Desde antes, Dios ya nos conocía

Por Revista Hechos&Crónicas

Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. Salmo 139: l6.

¡Asombroso! En el libro de Dios está escrito desde toda la eternidad cada detalle que se forma en la matriz femenina durante el embarazo. Pero no olvidemos que el desarrollo del Cristianismo se inició dentro del Imperio Romano, cuyo Derecho  Sostenía que el embrión era parte del cuerpo materno -no otro ser sino en el momento del nacimiento y consideraba al aborto como la simple amputación de un órgano perteneciente a la madre, práctica admitida por la ley tanto en Grecia como en Roma. Andando el tiempo, cuando las tribus bárbaras invaden el Imperio, introducen la novedad de que el aborto sea permitido en todos los casos, salvo cuando haya habido violencia contra la madre para producirlo.

En asuntos de natalidad, hubo siempre la idea de que el embrión es una persona dotada de espíritu, alma y cuerpo desde el momento mismo de su concepción. Pese a ello, a lo largo de la Edad Media, época de grandes discusiones, algunos padres de la iglesia produjeron choques entre la ley romana y la verdad bíblica. Curiosamente, Tomás de Aquino afirmó que el alma de los niños varones entraba en el feto a los 40 días de la concepción, en tanto que la de las niñas, solo lo hacía a los 80. Comoquiera que sea, es evidente que antes de ser diminutos embriones, Dios ya nos conocía, y en su Libro estaban escritas todas aquellas cosas que después se formaron en los vientres de nuestras madres, sin faltar una sola.

Un salto temporal nos muestra que en la deshumanizada Francia el aborto fue legalizado en 1973, y en los descristianizados Estados Unidos en 1974, con el criterio de que el cuerpo de la mujer pertenece a ella misma en forma autónoma. Que la mujer tenga la posibilidad de elegir, es una insidia de demógrafos desvergonzados.

¿Elegir qué? Dios dijo: «No matarás», y el aborto es un asesinato.

El apóstol San Pablo, coincide con Jeremías: Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia. Gálatas 1:15a.

Imaginemos por un momento si se le hubiera ocurrido a la madre de Pablo concurrir a una clínica de abortos en Tarso, ¿dónde estaríamos nosotros sin el apóstol de los gentiles? Siempre me ha conmovido hasta las lágrimas el relato de Lucas en su maravilloso Evangelio, cuando la bienaventurada virgen María, ya encinta por obra del Espíritu Santo, visita a su parienta Elizabet, quien, a su turno, está embarazada de Juan el Bautista. Si lo que ellas portan en sus vientres no son personas completas con espíritu, alma y cuerpo, formadas por propósitos de Dios, ¿cómo se explica esta ocurrencia? Pero, ¿cómo es esto, que la madre de mi Señor venga a verme? Te digo que tan pronto como llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de alegría la criatura que llevo en el vientre. Lucas 1:43-44.

Por: Rev. Darío Silva–Silva. Fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral.

Foto: Freepik.

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