Lo que dicen la psicología, el diseño y la creación de Dios.
¿Has escuchado que el mundo se está volviendo gris? Mira a tu alrededor. Las ciudades modernas, los carros que circulan en las calles, los dispositivos tecnológicos o las tendencias de diseño interior. Predominan los blancos, negros, grises y beige que parecen haber desplazado la riqueza cromática que caracterizó otras épocas.
En este punto puede que pienses que este no es un problema y que prefieres la sobriedad por encima de los “colorinches” que caracterizaron otras épocas. Por eso, Hechos&Crónicas se hizo la pregunta… ¿La pérdida de color afecta nuestra mente y nuestras emociones?
La respuesta de psicólogos, neurocientíficos, arquitectos y diseñadores es mucho más profunda de lo que imaginamos y nos brinda luces de lo que Dios quiso crear cuando pintó el mundo de colores.
No solo es decoración
Uno de los trabajos más influyentes en psicología del color es la revisión científica realizada por los psicólogos Andrew Elliot (Universidad de Rochester) y Markus Maier (Universidad de Múnich), publicada en Annual Review of Psychology en 2014. Tras analizar décadas de investigación, concluyeron que el color influye en la cognición, las emociones, la motivación y el comportamiento humano, mucho más allá de una simple preferencia estética.
Los autores sostienen que nuestro cerebro asigna significados psicológicos a los colores basándose tanto en factores biológicos como culturales. Esto significa que los colores no son únicamente “bonitos” o “feos”; también afectan la manera en que pensamos, sentimos y actuamos.
Por ejemplo, investigaciones revisadas por Elliot y Maier encontraron que la exposición al rojo puede activar respuestas de evitación y disminuir el rendimiento en ciertas tareas intelectuales, mientras que otros colores pueden generar efectos distintos dependiendo del contexto.
Entonces, si el color es tan importante como lo aseguran Elliot y Maier, ¿por qué el diseño moderno se volvió tan neutro? Pues resulta que no es casualidad y la neutralidad en los tonos elegidos por los diseñadores tiene una razón de ser.
Lo que ahora se conoce como arquitectura minimalista, diseño escandinavo y tendencias corporativas, busca acabar con la saturación a la que veníamos acostumbrados en otros tiempos, para transmitir orden, claridad visual, profesionalismo, sobriedad y sensación de amplitud.
De hecho, los colores neutros también tienen una ventaja comercial: funcionan para casi cualquier público y permiten que los espacios envejezcan visualmente mejor.
Además, un ambiente visualmente saturado puede generar sobrecarga cognitiva, mientras que los espacios más simples facilitan la concentración y reducen las distracciones.
¿Sobriedad o monotonía?
Aunque la variación en los colores hacia la neutralidad tiene grandes beneficios, algunas investigaciones advierten sobre lo que ocurre cuando se lleva esta situación al extremo.
Andrew Elliot señala en su revisión de 2015 que “el color influye en procesos afectivos, cognitivos y conductuales, por lo que eliminar gran parte de la diversidad cromática de los entornos puede reducir estímulos psicológicos que forman parte natural de la experiencia humana”.
Un reportaje de la revista norteamericana Wired sobre psicología ambiental y diseño urbano describe experimentos en los que las personas reportaron mayores niveles de bienestar, confianza y satisfacción en espacios que incorporaban color y vegetación, en comparación con entornos dominados por concreto y superficies neutras. La conclusión de numerosos urbanistas actuales es que las ciudades no solo deben ser eficientes; también deben ser emocionalmente habitables.
Para la diseñadora gráfica, Marcela Botero, quien además cuenta con un máster en branding y diseño de empaque de la Escuela Superior de Diseño de Barcelona, “los colores dan un toque único a cada persona y que la gente utilice o compre cosas de los mismos colores, neutros, hace que las cosas pierdan personalidad o identidad.
Los colores ayudan a que las personas sean reconocidas, ni siquiera con esa intención sino por sus gustos. Pero lo que ha pasado entonces es que la gente se volvió plana, no quiere llamar la atención o quiere sentirse parte de un grupo donde no quiere resaltar, y si es así, la magia y el individualismo se pierde.
En mi concepto, la elegancia la hace la persona, no lo que tenga puesto. Por ejemplo, en el caso de diseño, hay como una categorización o un lenguaje en cuanto al tema de empaques, se usan ciertos colores, tipografías limpias y eso hace que se vea más “Premium”. Pero, justamente, pueden ser coloridos manteniendo algo elegante. Pienso que para ser elegante no hay que perder el color, sino saber usar las gamas, combinarlas.
En el caso de las fachadas y de los carros, es algo más cultural. Por ejemplo, en el caso del Quindío, donde los pueblitos son más bellos entre más color tengan porque hace parte de la cultura, sería muy triste que se perdieran esos colores. A diferencia de Bogotá, donde todo es más gris, más neutro y, el mismo clima influye en esto».
Otra opinión muy diferente tiene la lead designer, Paola Narváez, quien encuentra más orden con este cambio en el uso de las tonalidades. “No es que el mundo perdiera sus colores, sino que aprendió a usarlos con intención. Antes los espacios, los objetos y las marcas competían por llamar la atención.
El problema es que cuando todo destaca, nada destaca. Entonces no se trata de eliminar los colores, sino de priorizar, darle una función, guía, jerarquía. El espacio limpio permite respirar, enfocarse, el orden permite entender. Menos ruido visual, más significado. La evolución no fue hacia el gris, sino hacia la intención. A veces asociamos emociones con colores, pero esa emoción no depende de cuántos colores usamos sino de qué tan bien contamos una historia. Al final son maneras de vivir y ver la vida. Como dice el dicho ‘para los gustos, los colores’”.

¿Qué muestra la naturaleza?
La naturaleza, creación de Dios nos brinda una de las pistas más importantes. De acuerdo con las teorías más influyentes de la psicología ambiental, como la Attention Restoration Theory (ART) de Stephen y Rachel Kaplan y la Stress Reduction Theory (SRT) de Roger Ulrich, los entornos naturales ayudan a restaurar la atención mental y reducir el estrés porque el cerebro humano se desarrolló rodeado de paisajes naturales.
Un estudio reciente de la Universidad de Turku encontró que incluso imaginar paisajes naturales durante apenas unos segundos produjo disminución de la frecuencia cardíaca y mayores sensaciones de calma en los participantes. Así fuimos diseñados.
La Biblia dice que los cielos cuentan la gloria de Dios (Salmo 19:1) y que todas las cosas fueron creadas por Él y para Él (Romanos 11:36) y es en la naturaleza, creación directa de Dios, donde encontramos las mejores paletas de color. Los paisajes naturales no son monocromáticos, pero tampoco caóticos. Los colores están presentes, pero en ellos se haya un equilibrio, que nos da cuenta del buen diseñador que es Dios.
En los paisajes algunos elementos destacan mientras otros sirven de fondo. ¡Hay armonía! Y de eso se trata, de encontrar equilibrio y que el color destaque. Por ejemplo, los pájaros de plumaje brillante destacan porque no todo el paisaje compite por la atención.
Dios no creó un mundo minimalista ni un mundo estridente. ¡Creó ambos! Así que la sobriedad no tiene por qué convertirse en monotonía ni la elegancia en ausencia de color. Se trata de encontrar el equilibrio del que Dios nos dio pistas por toda la creación, hallando, como Él lo hizo, una combinación perfecta.

