Verdades que nadie te dice sobre el aborto

Por Revista Hechos&Crónicas

Día tras día, en Colombia y el mundo se realizan miles y miles de abortos voluntarios, homicidios de bebés inocentes que no merecen morir, bajo argumentos que parecen sólidos y que muchas veces confunden a las indecisas madres. Sin embargo, y a pesar de que algunos de estos argumentos hacen parte de la legislación colombiana, hay serias razones para optar por la ley de Dios y defender la vida.

Según cifras oficiales del instituto Guttmacher de Nueva York, cerca de 911.897 embarazos por año en Colombia son no deseados, de ellos, aproximadamente 400 mil terminan en aborto inducido o voluntario. En el mundo la cifra es igualmente escalofriante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que de los 210 millones de embarazos anuales, 80 millones son no planeados, es decir 2 de cada 5 embarazos. De ellos, el 58% (cerca de 46 millones) terminan interrumpiéndose voluntariamente.

Se trata de cifras realmente preocupantes si se tiene en cuenta que un aborto significa la terminación de una vida enviada por Dios, como lo dice la Biblia: Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa. Salmo 127:3.

Hechos&Crónicas hizo un análisis de las tres razones legales para abortar, fueron despenalizadas por la Corte Constitucional colombiana en mayo de 2006, con el argumento de dar libertad a la madre de decidir sobre su cuerpo en situaciones difíciles. Los tres casos son:

  1. Cuando la continuación del embarazo constituya peligro para la vida o la salud de la mujer, certificada por un médico. Debe entenderse que esta causal no cobija solamente la salud física sino que también se extiende a aquellos casos en los cuales resulta afectada su salud mental.
  2. Cuando exista grave malformación del feto que haga inviable su vida, certificada por un médica.
  3. Cuando el embarazo sea el resultado de una conducta, debidamente denunciada, constitutiva de acceso carnal o acto sexual sin consentimiento, abusivo o de inseminación artificial o transferencia de óvulo fecundado no consentidas, o de incesto.

De esta manera, se hace creer a la sociedad que estos casos no son homicidio, sino un acto de “sensibilidad” ante una vida que comienza mal, con el agravante de que una mujer embarazada, en situaciones atenuantes y con mala asesoría, es vulnerable de caer en el pecado que condena la ley de Dios cuando claramente dice: No mates. Éxodo 20:13.

Sin embargo, existen razones sólidas científicamente para simplemente optar por la vida y dar la oportunidad a este nuevo ser, de luchar y decidir que su vida vale la pena.

No al aborto sentimental

Se denomina aborto sentimental cuando la madre siente imposibilidad de tener al bebé por haber sido víctima de una violación y sentirse incapaz de tener un hijo fruto de un acto tan despreciable.

Sin embargo, se cree que los casos de embarazos que siguen después de una violación son extremadamente raros, un estudio determinó que se registraron solamente el 0.6% de embarazos en 2.190 víctimas de violación y en una serie de 3.500 casos de violación en 10 años en el Hospital San Pablo de Minneapolis, no hubo un solo caso de embarazo seguido del acceso carnal violento.

A pesar de esto, el aborto en estos remotos casos no es una solución, debido a que la madre, que acaba de pasar por una situación tan traumática no debe enfrentarse a otra peor, que además, deja secuelas mucho más graves, tanto físicas, como psicológicas y espirituales.

El caso del sobrino de Constanza

La hermana de Constanza es una mujer especial. Hace años fue víctima de violación por parte de un vecino. El atacante fue prácticamente linchado, debido a que ella era casi una niña y quedó embarazada.

Sin embargo, la hermana de Constanza decidió tener a su hijo. Durante todo el embarazo, sufrió el temor de rechazar a ese niño al verlo porque sentía que podría parecerse al agresor. Sentía miedo de no quererlo y dudaba en conservarlo a su lado.

Cuando el bebé nació. La hermana de Constanza, y el resto de su familia, se enamoraron de él, simplemente lo tomaron como un enviado de Dios para olvidar todo el dolor que el vecino insensato causó a esta mamá.

Hoy han pasado 32 años. El bebé ahora es un hombre. Y es precisamente el hombre que acompaña a su mamá, a su abuelita y a su tía Constanza. Su mamá sufre de artritis prematura, por lo que no puede trabajar y él, sin problema, y lleno de amor responde por ella y por su familia. Hoy nadie se arrepiente de haberlo tenido.

