No todos los oídos escuchan para aportar. La envidia y hablar de más pueden ser los principales obstáculos para el cumplimiento de los sueños y metas.
Por eso en circunstancias como estas guarda silencio el prudente, porque estos tiempos son malos. Amós 5:13.
“No hay que hablar todo el tiempo de todas las cosas ni con todas las personas. Eso no es sabiduría ni prudencia, ni encaja en el contexto espiritual. El silencio es una llave que abre y cierra puertas espirituales a la vida humana”, sostiene el pastor Darío Silva – Silva en su libro “Las llaves del poder”.
Uno de los errores que más cuesta es posiblemente hablar por hablar, y más cuando se hace con una persona equivocada. A la hora de construir una vida, de cumplir con los proyectos y avanzar en las metas, el silencio debe ser un gran aliado. No significa que se debe ser totalmente hermético sino de involucrar, hasta cierto punto, a quienes pueden aportar en el proceso de llevar a la realidad estos planes.
Dice una frase popular “No hay que dar tantas explicaciones. Los amigos no las necesitan, los enemigos no las creen, los tontos no las entienden”. Y en buena medida es así desde tiempos bíblicos.
El soñador de la túnica
Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente, narra el libro del Génesis en el capítulo 37 (RV 1960).
José, un adolescente de 17 años, tenía un propósito divino a largo plazo, pero como joven buscaba la validación de terceros y la aprobación de sus familiares.
Cierto día José tuvo un sueño y cuando se lo contó a sus hermanos, estos le tuvieron más odio todavía, pues dijo:
—Préstenme atención que les voy a contar lo que he soñado. Resulta que estábamos todos nosotros en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se levantó y quedó erguida, mientras que las de ustedes se juntaron alrededor de la mía y se inclinaron ante ella. Sus hermanos replicaron:
—¿De veras crees que vas a reinar sobre nosotros y que nos vas a gobernar?
Y lo odiaron aún más por los sueños que él contaba.
Una revelación divina transmitida en sueños mostraba el futuro de este joven, pero en su presente debía ser cauteloso y prudente a la hora de hablar porque estaba rodeado de envidia, odio y familiares tóxicos… Algo no muy distinto a lo que pasa hoy en muchos círculos.
Después José tuvo otro sueño y se lo contó a sus hermanos. Les dijo: —Tuve otro sueño en el que veía que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí. Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió: —¿Qué quieres decirnos con este sueño que has tenido? —le preguntó—. ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo vendremos a postrarnos en tierra ante ti?, relata Génesis 37: 9 – 10.
El plan de los hermanos de José era desaparecer esos sueños absurdos que solo con Dios se pueden cumplir.
Esclavo de las palabras que dices…
Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, le arrancaron la túnica muy elegante, lo agarraron y lo echaron en una cisterna que estaba vacía y seca. Luego se sentaron a comer. En eso, al levantar la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venía de Galaad. Sus camellos estaban cargados de perfumes, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto (…) así que cuando los mercaderes madianitas se acercaron, sacaron a José de la cisterna y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Fue así como se llevaron a José a Egipto. Génesis 37: 23 – 28.
La envidia, los celos, odio y hablar de más con quienes no debía, llevó a José a ser vendido como esclavo a Potifar, oficial del faraón y capitán de la guardia. Lo que no sabía era que Dios utilizaría estos sentimientos contra él para cumplir con ese plan diseñado por El Señor para salvar a todo su pueblo.
Sin embargo, el adolescente José no fue sensato al abrir su boca y eso le trajo consecuencias dolorosas tanto a él como a su familia. Al ser vendido como esclavo como consecuencia directa de ello, José perdió en su presente lo que lo identificaba como especial para los hombres: su libertad y su túnica.
Enseguida los hermanos tomaron la túnica especial de José, degollaron un cabrito y con la sangre empaparon la túnica. Luego la mandaron a su padre con el siguiente mensaje: «Encontramos esto. Fíjate bien si es o no la túnica de tu hijo». En cuanto Jacob la reconoció, exclamó: «¡Sí, es la túnica de mi hijo! ¡Seguro que un animal salvaje lo devoró y lo hizo pedazos!». Génesis 37: 31 – 33.

