Asesinos del matrimonio

Por María Isabel Jaramillo

“Amiga, te cuento que me separé”. Fueron sus palabras antes de desplomarse en llanto. Yo sabía que llevaban tiempo luchando por salvar su matrimonio. En especial conocía la versión de ella, mi amiga cercana que constantemente me contaba cómo ideaba planes para fortalecer su relación. “Es muy duro. Estoy muy confundida, pero es lo mejor”.

Como su única amiga creyente, me conmovió profundamente escuchar que ella y su esposo consideraban que separarse era lo mejor. Como ellos, uno de cada tres matrimonios en Colombia se acaba, considerando que es lo mejor para ambos, de acuerdo con el reporte de Notariado y Registro que engloba los últimos 10 años.

Sin importar las causas, muchos matrimonios están tambaleando. ¿La razón? Satanás quiere acabar con la familia, con nuestras generaciones venideras, quiere limitar la bendición y hacernos creer la mentira de que un fracaso matrimonial es mejor.

Por supuesto, no estamos sugiriendo que una pareja permanezca infeliz en un matrimonio sin amor solo por el hecho de no “fracasar”. Se trata de recordar que Jesús puede restaurar cualquier relación y sanar cualquier corazón roto. En Él siempre hay esperanza, pero también se trata de recordar que un matrimonio no se acaba en un día y son los pequeños detalles que dejamos de hacer el uno por el otro los que nos llevan a ver la relación terminada.

Por eso decidí investigar cuáles son esos pequeños factores que contribuyen a terminar con un matrimonio y me encontré con Debra Fileta, una consejera cristiana, profesional y licenciada, autora y dedicada a difundir el mensaje de que las personas sanas crean relaciones saludables. Ella nos comparte 10 asesinos que amenazan los matrimonios.

Dar prioridad a su familia biológica sobre su relación  

La mayoría de matrimonios discuten más por las relaciones que los rodean que por su propia relación. El papel de sus padres, suegros, hermanos y amigos cambia en el momento en que dice “Sí, acepto”, porque cuando se unen como uno, han elegido poner a su cónyuge por encima de todos los demás. Generalmente conocen las prioridades, pero les cuesta poner los límites correspondientes que hagan sentir al cónyuge amado, respetado y valorado. Los matrimonios saludables aprenden a elegirse unos a otros por encima de todos los demás.

Guardar rencor

Perdonar y olvidar no son lo mismo. Cuando no nos damos cuenta de eso, nos aferramos a nuestras heridas durante mucho tiempo. Y eventualmente esas heridas comienzan a causar estragos en nuestras vidas desde adentro hacia afuera. Pero el perdón no se trata de excusar a la otra persona, se trata de liberarnos para recibir sanidad del Dios que nos perdona una y otra vez.

Aferrarse al pasado

Lo peor que podemos hacer por nuestra relación es definir a nuestro cónyuge por su pasado, en lugar de por quién es en el presente. El pasado puede impactar nuestras vidas, pero solo controlará nuestro presente si se lo permitimos. Es importante ser sinceros sobre nuestro pasado, pero es más importante ver lo que Dios está haciendo en la vida de nuestro cónyuge aquí y ahora.

No tomarse tiempo para la comunicación intencional

Es verdad que la rutina diaria dificulta tener grandes momentos diarios con la pareja y un matrimonio promedio solo invierte unos minutos en sostener una conversación de calidad con su cónyuge. Lo normal es que las ocupaciones te sobrepasen y dejes de conectarte con la persona que amas; sin embargo, esto tarde o temprano le pasará factura y la relación pronto dejará de avanzar. Es fundamental ser intencional en tomarse un tiempo diario para conectarse y comunicarse mutuamente.

Adicción a las redes sociales

Muchos de nosotros llevamos este peligroso asesino de relaciones en el bolsillo. En el mundo de la tecnología enloquecida, el celular que tiene, la manía de publicar en redes, etc. Se convierten en temas más importantes que aquello que nos rodea. No es broma que encontremos nuestro tiempo deslizándose hacia lo inanimado, en lugar de invertirlo en lo íntimo. Desenchufe, desconecte, apague e invierta en su cónyuge.

Descargar el estrés de la vida en el otro

Es muy fácil descargar nuestro estrés en nuestro cónyuge. Podemos adquirir el hábito de contener las cosas hasta que estemos en la seguridad y comodidad de nuestro matrimonio. Y luego explotamos. Desde problemas financieros hasta enfermedades, pérdida de trabajo y dolor, las parejas sanas permiten que el estrés los reúna confiando el uno en el otro, compartiéndolo y llevando la carga juntos.

Negarse a poner al otro primero

El matrimonio es una gran lección de vida continua sobre el “desinterés”. Poner a alguien primero es una tarea increíblemente difícil porque nuestra carne está programada para elegirse a sí misma.

Cada vez que nos decimos que sí a nosotros mismos, estamos diciendo que no a nuestro matrimonio porque el matrimonio no se trata de él contra ella o viceversa, se trata de nosotros, con Dios, contra el mundo.

Tolerar las pequeñas mentiras

¿Por qué una pequeña mentira es tan peligrosa como una gran mentira? Porque ambos tienen el mismo impacto en la intimidad. La honestidad en el matrimonio es como la cadena que los mantiene unidos. Eliminar un enlace o 10 enlaces hace lo mismo: provoca la separación. Si ha cometido errores en su relación o le ha estado ocultando cosas a su cónyuge, ahora es el momento de buscar la verdad y la confesión; porque una relación plagada de deshonestidad, no es relación en absoluto.

Olvidarse de establecer límites saludables

Tendemos a pensar en el juego ofensivo en el matrimonio, olvidando que la estrategia defensiva es igual de importante. Podemos estar haciendo todas las cosas correctas, sin dejar de lado las cosas que son dañinas. Dibuje un círculo alrededor de su matrimonio y protéjalo protegiendo sus emociones, sus interacciones y la forma en que pasa su tiempo.

Dejar que el orgullo entre sigilosamente

“Yo soy mi mayor problema matrimonial” es el tema del trabajo de Paul Tripp en el campo de las relaciones. Ser capaz de mirar hacia adentro es el mayor paso para nutrir una relación. Ser lo suficientemente consciente para reconocer y restaurar tus defectos y defectos, de la mano de Dios, antes de fijarte en los de tu cónyuge. No importa cuál sea el problema en cuestión: siempre se necesitan dos, así que deje el orgullo y busque una solución. Es hora de considerar dónde ha bajado la guardia antes de que estos astutos intrusos entren. Que Dios continúe brindándole la sabiduría para reconocer estos patrones y estar atento a las “pequeñas cosas” al proteger, nutrir y priorizar su matrimonio.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Freepik (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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