¿Cómo está tu self love?

por Revista Hechos&Crónicas

“Auto” significa “por sí mismo”; en consecuencia, autoestima quiere decir que yo me estimo a mí mismo; es decir, la popular expresión anglosajona self love. Isaías nos ofrece motivos para ello: A cambio de ti entregaré hombres; ¡a cambio de tu vida entregaré pueblos! Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra. Isaías 43:4.


Pese a lo que aquí nos dice el Señor a sus hijos, muchos de nosotros nos auto- menospreciamos, sufrimos complejos de inferioridad. Valdría la pena preguntarse: ¿qué padre no ama a sus hijos y no los considera dignos de honra? Si somos hijos de Dios, esta es una promesa para nosotros. Yo me estremezco al pensar que soy precioso y digno de alabanza para mi Padre celestial, porque Él me ama. A veces confundimos orgullo con autoestima; y, precisamente, allí comienzan los problemas del pueblo evangélico latinoamericano.

Para muchos predicadores, si usted se autoestima es un orgulloso. Sin embargo, el Señor quiere que usted se ame a sí mismo puesto que le ordena: “Ame a su prójimo como se ama a sí mismo”. Lógicamente, si usted se menosprecia, ¿qué amor le dará entonces a su prójimo? Autoestima es un tema de urgencia en los púlpitos.

A algunos les suena raro que se hable de lo que Paul Tillich llamó “autoaceptación paradójica” por oposición al concepto de auto-amor (self love). En grupos cristianos se ha enseñado que uno debe menospreciarse a sí mismo, dándole la razón al apóstol Pablo cuando se refiere a los que afectan humildad, pero no son humildes. Hay graves inconvenientes en la interpretación de este tema. Mucha gente ya no sabe a qué atenerse: primero llegan los de la teología de la miseria y enseñan que a Dios le satisface ver a sus hijos habitar en favelas de cartones, cubiertos de sotanas raídas a lo Martín de Porres, con el cabello y la barba llenos de insectos, y un penetrante “olor a santidad” porque es pecado usar desodorantes; y luego llegan los de la teología de la prosperidad y les predican que cada cristiano está llamado a ser un Bill Gates.

Y, en medio de tales contradicciones, las mentes sencillas se preguntan: ¿Será verdad lo uno o lo otro? Pues bien, el cristianismo es equilibrio y balance, como lo he dicho tantas veces. Quienes enseñan el auto menosprecio como patente para agradar a Dios, deberían releer el libro de Job. A este célebre personaje de la antigüedad le fracasó todo: quebró en los negocios, enfermó gravemente, su mujer lo abandonó, murieron los hijos trágicamente. Y él, ¿cómo reacciona? Pero yo tengo tanto cerebro como ustedes en nada siento que me aventajen. ¿Quién no sabe todas esas cosas? Job 12:3.

“Señores: es verdad que me encuentro en situación calamitosa, no tengo un dólar, perdí toda mi familia, estoy enfermo y sin soluciones a la vista, pero no soy menos que ustedes”. Esto se llama autoestima. La pregunta pertinente es ¿si usted no se ama a sí mismo, qué amor les va a dar a los demás? La autoestima hace parte de los propósitos de Dios para sus hijos. Valórese usted en lo que es, no se sobrestime valorándose por encima de lo que es, ni se subestime tasándose por debajo de su valor real. El amor propio, la autoestima, no es orgullo. Propiamente orgullo es creerse más de lo que se es; y falsa humildad, creerse menos de lo que se es. No más y no menos, es la clave.

Por: Rev. Darío Silva-Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Freepik (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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