10 mitos sobre salud mental y su contraste con la Biblia

por Revista Hechos&Crónicas
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Dejemos de lado los mitos y tabúes sobre salud mental y veámosla como es: una realidad de la que también habla la Biblia.

Según estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas en el mundo viven con algún tipo de trastorno de salud mental, una cifra que continúa en aumento.

Lo peor es que la salud mental está llena de mitos, malentendidos y tabúes que muchas veces impiden a las personas buscar ayuda o entenderla bien, en especial entre cristianos. Por eso, en el Día Mundial de la Salud Mental, Hechos&Crónicas trae una lista con los principales mitos y temas clave que todos debemos conocer:

  1. La salud mental es solo no tener enfermedades mentales

En realidad, es un estado integral de bienestar emocional, psicológico y social, no solo la ausencia de un diagnóstico. EL 12.5 % de todos los problemas de salud está representado por los trastornos mentales, una cifra mayor a la del cáncer y los problemas cardiovasculares.

La Biblia muestra que somos integrales: espíritu, alma y cuerpo. La salud mental importa tanto como la física y espiritual.

“Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser —espíritu, alma y cuerpo—, irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. 1 Tesalonicenses 5:23. 

  1. La depresión es simplemente tristeza

A nivel mundial, aproximadamente 280 millones de personas sufren de depresión, según cifras de la Organización Mundial de la Salud. La depresión es un trastorno serio que afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos, y no se supera solo “echándole ganas”. Es un peso real, por eso la Biblia reconoce la profundidad de la angustia.

 “La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra”. Proverbios 12:25. 

  1. Los problemas de salud mental son señal de debilidad

Por el contrario, son condiciones de salud, no defectos de carácter. Igual que la diabetes o la hipertensión, requieren tratamiento y acompañamiento. De hecho, la debilidad no es vergüenza, sino espacio para experimentar la fortaleza de Dios.

«Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». 2 Corintios 12:9. 

  1. Solo los adultos tienen problemas de salud mental

Los niños y adolescentes también pueden sufrir ansiedad, depresión, TDAH u otros trastornos. De hecho, se estima que uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años padece un trastorno mental.  Además, el 50 % de los problemas de salud mental en adultos comienzan antes de los 14 años, y el 75 % antes de los 18. La Biblia reconoce la importancia de la juventud y sus luchas; ellos también necesitan cuidado.

“Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, en amor, fe y pureza”. 1 Timoteo 4:12. 

  1. Si buscas ayuda psicológica, estás loco

La OMS estima que el 50 % de las personas con problemas de salud mental no reciben ningún tratamiento o no es el adecuado. Buscar consejo y apoyo es sabio, no locura. Ir al psicólogo o psiquiatra es un acto de cuidado, prevención y madurez emocional.

“Afirma tus planes con buenos consejos; entabla el combate con buena estrategia”. Proverbios 20:18. 

  1. Los medicamentos para la salud mental generan adicción siempre

No todos lo hacen. Bien recetados y con seguimiento, son herramientas seguras y efectivas. Los recursos que ayudan, también son provisión de Dios.

Actualmente, la industria farmacéutica está desarrollando más de 160 medicamentos contra las enfermedades mentales, como refleja el informe de la Fundación Weber con datos de la patronal americana Phrma. Entre los fármacos en investigación se incluyen 54 para la depresión, 35 para la esquizofrenia, 35 para los trastornos de ansiedad y 13 para los trastornos bipolares.

“Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras”. Santiago 1:17. 

  1. La gente con enfermedades mentales es peligrosa

No debemos estigmatizar ni temer injustamente; el amor rompe prejuicios. La mayoría no representa un riesgo para otros; muchas veces sufren más de estigmatización que de violencia ejercida.

“El amor no perjudica al prójimo. Así que el amor es el cumplimiento de la Ley”. Romanos 13:10. 

  1. La ansiedad es solo estar nervioso

La ansiedad y la depresión son algunos de los trastornos mentales más comunes que afectan a la población mundial.   La ansiedad es real, y Dios mismo nos invita a llevarla a Él. La ansiedad clínica puede ser incapacitante y no se resuelve con “relájate”.

Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes”. 1 Pedro 5:7.

  1. El suicidio no se debe hablar porque incita a hacerlo

Cerca de 800.000 personas se suicidan cada año, siendo la segunda causa de muerte en personas de 15 a 29 años. Hablar y animar salva vidas; el silencio no ayuda. Hablar responsablemente sobre el suicidio puede salvar vidas y abrir espacios de prevención.

 “Anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo”. 1 Tesalonicenses 5:11.

  1. Orar o tener fe reemplaza el tratamiento profesional

La fe y la oración son esenciales, pero también debemos buscar sabiduría y conocimiento, incluyendo lo médico. La espiritualidad puede ser un apoyo poderoso, pero no sustituye terapia o atención médica cuando es necesaria.

 “El corazón prudente adquiere conocimiento; los oídos de los sabios procuran hallarlo”. Proverbios 18:15. 

Hechos&Crónicas habló en exclusiva con la doctora Vicky Pérez Restrepo, médico psiquiatra con más de 30 años de experiencia y miembro de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, sobre la gravedad de los mitos en referencia a la salud mental y esto fue lo que nos dijo:

“Efectivamente, los mitos son todos estos conceptos que se van transmitiendo voz a voz, de generación en generación, alrededor de historias y creencias, a veces fundamentadas en alguna realidad, luego distorsionada, a veces ni siquiera con un fundamento en la realidad, pero con el inconveniente de que a veces esos mitos no se contrastan, no se investiga qué es lo real y le seguimos dando la razón al mito. Y eso hace entonces que en salud mental nos quedemos con los mitos de que es mejor sanarse uno solo, de que consultar es debilidad, de que si uno consulta pues se van a burlar, o lo van a criticar, dopar, hospitalizar, va a perder el control o nunca más va a volver a estar bien, esto como por nombrar algunos de esos mitos.

Entonces, todo eso lo que hace es que la gente se frene, que no consulte, que tenga miedo y que aguante a veces muchas situaciones por no enfrentar o por no averiguar qué hay detrás de estas ideas. Y cuando no se consulta a tiempo pues pueden pasar varias cosas. Uno, que algo que podía trabajarse y manejarse rápidamente y probablemente tener una respuesta para mejorar la calidad de vida, se alargue mucho, se demore, se complique y después toque hacer más cosas para poderlo trabajar, que las personas terminen sufriendo mucho tiempo en silencio o alrededor de esta cantidad de creencias, que otras veces ni siquiera nunca consultan porque se quedan con estos mitos y deterioran su calidad de vida, la propia y la del entorno, porque cuando uno no está bien en su estado de ánimo, en sus emociones, de muchas maneras termina impactando también a los demás: a su pareja, a su familia, a sus amigos, a sus compañeros de trabajo; o sea que esto tiene un impacto muy grande en muchas esferas, no solamente las personales.

Un mito muy fuerte es que los problemas de salud mental son falta de fuerza y voluntad, eso hace que las personas se sientan débiles, flojas, incapaces, como que no se esfuerzan y se queden ahí padeciendo infinitamente para no ser mirados con esa crítica y eso que genera ese estigma de señalar al que consulta como una persona menos capaz, menos buena o menos apta.

Alrededor del mito de que, por ejemplo, ir al psiquiatra es de locos, entonces peor, porque pues si alguien va al psiquiatra lo van a tachar de loco, de incapaz, de que no puede. Y pues la palabra loco es una palabra muy despectiva, que la gente la toma como una situación de rechazo y nuevamente vuelve al estigma, ¿no? De una persona que tiene un diagnóstico en psiquiatría o va al psiquiatra está loco y loco es una cosa muy grave, entonces mejor no voy para que no me pongan el rótulo de loco.

Entonces sí es muy importante construir una cultura de bienestar, de entendimiento, de educar en salud, en salud mental, en los conceptos, en lo importante que es la prevención, en la detección a tiempo de los síntomas, en todas las herramientas… que la gente sepa que hay muchas herramientas posibles y disponibles para manejar la situación que estén presentando y que mientras más rápido se pueda tener el abordaje, pues mejor pronóstico y mejor evolución van a tener”.

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