Bienestar integral, tu yo del futuro te lo agradecerá

por Revista Hechos&Crónicas

Hay una temporada de la vida donde la salud pareciera no tener importancia, asumimos que siempre tendremos ese corazón joven, un metabolismo acelerado que resiste cualquier comida chatarra sin convertirse rápidamente en grasa, creemos que pocas horas de sueño son suficientes para gozar de energía de sobra, unos huesos fuertes que resisten la aventura más extrema y unos órganos en tan buenas condiciones que no se piensa en la necesidad de cuidarlos.

Cuando niños dependíamos del cuidado, rutina y hábitos que se practicaban en casa, pero con el pasar de los años cuando se empieza a ser consciente de lo que es bueno o malo para nuestro bienestar (adolescencia y juventud) empezamos a ver esos hábitos y rutinas como una obligación.

Es ahí cuando todos anhelamos ser adultos para tomar nuestras propias decisiones y hacernos responsables de nuestra vida sin que nadie nos diga qué hacer, pero en lo que nunca pensamos es en el desafío de tomar buenas decisiones, pues la verdad es que cada decisión que tomamos conlleva a una consecuencia, a veces favorable y otras veces no.

Mi trabajo como Coach de nutrición y salud integral consiste en entrenar, asesorar y enseñar a las personas a construir un estilo de vida y de alimentación que sea sostenible en el tiempo, y sin duda, puedo decir que la calidad de la salud en gran parte es el resultado de las decisiones que las personas toman a diario.

“La semilla de cada hábito es una pequeña decisión”, así lo define James Clear especialista en formación de hábitos de larga duración y autor del libro Hábitos atómicos, y es que no hay manera más clara de entender el proceso de construir hábitos que la similitud de la siembra y cosecha como la palabra de Dios lo evidencia.

En la Biblia se habla mucho sobre la siembra y el fruto como parte del proceso. En Gálatas, el apóstol Pablo dice: Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su carne, de esa misma carne cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. Gálatas 6:7-8.

Si te dijera que eres el resultado de las decisiones (hábitos) que tomas a diario ¿cómo crees que podrías invertir mejor tu tiempo? Aquí te traigo cinco pilares para sembrar bienestar y obtener como fruto una salud integral.

1 – No solo te nutres de comida

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:3-4.

Lo que ves, lo que escuchas, lo que lees y hasta con quien te rodeas o las cuentas de redes sociales que sigues, son una forma de alimentarte. Vivimos en una sociedad donde el término “saludable” se entiende por comer “bien y hacer deporte’’ y ahí está el problema, es ilógico seguir pensando que solo te alimentas  de comida o que un cuerpo definido y marcado es sinónimo de salud…. porque ¿dónde quedan las emociones, creencias o la manera en que vives y te relacionas? No sólo se trata de un cuerpo físicamente sano, sino también de una mente sana, de un manejo de  emociones estables y de una creencia que alimenta la parte espiritual.

Tips

– Busca amigos que te hagan crecer, que sumen y no resten a tu bienestar integral. Por ejemplo, conecta con un grupo pequeño de la iglesia acorde a tu edad y etapa de la vida

– Elige muy bien qué cuentas seguir en tus redes sociales y, aún más importante, delimita el tiempo que navegas.

– Evita mirar tu celular hasta una hora después de despertarte, al comer, en tu tiempo de oración y dejar de usar aparatos electrónicos mínimo una hora antes de irte a dormir.

– Construye o mantén el hábito de la lectura, elige libros que te edifiquen y ponte como reto leer mínimo dos páginas al día, en las noches antes de dormir es un hábito que te ayuda a descansar y conciliar el sueño.

– La música que escuchas tiene un impacto directo en tu estado emocional, sé sabio en filtrar tus canciones y empieza a disfrutar de la variedad de playlist de alabanza que hay disponibles en todas las plataformas de música.

Estereotipos del mundo vs identidad de Dios

Romper el molde a la manera de Dios y dejar a un lado ese deseo de “cumplir” con las expectativas de esta sociedad que son imposibles de alcanzar. Dios quiere personas reales, no perfectas.

Eres más que un cuerpo bonito, un buen maquillaje, unos brazos musculosos; un buen outfit, el deporte que practicas o tu plato de comida. Querer encajar en los estándares de belleza impuestos por el mundo (tallas, medidas, hábitos) te lleva a perder la verdad de lo que Dios dice que eres.

Tanto te amo que te llevo grabado en la palma de mis manos. Isaías 49:16.

No porque todos lo hagan, lo tienes que hacer

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta. Romanos 12:2.

– Descansa de las redes sociales por periodos de tiempo y conecta con el relacionamiento cara a cara.

– Cambia la crítica por admiración a los demás.

– Pregúntate el para qué (intención) de eso que estás haciendo.

– Aprende a decir no y a poner límites, eso te ayuda a formar carácter.

La carrera es contigo, deja la comparación

Corramos con paciencia la carrera que está por delante, puestos los ojos en Jesús. Eclesiastés 12: 1-3.