No al aborto terapéutico

Este tipo de aborto se “recomienda” cuando la vida de la madre o el niño corre algún tipo de riesgo. Sin embargo, la medicina está obligada hasta las últimas consecuencias a tratar de preservar la vida de la mujer que decida llevar a término su embarazo, y por lo tanto, también la de su bebé. En ninguno de estos casos el médico tratante debe decidir entre el hijo o la madre, por lo que un aborto en este caso se puede determinar simplemente como innecesario o infundado desde hace medio siglo.

En 1951, el Congreso de Cirujanos del American College dijo que “todo el que hace un aborto terapéutico o ignora los métodos modernos para tratar las complicaciones de un embarazo o no quiere tomarse el tiempo para usarlos”. Esto quiere decir que la ciencia moderna, la medicina, la obstetricia y la neonatología ha avanzado de tal forma que se puede luchar hasta las últimas consecuencias con el fin de preservar ambas vidas y permitir que sea Dios, en últimas y extrañas circunstancias quien opte por terminar con una de las dos vidas.

No al aborto eugenésico

Se denomina aborto eugenésico al que se provoca en caso de sospecha o certeza de una enfermedad seria del bebé. El argumento más frecuente sugiere que el bebé puede venir con malformaciones, enfermedades graves y deficiencias que afecten su calidad de vida y la de su familia.

Es el caso por ejemplo de los niños a quienes mediante ecografías o exámenes prenatales se les detecta la falta un órgano, problemas de desarrollo, malformaciones, etc. En este caso, se le brinda a la mamá la posibilidad de abortar ese feto, con el argumento de que estas deficiencias no le permitirán una adecuada calidad de vida. Adicionalmente, se encuentra implícito que el bebé será una carga económica y emocional para la madre, probablemente por el resto de la vida.

La razón para no llevar a cabo este tipo de aborto radica en que nadie no tiene la capacidad de decidir si otro ser humano es digno o no de nacer y si su vida será buena o no; adicionalmente, se trata de una falsa compasión por el bebé, al que sencillamente se le está privando de la posibilidad de nacer, basándose en el prejuicio de la madre y la sociedad. Existen millones de casos que simplemente se burlan de estos prejuicios

Los casos de Nick y Carolina

Nick Vujicic, el evangelista cristiano, protagonista de El circo de las mariposas, afirma que, probablemente si sus padres hubieran sabido en qué condiciones venía (sin extremidades) habrían dudado en tenerlo. Sin embargo, su vida está llena de una increíble alegría propia de la gracia de Dios, por lo que se ha dedicado a llevar su mensaje en los confines de la tierra. Nick merecía nacer porque estaba para grandes cosas.

Su caso se asemeja al de Carolina, una mujer a quien le informaron que su bebé venía sin riñones ni hígado y por lo tanto no debería nacer. Carolina decidió llevar su embarazo hasta el final, con una fe poco comprensible para su doctor. Cuando la bebé nació, estaba en lista de espera para la donación de los órganos faltantes, pero con la creencia de que no lograría sobrevivir. Sin embargo, al realizar los exámenes pertinentes, se descubrió que la bebé estaba completa. Se trataba de un milagro comprobado. Carolina salvó la vida de su bebé.

Despenalizar el aborto en algunos o aún en todos los casos, no ayudará a eliminar los abortos clandestinos

Esta es una de las razones más comunes y precisamente la que llevó a la Corte Constitucional colombiana a despenalizar el aborto en ciertos casos; al pensar que las razones de higiene y salubridad, así como el profesionalismo de quienes practican abortos ilegales son altamente cuestionables, teniendo en cuenta que, según la OMS, en América Latina se practican 3´700.000 abortos inseguros y que el riesgo de muerte a causa de estos, en los países en desarrollo, es de 370 por cada 100.000 casos.

Y si bien es verdad que el número de mujeres que mueren a causa del aborto anualmente es 68.000 (13% de la mortalidad materna) y en América Latina, el aborto inseguro es responsable del 17 % de las muertes maternas, un estudio financiado por el gobierno de Finlandia confirmó que las mujeres que se someten a un aborto tienen cuatro veces más riesgo de morir que las que continúan su embarazo y dan a luz. El estudio analizó más de nueve mil casos y concluyó que las mujeres que abortan tienen cuatro veces más probabilidades de morir al año siguiente, que las que tuvieron a sus hijos. Además, las madres que dieron a luz son en un 50% menos propensas a morir que las que no tuvieron hijos.  Este estudio analizó sólo los abortos realizados de manera legal.

