El verdadero concepto de la amistad

Por Revista Hechos&Crónicas

Philleos es un vocablo griego de mucha fuerza, del cual se deriva la palabra filantropía. Philleos, amor; antropos, hombre. La filantropía es el amor a la humanidad, que se supone es el que practican los así llamados filántropos.

La Biblia, por su parte, define el amor amistad como philleos. Un buen ejemplo puede hallarse en la relación que mantuvieron David y Jonatán. El padre de este último, Saúl, se llenó de envidia contra David y forjó un plan para matarlo. Jonatán, por contraste, honró hasta las últimas consecuencias la amistad e hizo un pacto con David, según el cual, siempre que el rey quisiera eliminarlo, él le daría aviso a su amigo, para que escapara de la muerte.

Finalmente, cuando el propio Jonatán y su padre mueren a manos de los filisteos, David levanta un salmo de lamento por el rey y por su hijo, en el cual se lee: ¡Cuánto sufro por ti, Jonatán, pues te quería como a un hermano! Más preciosa fue para mí tu amistad que el amor de las mujeres. 2 Samuel 1:26.

Las antiguas traducciones bíblicas suelen traer equívocos. Hace casi 500 años don Casiodoro de Reina tradujo “amistad” como “amor” y no faltaron acuciosos sinvergüenzas que interpretaran abusivamente ese versículo –ya en el contexto freudiano del siglo XX- como una supuesta prueba de que David y Jonatán eran homosexuales. ¡Qué descaro! Si entendieran el salmo conforme a su sentido original, en términos precisos podrían decir: “más preciosa fue para mí tu philleos que el eros de las mujeres”. Una cosa es amistad, otra cosa es erotismo. La ignorancia siempre será atrevida. Tratemos de interpretar, de una vez por todas, el verdadero concepto de la amistad, desde el punto de vista de Jesucristo.

Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Juan 15:13-14. Una madrugada, mientras estaba orando, tuve la impresión muy fuerte de que el Señor me hablaba sobre este asunto, y me decía: “En realidad, tengo muchos siervos, pero muy pocos amigos; y me gustaría que tú seas no solo mi siervo, sino mi amigo”.

Es necesario ser amigos de Jesús, no basta ser sus siervos, pues hay muchos que le sirven pero no son sus amigos. En la iglesia, entre los feligreses, ocurre algo similar, a escala puramente humana: todos son hermanos, pocos son amigos. Hay que cultivar la amistad dentro de las congregaciones. El amigo es más unido que un hermano, dice Salomón. Si hay algo que pone a prueba la santidad es la amistad.

Por: Rev. Darío Silva–Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Hannah Busing – Unsplash (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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