sabe siempre cómo sanar y consolar cada situación en nuestra vida.

Por: Olga Cepeda, fonoaudióloga, experta en Desarrollo de la retórica Oral y escrita, Universidad de Harvard.
Foto: Arindam Raha – Unsplash

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