El legado de Jaime Duque

Por Revista Hechos&Crónicas

El parque Jaime Duque es un tesoro para los colombianos. Ubicado en el Km 34 Autopista Norte – Tocancipá, Cundinamarca, se ha convertido en un paso obligado para propios y turistas, pues permite tener un encuentro con la naturaleza y un recorrido fascinante de diversión y cultura. Sin embargo, no muchos conocen la historia detrás de este emblemático parque.

Jaime Duque Grisales nació en 1917, en Villamaría, Caldas, en medio de una familia humilde, muy creyente en Dios. Siempre quiso ser piloto, debido a la gran admiración que sintió por Charles Lindbergh, primer piloto en cruzar el océano Atlántico, de oeste a este, uniendo el continente americano y el continente europeo en un vuelo sin escalas.

Durante esa época y debido a su condición humilde, nadie creía que Duque pudiera convertirse en piloto; sin embargo, fue muy disciplinado y trabajó por cumplir su sueño. Con mucha fe, pero también con mucho trabajo, logró conseguir una beca en EE. UU. Superando aun la barrera del idioma. Gracias a esto logró certificarse como aviador, luego de cursar estudios profesionales en aerodinámica, aviador civil y piloto instructor de vuelo, en la Universidad de Purdue en Lafayette – Indiana.

En 1944 regresó a Colombia para trabajar como piloto civil durante la época de la aviación heroica, cuando los pilotos se jugaban la vida en pequeños aviones construidos con tela y madera. Llegó a ser el primer piloto colombiano en ocupar la Jefatura General de Pilotos de Avianca. En cuatro años nacionalizó el cuerpo de pilotos antes conformado por personal extranjero e inauguró los vuelos nocturnos. En 1949, utilizando la navegación astronómica, se convirtió en el primer aviador colombiano en cruzar los océanos, para establecer rutas aéreas a las principales ciudades de Europa y Norteamérica como Nueva York, Madrid, Roma y París, entre otras. El vuelo inaugural Bogotá – Roma duró 32 horas.

Un servidor para la comunidad

Uno de los mayores sueños de Jaime Duque era aprovechar sus ingresos y conocimiento para servir a la comunidad. Constantemente pensaba en los niños de Villamaría, a quienes buscaba evitarles las penurias que él mismo sufrió. Comenzó donando libros y útiles escolares a niños de escasos recursos y apoyó diversos colegios de su ciudad natal. Más adelante, con su propio sueldo construyó el colegio Jaime Duque, que costeó los estudios de 1.500 niños.

Además, donó la biblioteca, compuesta por 15.000 volúmenes y construyó un hermoso edificio en la Escuela Militar de Cadetes, para ubicarla. También construyó un edificio estilo español como sede de la alcaldía de Villamaría, el cuartel para bomberos, una máquina contra incendios y un lote para el comando de la Policía.

En 1952, tras completar 11.000 horas de vuelo, se retiró de la aviación y con ahorros y préstamos bancarios organizó una próspera empresa construyendo más de 300 casas y edificios, muchos aún perduran. Sus utilidades fueron la base para la obra social y la creación del Parque Jaime Duque.

Los cimientos del parque

Duque admiraba profundamente a Walt Disney y lo que había logrado al crear parques que brindaran espacios felices a las personas, por eso su siguiente sueño fue el parque, que comenzó su construcción en 1977, ya de la mano de su esposa Amparo Quin de Duque. Se trataba de un proyecto que funcionaría como centro cultural y recreativo que a su vez generaría recursos para apoyar a los menos favorecidos.

Como en su labor de piloto recorrió el mundo, quiso replicar las maravillas que conoció para ponerlas al alcance de los colombianos, por eso instaló, por ejemplo, su propio Taj Majal. Además, como se maravillaba al ver a Colombia desde las alturas, creó un mapa gigante de Colombia (80 metros de largo por 60 de ancho) con el que la gente podía darse una idea de lo que él veía desde el aire.

