¿Cuánto invertiría en unas vacaciones? En un país donde 4 de cada 10 parejas están en crisis, la mejor inversión no es un viaje, es salvar y renovar su relación.
El pastor y humorista José Ordóñez junto con su esposa Yasmit Sanabria, después de 37 años juntos, demuestran que el amor puede reinventarse cada día. Entre risas y fe, entre conflictos y reconciliaciones, esta pareja le contó a la revista H&C cómo transformar el matrimonio en un viaje de renovación constante.
Su historia no es la de una pareja perfecta, sino la de dos seres humanos que han aprendido a beber del vino nuevo: el Espíritu Santo que da fuerza, esperanza y propósito a cada etapa.
¿Cuál ha sido la clave para que su matrimonio se mantenga vivo y renovado después de 37 años?
José Ordóñez: Sonaría gracioso, pero es complicado, porque no hay nada más serio que un matrimonio, aunque tiene situaciones hilarantes, divertidas, NO hay que tomárselo como un chiste. Sin embargo, hay que amalgamarlo de buenos momentos, sonrisas y alegrías. Yo todo el tiempo estoy haciendo reír a Yasmit, entonces uso mi herramienta para sazonar nuestra relación en todo momento.
Tú eres reconocido por el humor, pero cuando estás en esa dupla con Yasmit, son una bomba espiritual impresionante. ¿Cómo logran que el humor y la fe no compitan, sino que se potencien en su matrimonio?
J: Lo que tiene que tener seriedad, seriedad debe tener. Y a lo que se le pueda amalgamar y juntar un poquito de humor, hacerlo. Durante 38 años hice una carrera completamente solo en escenarios, pero ahora, en el último año que estamos viajando, no nos separamos ni un solo momento. Así que Yasmit pone la parte suave, seria, intelectual, sentimental, importante, la experiencia; y yo le pongo la vertiginosidad y el humor. Entonces, ese complemento nos ayuda mucho tanto en las tarimas, los teatros en Colombia y en el púlpito cuando estamos predicando.
¿Qué significa para ustedes vivir un matrimonio que se reinventa en cada etapa con “vino nuevo, odres nuevos”?
Yasmit Sanabria: ¡Wow! Estar conectado con Dios es suficiente para sentir que uno puede hacer las cosas bien. Ese es el vino nuevo: disponible para todos, para el matrimonio, para la relación, para tener una vida saludable, rica, exitosa, con relaciones firmes. Entonces, es maravilloso tener esa conexión con Dios, de ahí parte absolutamente todo.
J: Los matrimonios son dinámicos. Cuando alguien dice “no sé cuándo dejé de amarlo”, suele ser cuando dejó de sorprender, cuando todo se volvió repetición. Yasmit y yo nos renovamos constantemente para no caer en la cotidianidad.
¿Por qué es clave soltar el pasado para disfrutar el matrimonio?
Y: Es importante desligarnos de las cosas que no nos ayudan a avanzar en esa relación. Tenemos que soltar el pasado porque nos atrapa, no nos deja avanzar, nos limita.
J: Yasmit y yo, somos una pareja de 37 años de casados y obviamente cada tanto tenemos que estar renovando muchas situaciones para no caer en estados marásmicos que se convierten en círculos viciosos.
¿En qué momento se degusta más ese “vino nuevo”?
J: Como el matrimonio es dinámico, hay una etapa en donde el vino es más rico, se dice que es al comienzo, pero no, es al final.
Vienen los hijos, las responsabilidades, luego ellos se van y nos quedamos solos. Siempre tenemos que estar bebiendo el vino de lo nuevo. Si creyéramos eso, dejaríamos de hacernos eco a frases que son tan destructivas en medio de la sociedad. Los hombres dejaríamos de esperar la crisis de los 40. Uno como cristiano piensa, no, el vino de los 50, el vino de los 40. El vino en la Palabra de Dios significa el Espíritu Santo.
Entonces, qué espectacular cumplir 40 años, qué espectacular los 50, qué espectacular que llegaron los nietos, que casamos a la hija, que casamos al hijo, qué bueno que estamos solos, qué bueno que compramos una casa, qué bueno que nos vamos de viaje. Todo el tiempo el vino debe ser nuevo, y obviamente tiene que tener un recipiente preparado para eso, es decir: hacerse adaptable a los cambios.

¿Quiénes viven más en crisis, los hombres o las mujeres?
J: Los hombres andan en unas crisis berracas: viene la crisis de la andropausia, tenemos miedo a quedarnos calvos y empezamos a peinarnos para un lado, para el otro, a pavimentar, a hacernos injertos, porque es que, si nos ven calvos, es signo de debilidad. También nos teñimos las canas porque es signos de vejez.
Si es la época que sufren de disfunción eréctil, ¿cuál es el problema? Uno es mucho más que un pene, uno es mucho más que una relación sexual. Obvio, la vida tiene desgastes. Y cuando te metes en la crisis muchas veces es porque no estás disfrutando la etapa en la que ya estás y anhelas la etapa que dejaste, anhelas el vino viejo.
¿Qué hábitos o creencias están matando los matrimonios hoy y deben dejarse atrás?
