La deslealtad: Ruptura y fin de la confianza

por Revista Hechos&Crónicas
A+A-
Reset

Muchos se proclaman amigos leales, pero ¿quién puede encontrar a alguien verdaderamente confiable? Proverbios 20:6.

Aunque la lealtad y la deslealtad son caminos radicalmente opuestos, en nuestra vida diaria la línea que los separa suele ser muy delgada. La primera se construye sobre cimientos fuertes y sólidos, con un verdadero compromiso de amor incondicional de respeto y fidelidad: Pero Rut respondió: «¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Rut 1:16.

La segunda, en contraste, provoca una profunda ruptura de la de la confianza, generando un intenso shock emocional, tristeza, sentimientos de abandono, inseguridad y una sensación de vacío: Dicho esto, Jesús se angustió profundamente y afirmó: —Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar. Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a cuál de ellos se refería. Uno de ellos, el discípulo a quien Jesús amaba estaba reclinado sobre él. (Juan 13:21).

Trasfondo

La deslealtad es tan antigua como el hombre. Su origen está respaldado por los episodios consignados en el texto bíblico, el hombre camina de la mano de Dios, bajo su cuidado y bendición. Surge cuando Adán y Eva eligen desobedecer el mandato divino en el Jardín del Edén, influenciados por la serpiente y así sucesivamente, sigue su trayectoria, formando parte del estilo de vida del pueblo de Israel.

En cada una de las etapas de su formación y establecimiento se evidencia su liberación de Egipto, el recorrido por el desierto, la posesión de la tierra prometida, en el período de los jueces, el establecimiento de la monarquía, el exilio, períodos muy marcados por la desobediencia, rebelión y la idolatría.

En el Nuevo Testamento, la deslealtad se evidencia con la traición y el quebrantamiento de la confianza. Siendo uno de los hechos que más la marcan: “La traición de Judas Iscariote”, uno de los 12 discípulos más cercanos a Jesús, quien lo vendió y lo entregó a las autoridades del Sanedrín en el Huerto de Getsemaní a cambio de treinta piezas de plata.

Vulneración e impacto emocional:

Al igual que el Señor Jesús, en algún momento de nuestras vidas, todos hemos sentido el sabor amargo de la deslealtad y la traición, dejando tras de sí desilusión, el corazón roto en miles de pedazos. La página Psicología y Mente, medio de comunicación digital y revista en español sobre psicología, neurociencias y desarrollo personal, explica cómo “la deslealtad rompe la confianza y vulnera profundamente a la persona afectada.

Las consecuencias inmediatas incluyen un fuerte impacto emocional caracterizado por  dolor, confusión y tristeza, seguido de dificultades a largo plazo como problemas de autoestima, aislamiento y miedo a volver a confiar en los demás”.

El Hospital Haven wyck, Centro de Tratamiento de Salud Mental, de Auburn Hills, (Michigan, EE. UU.) describe la forma como afecta:

Altera la sensación de seguridad y provoca un aumento de los niveles de estrés. Mentalmente, las personas afectadas suelen tener dificultades cognitivas, como problemas de memoria y problemas de concentración.

Emocionalmente, pueden experimentar una pérdida de identidad o autoestima. Físicamente, el estrés provocado por el trauma de la traición puede manifestarse de diversas maneras, los efectos físicos comunes incluyen fatiga crónica, tensión muscular, dolores de cabeza, problemas gastrointestinales. Estos síntomas pueden reducir considerablemente la calidad de vida”.

Alteraciones psicológicas, físicas y mentales

Los sentimientos de desconfianza y soledad, que quedan, perturban la seguridad emocional. La confianza, una vez rota, es difícil de reconstruir: “Las consecuencias psicológicas pueden ser tan graves como las heridas físicas: “La deslealtad destruye los cimientos de la confianza, provocando aislamiento emocional, baja autoestima y trauma relacional en la víctima.

A nivel social, degrada la cohesión grupal y fomenta un clima de sospecha, dañando irreparablemente los vínculos familiares, de pareja y el entorno laboral o comunitario”. (Psicología y Mente).

Según la Organización Mundial de la Salud, la deslealtad y la traición generan un impacto profundo en la salud mental y el bienestar.

Estas rupturas de confianza actúan como eventos traumáticos y estresores psicosociales que desequilibran por completo la vida de las personas”.

Camino a la restauración

Sixto Porras, actual vicepresidente del Ministerio Hispano de Focus on the Family (Enfoque a la Familia), destaca que el perdón es la clave principal para sanar el corazón tras una deslealtad o traición. En sus conferencias sobre el manejo del dolor y las relaciones rotas, establece cuatro principios fundamentales para lograr la restauración emocional y espiritual:

1 – Tomar la decisión de perdonar

El perdón no es un sentimiento o una emoción espontánea. Es una decisión personal e íntima que se toma para liberarse de la amargura, sin importar si el ofensor lo merece o ha cambiado.

2 – Renunciar a la venganza y soltar la justicia

No se debe buscar hacer daño a la otra persona ni alimentar el rencor. La justicia se debe entregar a Dios. El objetivo del perdón es sanar tu propio corazón, no castigar al otro.

3 – Enfocarse en la compasión

En lugar de enfocarse solo en la herida, se debe cultivar la compasión y buscar desear el bien o bendecir a quien causó el daño. Esto requiere ayuda divina, ya que es difícil lograrlo solo con fuerzas humanas.

4 – Dejar de revivir el pasado y mirar al futuro

Para sanar, es indispensable dejar de ser esclavo de lo que ya ocurrió. Recordar constantemente la traición solo causa más dolor. Al perdonar, uno debe arrancar el dolor, mirar hacia adelante y recuperar la libertad para visualizar el futuro con esperanza.

Luego de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. 1 Pedro 5:10.

Por: Hilda Cristina López – forjatalentos@gmail.com
Foto: Pintura “The Kiss of Judas” de Ary Scheffer – Museo Británico

Artículos relacionados

Dejar comentario