Rompe estos odres si quieres una auténtica renovación

por Revista Hechos&Crónicas

Mente, corazón y voluntad son odres que trasvasan el vino de pensamiento a sentimiento y de sentimiento a comportamiento.


La mente: La renovación mental no se circunscribe a ese cambio de enfoque y actitud frente a la vida, propio del converso; se trata de un proceso actualista siempre en marcha, como la rama a la que se le secan algunas hojas y naturalmente las reemplaza por nuevas y verdes. El cerebro del hombre recibe información ininterrumpida y la acumula para bien o para mal, consciente, o inconscientemente. En el caso del creyente, como en la propia cibernética, hay virus intrusos que alteran o borran información. Satanás es experto en producirlos y enviarlos a la red. Conviene, por lo tanto, atender bien a la Escritura: ¿quién ha conocido la mente del Señor para que pueda instruirlo? Nosotros, por nuestra parte, tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios 2:16.

Algunas corrientes del cristianismo surgidas en la segunda mitad del siglo XX enseñaron que la mente de Cristo nos llega por medio de mecánicos y obsesivos ejercicios de control mental, a la manera de los orientales. La primera renovación mental que hoy se requiere es, eliminar el virus oriental del pensamiento cristiano occidental.

El corazón: Rafael Núñez acertó cuando dijo que ‘el corazón del hombre es un abismo inescrutable’. Jeremías lo ha calificado de perverso y se pregunta, perplejo: ¿Quién lo conocerá? Salomón recomienda a su hijo que guarde primeramente el corazón. Jesús mismo descifra la clave de la conducta humana: Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos… Marcos 7: 21a. Del corazón humano salen los malos pensamientos. El hombre primero piensa y después siente. De la mente al corazón, del pensamiento al sentimiento viene la contaminación. Por eso Ezequiel profetiza un cambio de corazón, por medio del cual se muda la piedra en carne en el interior del ser humano. La palabra corazón en la  Biblia no describe simplemente al músculo que sirve para mover la sangre, sino al ser íntimo de la persona, lo que se conoce como ego. Pero si cambiamos la manera de pensar, cambiará la manera de sentir.

La voluntad: Hoy muchos oran: ‘hágase mi voluntad’. El afán de ofrecer fórmulas mágicas o facilistas para la solución del angustiado hombre de esta época, ha llevado a “maestros” de dudosa ortografía a hacer de Dios un autómata al servicio del humano capricho. Por otra parte, el ardiente egocentrismo originado por la casi imperceptible deificación humana del siglo XX, ha permitido a muchos exclamar como el ángel caído: «Subiré hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios!…». Isaías 14: 13.

Es muy difícil encontrar uno en un millón que hoy ore como Jesús en Getsemaní: «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya». Lucas 22:42. La Biblia no informa claramente lo que ha pasado en cada uno de los casos: Satanás es arrojado al abismo por hacer su voluntad; Jesús, exaltado sobre los cielos, por hacer la voluntad del Padre celestial.

Por: Rev. Darío Silva-Silva. Fundador y presidente de la Iglesia Cristiana Integral Casa Sobre la Roca.

Foto: Archivo particular.

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