El Parque Jaime Duque abrió sus puertas al público el 27 de febrero de 1983 y desde ese momento se ha convertido en un referente para los colombianos y considerado por Discovery Travel & Living como uno de los mejores parques de Latinoamérica. Es un complejo de 200 hectáreas, donde se conjugan una gran variedad de atracciones y actividades recreativas y culturales, enmarcadas en zonas de reserva ambiental. Desde ese momento, el valor de las entradas al parque se destina para la obra social.

Uno de los más grandes referentes de este parque es el Monumento a Dios, una muestra de la fe que profesaba Jaime Duque, quién siempre repetía: “yo inicio el tejido, pero Dios es quien da los hilos”. Se trata de una mano (la mano de Dios) sosteniendo a un mundo de 25 metros de diámetro, 38 de altura y 750 toneladas de peso.

Mientras Jaime Duque envejecía, continuó su labor social hacia los niños, pero también amplió su foco hacia los ancianos, así que se dedicó a colaborar con ancianatos. Además, la fundación Jaime Duque se alió con la Fundación Proyecto Unión, entidad que trabaja con dos de las poblaciones más vulnerables: niños enfermos y adultos mayores habitantes de calle

Después de la muerte de Duque en 2007 y de su esposa, Amparo, en 2018, sus hijos han establecido que el propósito del parque es ayudar. Es por esto que buscan diversas instituciones con puntos en común para generar una red de amigos con quienes trabajar los temas que afectan a las familias y a la comunidad en general.

El parque hoy

A medida que el parque fue creciendo, se hizo necesaria una restructuración. El impacto de la industria en la naturaleza de Tocancipá, municipio que alberga el parque, fue necesario un trabajo arduo por cuidar la creación en conjunto con diversas instituciones aliadas, por lo que se amplió el espectro de fundación para trabajar por la naturaleza, por eso parte del parque es reserva de la sociedad civil dedicada a cuidar ecosistemas, la regeneración de humedales y la restauración del área.

Actualmente cuenta con un bioparque donde viven animales rescatados por las autoridades ambientales, víctimas del tráfico ilegal, que, al perder su habilidad para sobrevivir en su entorno natural, permanecen en este espacio, donde reciben el cuidado de un equipo técnico y profesional. Paralelamente, se desarrollan programas de conservación entre los que se resaltan el del Cóndor de los Andes, del que solo quedan 70 en el mundo, el Oso Andino y la Tingua de Pico Verde.

Desde el consejo administrativo, conformado por María Amparo y Rafael Torres, se ha invertido tiempo y esfuerzo en que el parque aporte al aprendizaje de los visitantes, en especial en pro de la unión familiar. “Algo que hemos estado analizando es que los ecosistemas que no se cuidan, se degradan y la familia es el ecosistema más importante en el plan original de Dios. Por eso nuestro compromiso es mantener un parque de recreación familiar, que además cumpla con la labor de reforzar lazos familiares”, asegura María Amparo Torres, presidente del Parque Jaime Duque, quien además es consejera y miembro de Casa Sobre la Roca y cuenta con una especialización del instituto de la familia de la Universidad de la Sabana.

Es por esto que el parque recientemente lanzó una nueva atracción. Se trata de la actividad “una aventura en familia”, en la que las familias realizan una carrera de observación para ir descubriendo pistas a través de 12 temáticas que les permiten comprender que el verdadero tesoro es la familia.

Hoy el parque Jaime Duque, con 39 años, es un tesoro para los colombianos.  Cuenta con 500 trabajadores comprometidos con la labor social y cultural y se ha convertido en el primer empleo de muchos jóvenes. Además, se encuentra permanentemente en proceso de renovación con nuevas actividades y atracciones, pues el legado de su fundador aún tiene mucho por aportar a nuestra sociedad.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com 

Fotos: Archivo particular. 

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