Los terremotos de Dios

por Revista Hechos&Crónicas
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Registramos algunos fragmentos del sermón pronunciado por el pastor Darío Silva-Silva el 7 de Marzo del 2010. Para algunos, podría calificarse como profético.

Los terremotos y los temblores son siempre señales de Dios, miradas de Dios, guiños de los ojos de Dios. Miremos de manera sencilla en las Sagradas Escrituras alguno de los temblores divinos.

El temblor del arca

En 1 Samuel 4:5 leemos: Cuando el arca del pacto del Señor llegó al campamento, los israelitas empezaron a gritar de tal manera que la tierra temblaba. Nosotros tenemos el Arca del Pacto de Dios y no hemos sido capaces de gritar hasta que Colombia tiemble con el testimonio del poder de Dios. Necesitamos, queridos hermanos, seguir el ejemplo de David; hacer algo para que nosotros que tenemos en nuestro poder el Arca del pacto divino seamos capaces de producir un terremoto espiritual en este país; que Colombia tiemble con el mensaje del Evangelio.

Y voy a hacer una comparación con Apocalipsis 11:19 donde el asunto se nos aclara: Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios; allí se vio el arca de su pacto y hubo relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y una fuerte granizada. Cuando los judíos traen el Arca de la tierra de los filisteos a la Tierra Santa, hay un terremoto. En el cielo, cuando se abre el Templo de Dios y se ve el Arca del pacto que allí está guardada por el Señor como un tesoro, se produce un terremoto.

Cuando la tierra tiembla hay que temblar, porque el Señor está a punto de hablar.

El temblor de la oración

En 2 Samuel 22:7-8, el rey David ha obtenido una gran victoria, sus generales están cansados pero alegres, y él entona un canto para Dios, dando gracias: En mi angustia invoqué al Señor; llamé a mi Dios y él me escuchó desde su Templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos! La tierra tembló, se estremeció; se sacudieron los cimientos de los cielos; temblaron a causa de su enojo.  Querido hermano, por pequeño que seas, como eres, en este grano de arena en el desierto cósmico que es la tierra, es que cuando tú oras Dios te responde y se produce un temblor. Tu oración produce un temblor.

El terremoto anuncia la revelación

En 1 Reyes 19:11-13, el profeta Elías ha tenido una gran batalla espiritual contra los seguidores de Baal y de Aserá, se produce una gran masacre de profetas falsos y Jezabel, la reina impía esposa de Acab, lo anda buscando para quitarle la vida; sabemos que incluso estuvo deprimido y quería morirse, pero el Señor tenía otro programa para él, arrebatarlo sin que conociera la muerte, pero el profeta termina finalmente en un lugar que el Señor le ha indicado.

El Señor le ordenó: —Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí. Mientras estaba allí, el Señor pasó y vino un viento recio, tan violento que partió las montañas y destrozó las rocas, pero el Señor no estaba en el viento.  Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?

Hemos pasado por una infinidad de fenómenos naturales en estos días; ¿hemos  escuchado después de ello la voz de Dios cada uno de nosotros? Cada uno responda en su corazón a esa pregunta.

El cataclismo del juicio

Voy al infaltable Isaías 24:18b-20. Este profeta, quien además era un gran poeta, está hablando del juicio universal de Dios, cuando todo termina, y entonces dice: Quien huya del grito de terror caerá en la fosa, y quien suba del fondo de la fosa caerá en la trampa. Abiertas están las compuertas de lo alto, y tiemblan os cimientos de la tierra. La tierra se quiebra, se desintegra; la tierra se agrieta, se resquebraja; la tierra tiembla y retiembla. La tierra se tambalea como un borracho, se sacude como una choza…

Y hay una escritura paralela en Apocalipsis 16:17-19b, donde leemos: El séptimo ángel derramó su copa en el aire y desde el trono del templo salió una gran voz que decía: «¡Está hecho!». Y hubo relámpagos, estruendos, truenos y un violento terremoto. Nunca, desde que el género humano existe en la tierra, se había sentido un terremoto tan grande y violento. La gran ciudad se partió en tres y las ciudades de las naciones se desplomaron…

¡Qué maravilla tan grande! Los terremotos en la tierra son señales de que algo se está operando en el cielo.

El sismo de la resurrección

En Mateo 27: 51-53 se nos dice algo que a veces los cristianos pasamos por alto, pero hay que tomarlo en cuenta. En ese momento, la cortina del santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El lugar santísimo era un lugar vedado, prohibido para todas las personas; tan sólo el sacerdote, una vez al año, con sangre de un animal, entraba al lugar santísimo que estaba protegido por el velo del templo, una gigantesca cortina.

En el momento en que Jesús muere, ese velo se rasga en dos y se abre porque ya todos tenemos acceso a la presencia de Dios. La tierra tembló y se partieron las rocas. Se abrieron los sepulcros y muchos creyentes que habían muerto resucitaron. Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. Cuando hay resurrección la tierra tiembla, porque tiene que devolver lo que ha consumido, lo que ha tragado. Imaginemos cuando resucitemos todos; sorber de la tierra otra vez todo el polvo del cual fuimos hechos. Tiene que producir un terremoto gigantesco, algo inimaginable.

Es un sismo que la gente resucite. En la resurrección de Jesús se produce un terremoto.