Nuestra carrera no es la de este mundo, es la eterna. La carrera de la vida no es de velocidad, sino de resistencia. No importa qué tan rápido quieras ir para ser el mejor en lo que haces, si en el camino pierdes de vista que tu meta es eterna.

Cuando hay una carrera, todos corren para ganar, pero sólo uno recibe el premio. Así que corran para ganar. Todos los deportistas que compiten en la carrera tienen que entrenar con disciplina. Lo hacen para poder recibir un premio que no dura. Pero nuestro premio dura para siempre. Por eso yo no corro sin una meta ni peleo como los boxeadores que sólo dan golpes al aire.

Golpeo mi propio cuerpo, lo castigo para controlarlo, para así, no resultar yo mismo descalificado ante Dios, después de haber anunciado la buena noticia de salvación a los demás. 1 Corintios 9: 24-27.

– No midas tu proceso con la regla de otro.

– No te enfoques en las metas y más bien disfruta el proceso.

– Vive un día a la vez y busca ser mejor que ayer.

4-  Comer nutritivo no es un tema de dietas o modas

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños. 1 Corintios 6:19-20.

Como cristianos solemos preguntarnos ¿qué haría Jesús en esta situación? pues queremos honrarlo en la manera en que vivimos, pero alguna vez te has preguntado ¿qué comería Jesús? La realidad es que a Jesús le importaba la salud de las personas y eso se evidencia en muchas sanidades milagrosas que testifica la Biblia.

Construye una relación sana con la comida, no te vayas al extremo de dietas restrictivas que terminan por afectar tu felicidad y salud mental. Ni al otro extremo de lo ultraprocesado, comer a deshoras y que no te importe nutrir tu cuerpo con información (alimentos) que le hagan bien a tu organismo.

– No es un todo o nada (restricción) es un balance (sostenibilidad): Elige que el 70 % de tus alimentos tengan un aporte de nutrientes, que sea natural, fresca y deja un 30 % de alimentos para esos gustos, celebraciones, invitaciones para alimentos más procesados.

– Aumenta el consumo de fi bra incluyendo verduras en tus desayunos como huevos con espinaca, tomate, champiñones.

– Consume mínimo tres porciones de verduras al día.

– La fruta es el mejor postre. Consume al menos dos porciones de fruta al día.

– Elige siempre agua: a donde va tu celular va tu termo.  Así no tendrás excusa para no cumplir con la hidratación.

– Despídete de las gaseosas, créeme lo que hoy te cuesta mañana será el doble.

5 – El deporte construye sonrisas

El corazón alegre es un buen remedio, pero el ánimo decaído seca los huesos. Proverbios 17: 22.

Al practicar un deporte de manera constante se estimula la producción de endorfina y dopamina, dos de las cuatro hormonas de la felicidad, lo que te hará mejorar tu salud emocional, mental y física.

No busques hacer ejercicio solo por cómo te ves, no es un tema de ego. De nada servirá ejercitarte si no tienes claras las motivaciones por las que lo haces. Es un tema de salud integral, empezando por salud mental porque mejora tu estado de ánimo, emocional y por ende físico.

– Antes de practicar un deporte busca ser una persona físicamente activa: caminar durante el día, subir las escaleras y no tomar el ascensor, tener pausas activas.

– Identifica qué tipo de deporte se adapta a tus gustos: si eres más de un deporte grupal como clases de baile o fútbol.

– Si prefieres entrenamientos de alta intensidad como correr, montar bicicleta o si por el contrario te hace feliz algo más tranquilo como pilates, funcional. Pues si no lo disfrutas no será sostenible con el tiempo.

– Es cuestión de disciplina y no de motivación.

El ejercicio no se piensa, solo se hace. Si mucho lo piensas terminas por sacar una excusa.

6 – El tiempo es un recurso no renovable

Hay un tiempo para todo. Eclesiastés 3:1.

¿A qué y a quién le estás dando tu tiempo? Dedica tiempo a tu relación con Dios: orar, ayunar, leer la Biblia, devocional, alabar.

– Disfruta de la creación de Dios y empieza a tener contacto directo con la naturaleza: Tomar la luz del sol a diario, respirar aire fresco, tener plantas en tu casa.

– Elige usar Biblia física y no digital.

– Conecta con la comunidad de tu iglesia.

– Journaling: ten una agenda de apuntes donde puedas escribir las promesas que Dios te da durante el día.

– Agradece más y quéjate menos, practica la gratitud como un hábito.

– Madrugar: despertarse temprano hace que tengas tiempo para tu momento no negociable con otra tarea del día (pasar tiempo con Dios) así sean 10 minutos o 1 hora, quienes madrugamos tenemos ese espacio tiempo sin que nada ni nadie nos distraiga.

Por: Tatiana Suárez. Coach de nutrición integral, salud holística y medicina funcional. Integrative Nutrition (IIN), NYC.

Foto: Dmitriy Frantsev – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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