Él hizo realidad mi oración

por María Isabel Jaramillo

Juliana Pachón Jaramillo, de 8 años, estudiante de grado primero del colegio Nuevo Gimnasio Cristiano, quiso narrar para las páginas de la revista H&C ese momento en el que oró a Dios por un milagro y Él le respondió.


Hace tiempo, cuando estaba en el jardín infantil me pasó algo que les quiero contar. Recuerdo que mi mamá me llevaba todos los días al jardín, pero yo no me quería separar de ella y ella no entendía por qué. Yo estaba muy chiquita, entonces no sabía cómo decirle lo que me pasaba.

Yo entraba muy triste porque en los descansos siempre me quedaba sola y me la pasaba llorando. Todos me rechazaban, se burlaban de mí, nadie quería jugar conmigo, y yo no sabía por qué. Mis compañeros se conocían de antes y yo era la única nueva, pero ellos no me aceptaron, entonces siempre estaba sola. Cuando nos ponían en el saloncito, yo me quedaba sentada mientras mis compañeros jugaban.

Me sentía mal porque yo quería tener a alguien con quién jugar, algo que hacer, quería tener amigos con quién estar y no había ni una sola persona con la que pudiera estar. Una vez intenté no llorar cuando llegué al jardín, sino que me propuse hacer amigos. Dije: “bueno chao, má, voy a hacer un amigo”. Entonces le pedí a un niño que jugara conmigo y fuera mi amigo, pero ¡él me empujó! Nadie quería juntarse conmigo y yo todo el tiempo tenía que soportar eso.

Había un niño que era hijo de una profesora de allá. A él todas las profesoras lo consentían y los niños lo querían mucho. Como yo estaba tan triste, casi no me gustaba comer, entonces siempre me quedaba almorzando de últimas y no me gustaba. Entonces las profesoras se molestaban y como que me presionaban y me regañaban mucho. Yo me sentía mal todo el tiempo y quería que yo fuera ese niño para que mi mamá estuviera ahí y no sentirme tan sola.

Todos los días por la noche, cuando ya estaba que me dormía, le oraba a Dios y le pedía que me diera sabiduría, que me diera fuerzas para que pudiera hacer amigos, para que me diera lo que necesitaba y que no fuera más rechazada. Luego supe que iba a entrar a un nuevo colegio, donde estudio hoy. Entonces, antes de ir por primera vez le oré mucho a Dios. Una noche, me acuerdo que le dije que por favor me diera amigos, que en el descanso yo pudiera tener a alguien con quién jugar, que no me quedara de últimas en el almuerzo y que pudiera llevarme bien con mis profesores.

Llegó el primer día y fui la primera en terminar el almuerzo; pero lo mejor fue que todos me acogieron y tuve con quién jugar todo el día. Me hice amiga de casi todos los niños y niñas de mi salón. ¡Gracias a Dios!

Ese mismo día, por la noche, yo le oré a Dios y le di las gracias por lo que me había dado. Ya llevo cuatro años en el colegio, estoy en primero y sigo siendo muy feliz con mis amigos. Quiero mucho a todos los niños de mi salón y sé que ellos me quieren mucho a mí. Me llevo muy bien con mis profes, son muy chéveres y disfruto mucho estar en el colegio, estar con mis amigos y jugar con ellos.

Siento mucho que Dios me escuchó porque Él hizo mi oración realidad en solo un día. Yo sé que para Él nada es imposible.

Ha habido otras veces cuando Dios ha escuchado mi oración. Por ejemplo, cuando mi papá trabajaba en una empresa que no me acuerdo cómo se llama, le decían que tenía que irse entre semana, toda la semana, desde el lunes hasta el viernes para la ciudad de Ibagué, entonces solo lo podíamos ver el sábado y el domingo. ¡Era horrible!

Entonces mi hermano, mi mamá y yo le orábamos a Dios y le dijimos que por favor le diera otro trabajo a mi papá, donde pudiera estar con nosotros. Dios escuchó nuestra oración y ahora trabaja en una empresa donde nos alcanzamos a ver en la mañana y nos lleva a la ruta para el colegio y después, por la tardecita noche, nos vemos, comemos juntos y compartimos. Lo importante es que Dios escuchó mi oración e hizo que lo viéramos todos los días. Siento mucho que Dios escucha cuando yo oro y me encanta que Dios no dice: “aquí hay muchas oraciones, solo voy a escuchar unas poquitas”, ni dice “no, esto no lo puedo hacer”. Él nos escucha siempre cuando lo buscamos y puede hacer millones de oraciones realidad.

A veces es necesario que se demore un poco, pero Dios siempre cumple sus promesas. Y si Dios dice que no a algo que le estamos pidiendo, tenemos que aceptarlo porque Jesús sabe lo que es bueno para nosotros y lo que es malo. Dios a veces no hace lo que queremos, no porque no pueda, sino porque hay cosas que son necesarias para nuestro bien. Entonces, cuando Dios dice que no a algo, no debemos dejar de orar por eso porque después puede darnos algo mejor. Siempre podemos confiar en Dios.

Por eso quiero decirles a los niños que oren mucho a Dios. Cada mañana y cada noche o cuando puedan y tengan tiempo, órenle a Dios y pídanle eso que necesitan. No es difícil, solo tienen que hablarle como cuando hablan con sus papás o sus amigos. Él los va a escuchar porque a Él le gustan las oraciones de los niños.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Archivo particular.

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1 comentario

Alexander Pachón 26 de abril de 2024 - 21:41

Hermoso artículo que nos enseña el poder de la oración y la fortaleza de nuestra fe cuando está puesta en Dios. Felicitaciones a Juliana

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