El terremoto de Armagedón

Vayamos a Ezequiel 38:18-20: Pero el día en que Gog invada a Israel, mi ira se encenderá con furor, afirma el Señor y Dios. En el ardor de mi ira, declaro que en aquel momento habrá un gran terremoto en la tierra de Israel. Ante mí temblarán los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo, los reptiles que se arrastran y toda la gente que hay sobre la faz de la tierra. Se derrumbarán los montes, se desplomarán las pendientes escarpadas y todos los muros se vendrán abajo.

Dios todopoderoso hace temblar la Tierra Santa invadida.

El temblor del Espíritu Santo  

Hechos 4:31 narra algo muy interesante. Los apóstoles Pedro y Juan habían estado en días anteriores a la puerta llamada de La Hermosa, en donde oraron por un paralítico, quien fue sano de su molestia y saltó alabando a Dios a la vista de todo el público y se formó gran escándalo, por lo que los apóstoles fueron encarcelados. En una casa de la ciudad de Jerusalén había un grupo de creyentes orando para que Juan y Pedro fueran liberados; y miremos lo que pasó: Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno. Cuando estamos juntos orando, el Espíritu Santo se manifiesta por medio de un terremoto.

La pregunta que debemos hacernos es si cuando oramos viene realmente un temblor por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

El terremoto de la alabanza

En Hechos 16: 25,26 leemos una historia bien conocida. El apóstol San Pablo ha liberado de un espíritu de adivinación a una bruja de Filipos que era esclava de unas personas que vivían literalmente del dinero que ella ganaba con sus hechicerías. Ellos van ante las autoridades, se forma un tumulto y Pablo y su compañero Silas terminaron en la cárcel. Y ¿qué sucedió? Leemos: A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas.

No sé cuál será tu cárcel, no sé en qué reja estarás, ni cuáles son las esposas que están en tus manos; pero sea lo que sea, sigue el ejemplo de Pablo y Silas, ponte a orar y alabar a Dios.

Cuando tú alabes vendrá el terremoto, las rejas caerán, las puertas se abrirán y las cadenas quedarán hechas trizas por el poder del Espíritu Santo.

Los terremotos del Apocalipsis

Continuemos con Apocalipsis 6:12,13. Vi que el Cordero rompió el sexto sello, y entonces se produjo un gran terremoto. El Cordero, el que fue inmolado en el Calvario, ya no es la raíz de tierra seca, sin parecer ni hermosura, como dijo Isaías; ya no es el despreciado por los hombres, el que nació en una pesebrera, ni el que se quitó el manto para lavar nuestros pies; ahora es el Rey de Reyes y Señor de Señores en todo el esplendor de su gloria; y cuando viene su juicio y él rompe un sello, se produce un gran terremoto. Ese es el Jesús que adoramos en este lugar. El sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto, la luna entera se tornó roja como la sangre y las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval.

Y en 11:13 leemos: En ese mismo instante se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad. Perecieron siete mil personas, pero los sobrevivientes, llenos de temor, dieron gloria al Dios del cielo. Aquí somos muchos sobrevivientes de terremotos, de sismos, de cataclismos, de movimientos telúricos naturales y también espirituales; y lo que debemos hacer es rendirle siempre gloria a Dios porque el terremoto pasó y nosotros seguimos aquí, alabando Su nombre», concluyó el sermón del pastor Silva-Silva con unas advertencias:

«Algo nos quiere decir el Señor desde que comenzó el siglo XXI y no hemos querido escuchar lo. En el año 2001 vino el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York y el Señor habló y no lo escucharon. Y los atentados en la estación del tren de cercanías en Madrid, y luego en Londres, a manos de terroristas inmisericordes y nadie dijo nada ni prestó atención. Años más tarde, lo mismo; disturbios en diferentes partes del mundo, guerras y rumores de guerras, enfrentamientos entre potencias, desastres y aun nadie prestó atención. Y ahora, terremotos en todas partes del mundo, y nosotros estamos como anestesiados, como hipnotizados, como ensimismados, en nuestra zona de confort. ¿Será que Jesús dio unas señales para que no les prestáramos atención?

Estemos alerta

En Mateo 24:4 nos damos cuenta que a veces nos detenemos en las señales, pero no en las advertencias de Jesús: Tengan cuidado de que nadie los engañe —advirtió Jesús—. Y apenas suceden estas cosas, los escatólogos de pacotilla salen a asustar a la gente con predicciones de su propio corazón, sin base teológica ni doctrinaria. Si avanzamos al versículo 11 leemos: y surgirá un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos. Estamos atestados, hasta la coronilla, de falsos profetas en grupos cristianos de hoy; gente que profetiza de su propio corazón o que quizás está siendo guiada por espíritus de las tinieblas. Y en el versículo 36, para concluir, leemos: Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre.

¿Por qué habrá tantos irresponsables que vienen con el cronómetro en la mano a señalar de manera milimétrica la hora, los minutos y los segundos de la Segunda Venida del Señor? Yo estoy de acuerdo con Martín Lutero en muchas cosas, y esta es una de ellas: “Vivamos como si el Señor viniera hoy mismo, programémonos como si tardara mucho en venir”.

Para una mejor compresión de esta enseñanza bíblica puede escuchar la prédica completa del pastor Darío Silva-Silva (7 de Marzo del 2010)  sobre este tema: 

 

Foto: Archivo internet y Biblia NVI

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