Y: Resistirse al cambio, no aceptar que hay cambios generacionales. Esos que dicen: “así me quedo, así soy y así me tienen que aceptar”. Es clave morir a nosotros mismos para amar al otro.
J: Otra cosa que se ve en las consejerías es mujeres a las que les parece muy malo demostrar su deseo sexual por su esposo. Que es impropio de la mujer vivir su vida sexual a plenitud porque todavía viven en un mundo demasiado recatado donde no se pueden tener esa clase de manifestaciones.
En fin, hay infinidad de odres viejos que hay que dejar, pero donde está el espíritu de Dios hay libertad. Y eso es falta de una relación genuina con el Espíritu Santo.
J: Por otro lado, uno no tiene por qué anhelar la juventud, porque la juventud la vivió, ¡ya está! Hombres vistiéndose con la ropa de sus hijos jóvenes y babeando por las amigas de sus hijas. Eso es una ridiculez. ¿Cómo debe vivir una mujer los 55? ¿Cuál es el problema con dar la edad? ¿Cuál es la pena en decir que somos ahora nonas, abuelas? Envejezcamos con dignidad, dejemos que el Espíritu Santo llene nuestra vida. Beba del vino del Espíritu Santo. Viva bien, disfrute, gócese. Yo todavía no sé qué es ir a un médico y salir preocupado. No sé qué son las enfermedades, pero cuando vaya y me diga, “señor Ordóñez, tiene cálculos”, Ah, bueno, benditos los riñones, gracias a Dios por los cálculos y gracias a Dios porque puedo pagar un médico.
Ya vendrá la próxima semana con su propio afán, con su propia oportunidad y Dios hará. Entonces, cuando aprendes a beber del vino nuevo, Dios constantemente te está dando fuerzas para cada etapa que vas viviendo. Así que disfruta.
¿Qué pueden decir sobre la crianza y formación de los hijos?
J: Nunca presionamos a nuestros hijos más allá de amar a Dios y cumplir normas propias de un joven cristiano. Cuando los padres presionan demasiado, crean vacíos difíciles de llenar. La crianza también necesita vino nuevo.
“Vino nuevo, odres nuevos”, es el eslogan del encuentro de parejas que Casa Sobre la Roca está organizando y donde ustedes participarán como invitados. ¿Qué los motiva a enseñar a otros?
Y: Creo que siempre vale la pena trabajar por el matrimonio. Instruirse, aprender, crecer, intentar, sobre todas las cosas querer hacer lo mejor. Creo que el matrimonio es iniciativa de Dios y en ese diseño, es clave que cada uno haga lo mejor para poder agradarlo a Él. Yo siempre digo, tenemos que mirar hacia arriba, siempre con el foco, cuál es la meta, a dónde queremos llegar, ver cuál es esa perspectiva para poder encarrilarnos. Nosotros queremos hablar a partir de la experiencia personal, pero también a partir de vivir una vida en Cristo.
J: No queremos ser unos pastores que jueguen a parecer que todo está bien. Queremos ser sinceros, entonces, cuando yo te digo que nosotros somos lo que somos, es porque ponemos un espejo frente a las personas, y les mostramos lo que hemos vivido, todos los problemas y esas complicaciones que también viven otros y que hemos aprendido a superarlas, a tolerarlas.
¿Qué parejas no pueden darse el lujo de perderse este encuentro?
J: Las que están en crisis, las que tienen la humildad de ser enseñables. Los matrimonios aprenderán sobre resolución de conflictos, convivencia sana, economía, sexualidad, crianza. Hay parejas que no saben cómo lidiar con esto y en cinco minutos están que se destruyen, son cosas que pasan porque la gente no conoce bien el organigrama. Dios le dio un orden al matrimonio y si se respeta, todo cambia.
Y: El Evangelio nos ha ayudado a vernos diferente, a servirnos mutuamente, a perdonarnos, a tolerarnos, a avanzar sabiendo que estamos casados con un pecador. José y yo somos pecadores y ahí hay trabajo por hacer porque siempre vamos a fallar. No somos una pareja perfecta, somos una pareja que ha decidido rendirse a Dios, y Él nos ha bendecido con familia, hijos, nietos, crianza, manejo de conflictos; y todo esto lo hacemos a la manera en que Cristo nos enseñó.
Ese es nuestro gol, nuestra meta. José me dice: “mi amor, yo sé que voy a estar contigo hasta que la muerte nos separe”. Entonces ese es un objetivo que los dos tenemos claro, así la vida esté llena de conflictos. En nuestros 37 años de casados nosotros batallamos, luchamos, nos equivocamos, peleamos, nos confrontamos, pero hemos aprendido a sacar el problema al otro lado porque ya lo sabemos hacer.
Es aprender a ver la necesidad de cómo puedo ayudar a mi cónyuge antes que a mí porque a veces es difícil aceptar que nos equivocamos.
Cuando hay un conflicto están los dos bandos, y cada uno tiene su razón, su perspectiva: “yo de aquí no me muevo”. Pero el poder interiorizar, examinarnos el corazón y mirarnos hacia adentro, nos lleva a que el Espíritu Santo nos convenza de que nos estamos equivocando y en esa medida, tener la voluntad de ir a la otra persona humildemente para pedir perdón y ser perdonado.

