Este año cerramos la generación Alfa (nacidos entre 2010 -2024) y damos la bienvenida a los Betas (nacidos entre 2025 y 2039) ¿Quiénes serán los miembros de esta nueva generación y qué factores moldearán sus valores, comportamientos y aspiraciones? ¿Sera la IA la protagonista de esta generación? ¿Qué tan importante será la fe?
El término “Beta” fue acuñado por el demógrafo australiano Mark McCrindle, siguiendo la lógica del alfabeto griego para nombrar nuevas cohortes generacionales. Y aunque hasta ahora este grupo está en pañales, se han convertido en el centro de muchos debates sobre el futuro de la humanidad.
Cifras y datos
– Se estima que para 2035 representarán el 16 % de la población mundial.
– 2.546.138 son los nacimientos globales de la generación Beta cada semana.
– Principales países de nacimiento: India, China, Nigeria.
– Los Beta serán los primeros verdaderos nativos de la inteligencia artificial, la automatización y la realidad aumentada.
– Serán hijos de la generación Y más joven (millennials) y de la generación Z mayor.
Hiperconectados al 100
Mientras que la Generación Alfa vivió el auge de la tecnología inteligente y la inteligencia artificial, la Generación Beta vivirá en la era de la IA en todas sus tareas cotidianas (educación, trabajo, transporte, atención médica, entretenimiento, etc.). Los algoritmos de IA adaptarán su aprendizaje, sus compras y sus interacciones sociales de maneras que hoy solo podemos imaginar.
La sociedad de los Beta
- Salud mental en un entorno hiperconectado.
- Ansiedad climática y conciencia ambiental.
- Construcción de identidad en un mundo globalizado.
- Sobrecarga informativa y necesidad de pensamiento crítico.
- Mentalidad más global, más centrada en la comunidad y más colaborativa que nunca.
- Se familiarizarán con las amistades, la educación y las carreras profesionales en una era donde la interacción digital es la norma.
- Construir sus propias identidades digitales con seguridad y sabiduría (impulsadas por sus padres) será una prioridad.
- La resiliencia emocional y la adaptabilidad serán habilidades clave.
Los Beta desde una perspectiva neuropsicológica
Hechos&Crónicas habló con la neuropsicóloga cristiana Yajaira Bermúdez sobre esta nueva generación que tiene varios retos que enfrentar.
Al preguntarle cómo cree que el uso temprano y constante de la tecnología está moldeando el desarrollo cerebral de la Generación Beta, explicó lo siguiente: “Aunque no existen todavía estudios longitudinales sobre el Gen Beta, ya que es la generación emergente, la evidencia actual permite analizar cómo el uso temprano y constante de la tecnología influye en procesos cognitivos y socioemocionales fundamentales.
Los niños expuestos de forma intensa a pantallas (más de una hora al día) muestran una reducción significativa en la atención sostenida y mayor distractibilidad”, dijo la experta.
Para Bermúdez, la gran ventaja de los Beta es el fácil acceso a la información, sin embargo, “un uso excesivo de tecnologías, limita la capacidad de resolver problemas autónomamente ya que no estimula el desarrollo de funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la inhibición y la flexibilidad cognitiva.
Por otro lado, la dependencia digital para el entretenimiento infantil se relaciona con mayor impulsividad, baja autorregulación y menos oportunidades para lidiar con emociones negativas lo que interfiere con el control emocional”, cuenta Bermúdez a H&C.
Sin embargo, es posible que todo lo mencionado anteriormente pueda ser subsanado con grandes avances tecnológicos o que dejen de ser un problema porque el entorno cambie en función del modelamiento de los nuevos cerebros.
“Pero hay algo que nunca podrá reemplazar la tecnología y que sí es un problema para la formación de los futuros cerebros, la interacción social. Si la generación Beta crece con la cabeza agachada mirando una pantalla, perderá la oportunidad de desarrollar las habilidades que nos hacen únicos como especie», enfatiza Yajaira.
¿Cómo cree que será la espiritualidad en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños de la generación Beta?
Y.B.: Desde la neuropsicología, hay evidencia de que las prácticas espirituales y contemplativas —como la meditación, la oración o el agradecimiento— activan áreas del cerebro asociadas con la regulación emocional, la atención sostenida y la toma de perspectiva. En la infancia, estos efectos podrían traducirse en mayor resiliencia, autoconciencia y conexión social. Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida. Juan 9:3.
¿Cómo pueden los padres cristianos fomentar un equilibrio saludable entre el uso de la tecnología y el desarrollo de habilidades sociales en sus hijos?
Y.B.: Yo les pediría a los padres cristianos que no se preocupen tanto por quitarle los dispositivos digitales a sus hijos, sino que se enfoquen en quitarse ellos mismos los dispositivos. Cualquier niño, nazca en la época que nazca, siempre le va a interesar más la interacción con sus padres que la tecnología. El momento en que los padres quiten la mirada de su pantalla en la que aprenden los mejores consejos sobre crianza respetuosa y la posen sobre los ojos de sus hijos para interactuar con ellos genuinamente, habrán hecho la diferencia. Seguro que lo demás, vendrá por añadidura.
¿Cómo cree que los valores bíblicos pueden influir positivamente en la formación de la identidad y el carácter de la generación Beta?
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son las tres preguntas existenciales del hombre. Cuando alguien sabe quién es, de dónde viene y hacia dónde va, tiene la autopista correcta para echar a andar la búsqueda del propósito para el cual fue creado. A la generación Beta hay que enseñarles cuál es su origen, afirmarlos en su identidad, esperanzarlos con su destino y acompañarlos en el cumplimiento de su propósito.
¿Qué desafíos específicos enfrenta la Generación Beta en términos de salud mental, y cómo puede la fe cristiana ofrecerles herramientas para afrontarlos?
Y.B.: Es posible que los niños de esta generación tengan que lidiar con un aumento en la tasa de ansiedad infantil, vinculada a la sobreestimulación, la presión por el rendimiento y la exposición constante a información sin filtro.
En medio de este panorama, la fe cristiana puede ofrecer herramientas profundamente restauradoras y estructurantes para su desarrollo emocional y cognitivo. Desde la neuropsicología sabemos que los niños necesitan vínculos seguros, coherencia interna, narrativa de vida y propósito.
La fe cristiana ofrece estos elementos de manera integral: les recuerda que son amados incondicionalmente (seguridad afectiva); les da una narrativa clara sobre quiénes son y para qué viven (identidad y propósito); los invita a practicar la gratitud, el perdón y la oración, que se asocian con mayor bienestar psicológico y regulación emocional.
Además, vivir la fe en comunidad (familia, iglesia, escuela) fortalece habilidades sociales como la empatía, la solidaridad y la responsabilidad compartida, contrarrestando el aislamiento emocional al que muchos niños están expuestos.
Una generación [con propósito]
La Biblia habla con frecuencia sobre generaciones y su papel en el plan divino. Deuteronomio 32:7 dice: Recuerda los días de antaño; considera las generaciones pasadas. Pídele a tu padre que te lo diga, y a los jefes que te lo expliquen. Sin duda, cada generación tiene una responsabilidad: aprender del pasado, vivir con propósito en el presente y preparar el camino para el futuro. La Generación Beta no es una excepción.
Aunque crecerán rodeados de tecnología, su valor no estará en los algoritmos, sino en su capacidad de amar, crear, servir y transformar, como dice Salmos 145:4: Cada generación celebrará tus obras y proclamará tus proezas.

