Cuestiona tu fe

por María Isabel Jaramillo
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La Biblia no nos llama a tener una fe superficial, todo lo contrario nos invita a tener una fe profunda.

Ya llegamos a ese punto, igual que en la edad media, en que leer la Biblia está prohibido. Creer en ella, aún más. Literalmente prohibido en algunas regiones del mundo, pero “prohibido”, en el sentido de mal visto, en la mayoría de grupos sociales. Antes, se veían con malos ojos a las personas que no creían en Dios. Hoy se ven con malos ojos a las personas que sí creen. Se les dice crédulas, influenciables, faltas de juicio, de criterio, lejanas a la ciencia y con conocimientos superficiales.

Lo triste es que muchos fieles terminan creyendo estas mentiras, pensando que, si indagan a fondo y estudian demasiado su fe, pronto terminarán por perderla y apagar el fuego. Pero la Biblia no nos llama a tener una fe superficial, todo lo contrario. En Mateo 22:37 nos invita a tener una fe profunda, que ame a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Y no con una mente vacía, sino con una mente renovada, preparada, trabajada.

A un scroll de distancia

Estamos en un momento en el que las redes sociales influyen en la construcción de nuestras convicciones, aunque creamos que no es así. Un video de 30 segundos puede redefinir lo que piensas sobre el amor, sobre tus creencias y sonar más real y convincente que aquello que has creído como tuyo por años y años. Vivimos en la generación con más información en la historia… y no necesariamente con más discernimiento.

La investigación The Spread of True and False News Online (La difusión de noticias verdaderas y falsas en línea), publicada en la revista científica Science, demostró que las noticias falsas se propagan más rápido que las verdaderas en redes sociales, especialmente cuando apelan a emociones intensas. Además, estudios educativos muestran que muchos jóvenes creen que saben identificar información engañosa, pero cuando son evaluados, su capacidad real para distinguirla es limitada.

¿Te pasa? No es falta de inteligencia. Lo que ocurre es que nadie nos enseñó a filtrar el ruido, pues esta es la primera generación que ha crecido con la información a la mano, literalmente.

Lo que ocurre es que, en medio de este ruido, de tanta espiritualidad superflua, de tantos influencers que parecen alcanzar la plenitud con todo tipo de experiencias, la fe en Dios parece sentirse como una idea antigua que compite con las nuevas tendencias. Pero, como ya te lo hemos dicho, Dios no te pide que apagues tu mente para seguirlo, sino que la enciendas.

En Hechos 17:11, los creyentes de Berea examinaban cada día las Escrituras para comprobar si lo que escuchaban era verdad. ¡No tragaban entero! Ellos investigaban, contrastaban todo y, sobre todo, ¡pensaban! Este es el mejor ejemplo, porque el pensamiento crítico no es enemigo de la fe, sino la manera de fortalecerla. Como si se tratara de un músculo que necesitamos ejercitar.

¿Por qué? Sencillo. Si no aprendes a evaluar lo que escuchas, estás cediendo la capacidad de pensar a alguien más. Fuerte, ¿no? Alguien más pensará por ti… y tarde o temprano, terminarás creyendo lo que ese alguien cree.

Fe sólida

Seguramente, en este punto estás pensando que no eres ningún bobo y que tienes la capacidad de discernir que no todo lo que es viral o tendencia, es verdad. Pero analiza qué tantas de estas cosas están modificando tus creencias, sin darte cuenta. Recuerda que no todo lo que incomoda está equivocado.

La Biblia dice que la fe viene por el oír la Palabra de Dios, pero esa fe no va a permanecer en una mente vacía. Es momento de comenzar a alimentarla con sabiduría y ciencia. Hechos&Crónicas te cuenta cómo.

1 – Profundizar

Leer un versículo motivacional no es lo mismo que estudiar la Escritura. Investiga quién lo escribió, a quién iba dirigido, cuál es el contexto histórico y qué estaba pasando para que se dijera algo como lo que estás leyendo. Si bien la Biblia es un eterno presente, conocer estas cosas te permitirá comprender el por qué y el para qué de cada texto.

Se dice que la universidad es la tumba de la fe de muchos jóvenes cristianos, pero esto no ocurre porque nunca antes la hayan refutado, sino porque las bases de su fe no son sólidas. No tienen raíces porque realmente nunca la habían entendido a profundidad. Estudios sociológicos revelados por Pew Research sobre deserción religiosa muestran que una fe basada solo en tradición familiar es más vulnerable que una fe comprendida y apropiada personalmente. Recuerda que Dios no tiene nietos y tu fe no puede ser heredada, mucho menos prestada.

De hecho, Jeremías 17:9 advierte que el corazón puede engañarnos. No significa que tus emociones sean malas. Significa que no son el árbitro final.

2 – Preguntas difíciles

No sientas culpa ni temor por tener preguntas difíciles que incomodan.

Si el cristianismo es verdadero, también dará espacio a resolverlas. Jesús dijo que es el camino, la verdad y la vida, Él mismo te invitó a pedir sabiduría y a examinar todo lo que necesites saber. La apologética cristiana ha crecido enormemente en los últimos años precisamente porque muchos jóvenes quieren respuestas racionales a temas como ciencia y fe, identidad y sufrimiento, entre otros. Contrasta los descubrimientos científicos con las verdades bíblicas y podrás ver cómo muchas veces, en vez de negarlas, las confirman.

Examínenlo todo; retengan lo bueno. 1 Tesalonicenses 5:21.

3 – Dialogar, más que reaccionar

Las redes nos entrenaron para responder rápido. Todo se resuelve en cuestión de instantes; sin embargo, la sabiduría bíblica nos entrena para escuchar primero. Justamente, Proverbios 18:13 advierte contra responder antes de escuchar. De allí nace el pensamiento crítico, de esa “paciencia intelectual” que aprende a escuchar para argumentar con respeto y claridad.

Pregúntate si eso que estás comenzando a creer es coherente con el carácter de Dios revelado en Su Palabra. Recuerda que la Biblia dice: La suma de tus palabras es la verdad. (Salmos 119:160). Revisa todo lo que dice la Biblia sobre cada tema antes de adoptarlo como tu propia creencia.

4 – Alimentar mente y espíritu

Ya sabes que orar sin pensar son meras repeticiones, pero aprender y estudiar, sin orar, puede llevarnos al orgullo. ¡No! Necesitas aprendizaje y sabiduría, pero también oración, que se traduce en relación con Dios. Si no tienes esto, vas a tener una pasión sin fundamento que terminará por apagarse o un corazón duro que no da cabida al Espíritu. Necesitas estudiar la Palabra de Dios con hambre genuina, con fe, con convicción, solo así lograrás una fe realmente sólida.

Toma el criterio que nos dio Jesús en Mateo 7:16: Por sus frutos los conocerán, y pregúntate: ¿Produce fruto sano a largo plazo?

5 – Tu contexto cultural importa

Para construir esa fe, firme y sólida, necesitas comprender tu entorno. Vivimos en una cultura donde toda verdad parece relativa y la moral depende del consenso social. Sin embargo, la verdad ya fue dicha, así que no debes construirla sino descubrirla a través de tu relación con Dios.

No necesitas ganar discusiones, pero sí permanecer firme. No desarrollas pensamiento crítico para parecer más inteligente sino para no ser arrastrado por las corrientes de este mundo. Cuando tu fe apasionada se adentra en una mente entrenada, ocurre algo poderoso: No te amoldas al mundo, lo impactas.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com
Foto: Composición creativa con imágenes de Gabi Repaska (Unsplash) y Tingey Injury Law Firm (Unsplash)

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