Practica la alegría en esta Navidad

por María Isabel Jaramillo

Este es el día que hizo el Señor, me gozaré y alegraré en Él.


Era una mañana como cualquier otra. Me levanté temprano y tuve un “café con Dios”. Lo disfruté como todos los días. Mi esposo se levantó, también mis hijos. Hice el desayuno, alisté uniformes, loncheras, peinados. Risas y regaños. Los va a dejar la ruta, los amo… voy a sacar al perro.  Adiós amor, nos vemos en la tarde.

Cuando estaba a punto de bañarme el teléfono sonó. El de la casa, el fijo. Ese que nadie se acuerda que existe y al que solo una persona llama. Eran las 6:38 am. Aun antes de contestar sabía quién era y que algo no estaba bien. “Hola mami. ¿Qué pasó?”.

Al otro lado de la línea mi mamá lloraba. Tuvo un accidente, se cortó en el brazo y la sangre no se detenía. Necesitaba puntos y no había nadie más para llevarla a urgencias.

Mi día normal cambió completamente. Todo fue empeorando cuando los médicos me dijeron que algo iba mal y que no necesitaba una simple sutura. La hospitalizaron, hicieron preguntas, corrieron… su tensión estaba muy baja y todo parecía al revés. Ahí estaba yo, decidida a no dejarme robar la alegría: este es el día que hizo el Señor, me gozaré y alegraré en Él.

Ese día recordé algo que he aprendido por muchos años desde que permití que Dios fuera el Rey de mi vida y que está escrito en Juan 6:33: en este mundo encontraremos aflicción. Y aunque una cortada como la de mi mamá no parezca algo tan serio, en medio de mi angustia pude reflexionar en que la desesperanza y la aflicción también son sentimientos presentes en esta temporada de Navidad.

De hecho, según la OMS, el 44 % de la población padece síntomas de ansiedad, depresión o tristeza en Navidad y aunque las razones son variadas, hay personas que, durante esta época en la que todos nos sentamos a la mesa a celebrar, están pasando por situaciones de agobio que les impiden festejar con alegría. En prácticamente todos los grupos hay alguien atravesando alguna situación difícil cuando todos a su alrededor disfrutan una temporada feliz. “Durante estas fechas y en los meses posteriores, aumentan las consultas clínicas en el ámbito psíquico. Hay muchas personas que durante estas fechas y de cara a sus propósitos de cambio para al año nuevo, se deprimen profundamente, pero otras también adquieren un mayor coraje y demandan ayuda psicológica y médica”, añade la psiquiatra Sandra Farrera. Es algo inevitable en este mundo caído donde el dolor y a alegría son el pan de cada día.

Y aunque suene un poco cliché, es importante aprender a ver la belleza en medio de la dificultad. Esto es lo que muchos llaman resiliencia. La capacidad de levantarse y continuar cuando todo parece desmoronarse.

No es fácil celebrar una Navidad cuando se ha perdido a un ser querido, cuando se afronta un proceso de separación o abandono o cuando se atraviesa por una quiebra económica. Esos son problemas evidentes con los que generalmente somos más comprensivos. Sin embargo, también existes tristezas profundas de las que no tenemos conocimiento que llevan a las personas a sentirse miserables durante esta época, más aún cuando lo que se espera es que sonrían y disfruten la alegría de la temporada.

La Navidad es una época en la que las personas más solas y necesitadas se sienten especialmente vulnerables. Jesús nos pidió que hagamos un esfuerzo extra para satisfacer las necesidades de los pobres Den más bien a los pobres de lo que está dentro, y así todo quedará limpio para ustedes.(Lucas 11:41), los hambrientos y sedientos, los necesitados de ropa, a los enfermos y los que están en prisión (Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me dieron alojamiento; necesité ropa y me vistieron; estuve enfermo y me atendieron; estuve en la cárcel y me visitaron. Mateo 25:35-36).

Tenemos el privilegio de “ser Navidad” para otros. Compartir la temporada que alegra a la humanidad pues se conmemora la llegada de nuestro Salvador, nos permite cambiar de perspectiva para animarnos a nosotros mismos, pero, más importante aún, animar a otros desde nuestra esperanza.

Y aunque los adornos navideños, la deliciosa comida tradicional, la música y los regalos construyen el ambiente perfecto, la Navidad se trata también de compartir el amor de Dios. Se trata de involucrarnos con otras personas y vivir con ellos la mezcla de dolor y alegría que pueden estar sintiendo en este tiempo. Se trata de agradecer juntos el privilegio de celebrar una nueva Navidad, aunque no todo fluya como lo esperamos. Se trata de pararnos en medio de la celebración y unir los pedazos  de corazón roto de alguien más para que pueda centrarse en lo que Dios ha hecho por todos.

La Navidad es la temporada perfecta para reflexionar sobre las cargas que llevan las personas que nos rodean. Tal vez no podamos saberlo todo, pero sí podemos ayudarlos a encontrar gozo en medio de su desesperanza. Finalmente, ese es el símil de nuestra manera de vivir. En medio de un mundo caótico y en declive, vivimos confiados en la esperanza de una vida eterna con Jesús. Abraza esta temporada con gratitud por todo lo que Jesucristo ha hecho y abraza un corazón roto en esta Navidad.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Freepik (Foto usada bajo licencia Creative Commons) 

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