El desafío del silencio
Al convertirse en esclavo, José se volvió administrador de todos los bienes y se ganó la confianza de Potifar aunque ese no era el lugar que Dios tenía para José. Tras huir del acoso sexual de la esposa del oficial egipcio, el hijo de Jacob termino en prisión sin nada de lo que antes, por talento o designación, lo destacaban de otros.
José fue despojado por Dios de cualquier “reconocimiento” del que pudiera sacar pecho y lo hizo porque lo preparaba para hablarle en el silencio exterior e interior.
Acertadamente, esto lo explica el pastor Darío Silva-Silva en el libro “Las llaves del Poder”: “Es en el silencio donde podemos percibir voces, sonidos, diapasones que no se oyen en medio del bullicio. Dios habla siempre en la armonía del silencio”.
Después de un tiempo prisión y del sufrimiento que esto conlleva, José interpretó los sueños del copero y el panadero del faraón pero puso su confianza y palabras en la persona y el momento equivocados, antes que en Dios.
Yo le ruego que no se olvide de mí. Por favor, cuando todo se haya arreglado, háblele usted de mí al faraón para que me saque de esta cárcel. A mí me trajeron por la fuerza, de la tierra de los hebreos. ¡Yo no hice nada aquí para que me echarán en la cárcel! Génesis 40: 14.
Bien lo explica el profeta Jeremías tras la destrucción de Jerusalén: Bueno es esperar calladamente la salvación del Señor. Lamentaciones 3: 26.
Un momento para hablar, un momento para callar
El rey Salomón, hombre más sabio del mundo, lo dice en Eclesiastés 3: 1 y 7b: Todo tiene su momento oportuno; hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo (…) tiempo para callar y tiempo para hablar.
El momento de Dios no era el que esperaba José y dos años después llegaría el momento de hablar con quien tenía que hablar, pero respaldado por Dios.
El faraón mandó llamar a José y enseguida lo sacaron de la cárcel. Luego de afeitarse y cambiarse de ropa, José se presentó ante el faraón quien dijo: —Tuve un sueño que nadie ha podido interpretar. Pero me he enterado de que, cuando tú oyes un sueño, eres capaz de interpretarlo. —No soy yo quien puede hacerlo —respondió José—, sino que es Dios quien dará al faraón una respuesta favorable. Génesis 41: 14 – 16.
El saber usar la llave del silencio trae restauración y bendición no solo para quien lo hace sino para sus planes y proyectos.
Las Sagradas Escrituras dan un ejemplo del buen uso del silencio y la palabra sobre la construcción de un proyecto: Si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿acaso no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? De otra manera, si pone los cimientos y después no puede terminarla, todos los que lo vean comenzarán a burlarse de él, diciendo: “Este hombre empezó a construir, pero no pudo terminar”, dice Lucas 14:28 – 31.
Al hacer referencia a los cálculos de los gastos, este tipo de proceso se realiza en la quietud de la concentración y el silencio, para más adelante, consultar, salir de dudas y solicitar cotización con expertos y proveedores. En términos generales, así son las fases de una planeación exitosa.
Por el contrario, si un proyecto se anuncia con bombos y platillos sin la mínima y silenciosa preparación, proyección y cálculo suele terminar convertido en un desastre. En esta misma idea, si no se consulta o se hace uso de la palabra con los expertos adecuados para el propósito, la torre nunca llegará a ser construida o quedará mal por lo que será una burla y traerá consecuencias negativas para quien está detrás del proyecto.
Ese el concepto detrás de Proverbios 10:19 cuando señala: El que mucho habla, mucho yerra; callar a tiempo es de sabios.
“No se trata de estar todo el tiempo callado, ni de estar todo el tiempo hablando. El silencio y las palabras son alternables. La llave del de la palabra y la llave del silencio son complementarias pero no simultáneas. Como diría Perogrullo, obviamente uno no puede usar al mismo tiempo la voz y el silencio. No se puede hablar mientras se calla, y no se puede callar mientras se habla. La elocuencia es muy buena, pero la charlatanería es muy mala. Hay que equilibrar el hablar y el callar en nuestra vida”, concluye el reverendo Darío Silva – Silva.
Por: David Bernal – david.bernal@revistahyc.com
Fotos: Archivo digital.

