La sal ¡Qué buen sazonador!

Por Revista Hechos&Crónicas

¿Qué sería de un buen plato de sopa, un corte de carne asada, un salmón a la plancha o cualquier otro platillo sin sal? Este ingrediente básico y de uso común, es considerado un tesoro gastronómico de uso esencial en la mesa.

En el mundo se producen aproximadamente 300 millones de toneladas al año. China es el productor más grande con una obtención de 70 millones, seguido por Estados Unidos con 45 millones al año. La mayor parte de la sal que se produce en México es por evaporación solar (sal marina).

Una mirada al pasado

La sal es una de las sustancias naturales más abundantes en la corteza terrestre. La única presentación a la que se tenía acceso era la sal marina, que se obtenía de forma natural por medio de la evaporación del agua de mar.

Los primeros registros de su uso para los alimentos datan de China. Durante el reinado del emperador Huangdi en el año 2670 a.C. Gracias a que se encontraban rodeados de lagos salados y con la fuerza del sol, se descubrió que el agua salada dejaba atrás los pequeños cristales de sal.

Durante el Imperio Romano (27 a.C.- 476 d.C.) se usó como medio de pago para los soldados y funcionarios públicos. Estos no fueron los únicos, pues la sal, fue la moneda de cambio para varias civilizaciones. En otras culturas la consideraban igual o incluso más preciada que el oro. Se ha descubierto que existen momias egipcias que fueron preservadas con arenas salinas de desiertos. Dentro de las culturas mesoamericanas (1500 a.C.-1521 d.C.) se puede encontrar que existía un valor importante en el aspecto ritual de la sal, como tributo y el poder geopolítico que brindaba”. (Historia de la sal contada por Sal Roche, de la Industria Salinera de Yucatán).

Simbología y menciones bíblicas

Según E. Lun, Maestro de Estudios Bíblicos de la lengua castellana, en su libro Hermenéutica Introducción Bíblica, “el símbolo es una especie de tipo por el cual se representa alguna cosa o algún hecho por medio de otra cosa o acto familiar que se considera a propósito para servir de semejanza o representación. La sal representa la palabra cristiana de conservación, incorrupción y permanencia”.

La primera mención que se hace en las Sagradas Escrituras, se encuentra en el relato de la mujer de Lot, quién se convirtió en estatua de sal al mirar hacia atrás Génesis 19:26. Su desobediencia (v.17) se convirtió en proverbial para las generaciones futuras, Lucas 17:32.

Como la “Sal del Pacto”, todas las ofrendas de cereales tenían que ser sazonados con sal Levítico 2:13. En tiempos antiguos era con frecuencia una parte muy valiosa de la dieta. Tal vez sea esta la razón por la cual usaba como señal del pacto y se requería su uso en los sacrificios.

El “Pacto perpetuo” sellado en la presencia de Dios con sal. Números 18:19. Una provisión permanente para los israelitas y su descendencia. “Poder purificador” se demuestra en el hecho de que el profeta Elíseo echó sal en las aguas de la ciudad que no se podía beber. 2 de Reyes 2:19-21.

Según Ezequiel 43:24, la sal debía rociarse sobre las ofrendas quemadas, y en Éxodo 30:35, especifica que es uno de los ingredientes del compuesto especial del incienso para el santuario.

El discípulo como sazonador de paz

Según el comentario de Matthew Henry sobre Marcos 8:50, “la humanidad, que yacía en la ignorancia y la maldad, estaba como un gran montón, lista para petrificar; pero Cristo envió a sus discípulos, por sus vidas y doctrinas, para sazonarlo con conocimiento y gracia. Si no son como deberían ser, son como la sal que ha perdido su sabor. Si un hombre puede ejercer la profesión de Cristo, y aun así permanecer sin gracia, ninguna otra doctrina, ningún otro medio, puede hacerlo rentable”.

Es el mismo Señor Jesús quien dice que la sal es buena, pero en su medida exacta para que no pierda el sabor y que no debe faltar entre los discípulos para poder vivir en paz unos con otros.

Al respecto, el Reverendo Darío Silva-Silva, fundador y presidente de Casa Sobre la Roca, ICI, en su libro El Fruto Eterno asegura: “Recordemos que, en el Sermón del Monte, el Señor ha llamado a los creyentes “sal de la tierra”; ahora Jesús aclara cuál es esa sal que sazona la vida cristiana: ¡la paz!, pues ahí dice: “que tengan sal para que tengan paz”. Vivir en paz es llevar una vida condimentada con la sal de Dios. La sal de Dios es la paz”.

Trabajando por la paz

Los creyentes tienen la tarea de ser pacificadores en todo tipo de conflicto, estos se pueden resuelven sin violencia, siguiendo los pasos de grandes hombres cómo el Señor Jesús y otros que han trabajado arduamente para lograrlo.

Quizá el episodio más reciente, aunque date de 1930, donde la sal tuvo gran repercusión, es el protagonizado por una de las personalidades más trascendentes del siglo XX. Mahatma Gandhi manifestó su rechazo frente al monopolio británico en la denominada “Marcha de la sal”. Durante 23 días, Gandhi y sus seguidores recorrieron cerca de 400 km. de la India bajo dominio británico, hasta llegar a las costas de Dandi (Gujarat) para tomar un simple puñado de sal.

La protesta pacífica, de marcado simbolismo, fue ejemplo de lucha reivindicativa y resistencia no violenta frente a la ley que dictaba que la venta o producción de sal en la India por cualquiera que no fuera el gobierno británico era una ofensa criminal.

Por: Hilda Cristina López –  forjatalentos@gmail.com

Foto: Jason Tuinstra –  Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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