¿Por qué? Porque el aborto tiene grandes consecuencias para la madre

Una de las mentiras más grandes que se les dice a las mujeres en estado de embarazo para que destruyan su vida y maten a su bebé, refiere que un aborto legal, realizado en óptimas consecuencias de salubridad y por un profesional experto, es seguro y no tiene mayores riesgos para la madre. Se trata de una mentira porque un aborto es altamente peligroso para la mujer, al tratarse de un acto que no desaparece nunca de su vida.

La Asociación de Mujeres Explotadas por el Aborto (WEBA, por sus siglas en inglés,Women Exploited by Abortion), manifiesta que “entre las complicaciones físicas del aborto en la mujer están las infecciones, las hemorragias, las complicaciones debido a la anestesia, las embolias pulmonares o del líquido amniótico, así como las perforaciones, laceraciones o desgarros del útero; la esterilidad, posibilidad abortos espontáneos, complicaciones en los siguientes embarazos que pueden resultar hasta con el nacimiento de niños muertos, trastornos menstruales, pérdida de otros órganos y hasta la muerte. Estadísticamente hablando, se estima que el riesgo inmediato de dichas complicaciones es de un 10%, pero el de las complicaciones a largo plazo están entre el 20 y el 50%.

Además de las complicaciones físicas, las mujeres sufren emocional y espiritualmente de lo que ya se ha identificado como el «Síndrome post-aborto.» Estos efectos del aborto incluyen sentimientos de culpa, angustia, ansiedad, depresión, baja autoestima, insomnio, diversos tipos de neurosis y de enfermedades psicopáticas, tendencia al suicidio, pesadillas en las que aparecen los restos del bebé abortado, recuerdos dolorosos en la fecha en que hubiera nacido, etc.”.

La Real Academia de Obstetricia de Inglaterra ha informado que las probabilidades de problemas psiquiátricos graves y permanentes después de un aborto pueden alcanzar hasta el 59% de las madres. La Organización Mundial de la Salud por su parte informa que las mujeres que se practican abortos por razones psiquiátricas son precisamente las que corren mayor riesgo de problemas mentales una vez realizada la interrupción voluntaria del embarazo. Otros estudios muestran que las mujeres que se han practicado un aborto por razones de violación, incesto, salud, etc., tienen aún más probabilidades de sufrir problemas emocionales y psiquiátricos severos que las que se lo han practicado por razones socioeconómicas.

Sin embargo, es bueno recordar que Dios restaura el cuerpo, el alma y el espíritu. Si usted, sufrió la desdicha de tener un aborto, sepa que Dios puede perdonarlo y darle una nueva oportunidad.  Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 2 Corintios 5:17. Pero hoy, confíe en las razones que le da la ciencia para no abortar y en las razones que le da Dios para amar esa nueva vida.

El caso de Victoria

Victoria se llama secretamente la hija de Sandra. Secretamente, porque no viven juntas, Victoria tiene otros padres y otro nombre.

Sandra quedó embarazada en una situación difícil, el padre de su bebé no la apoyó y ella no estaba en condiciones económicas ni emocionales para ser mamá. Muchos le “aconsejaron” abortar. Sin embargo, ella decidió darle la oportunidad de vida a su hija. La tuvo y la dio en adopción. La vio un segundo, supo que era hermosa y la llamó Victoria porque eso fue lo que obtuvo de la vida. La entregó a sus nuevos padres, a sabiendas de que con ella no tendría una vida feliz. Sandra vive tranquila porque sabe que entregó a una familia la oportunidad de tener un hijo y salvó la vida de un ser indefenso. Hoy Victoria tiene 6 años y seguramente vive muy feliz.

El caso de Mario y Paula

Mario y Paula son líderes de la iglesia en la que se congregan. Durante el embarazo de su primer hijo, los médicos los alertaron de que existía una posibilidad de que su hijo padeciera síndrome de Down. Les sugirieron realizar más exámenes y un posible aborto; sin embargo ellos dijeron: ¡NO! Es nuestro hijo y lo vamos a aceptar y a querer tal como Dios lo envió. El bebé nació, tiene síndrome de Down, pero Mario y Paula lo aman porque es su hijo, saben que la vida para esta familia no será fácil, pero están confiados en el poder de Dios y en Su propósito, por eso viven felices junto a su tan anhelado bebé.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto:  Isaac Quesada – Unsplash (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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