Cada vez se popularizan más los modelos de “Living Apart Together” y “Only Weekends Couple”, parejas que tienen una relación íntima, exclusiva y comprometida, pero que eligen no vivir bajo el mismo techo o compartirlo solo durante el fin de semana.
En países como España, Reino Unido, Bélgica, Francia, Alemania y Noruega, entre otros, alrededor del 10 % de los adultos están en relaciones LAT. En Estados Unidos y Canadá el nivel está cerca del 9 %, de acuerdo con estudios realizados por The Vanier Institute of the Family y el Diario AS, lo que demuestra que estos modelos “no son marginales, se mantienen estables o crecen en múltiples culturas y estratos etarios, especialmente entre jóvenes y adultos mayores”.
¿En qué se diferencian estos modelos de un simple noviazgo? Sencillo. Se trata de parejas casadas en su mayoría, que dicen haber encontrado el amor de sus vidas, pero que no quieren compartir la cotidianidad del hogar, ni ahora, ni más adelante.
Los amigos de Catalina
“Una de mis amigas más cercanas vive en una relación extraña. Hace unos 10 años se casó con un hombre espectacular, perfecto para ella. Parecía el final del cuento: vivieron felices… ¡por cinco años! Los constantes viajes laborales de los dos, el desorden, la alergia de él al gato de ella, las diferencias económicas y otros problemas, terminaron por separarlos. Un día, ella anunció en el grupo de las amigas que se estaban separando, que él se había ido de la casa y que ahora estaba sola. Todas nos lamentamos. Sin embargo, al matrimonio de otra de las amigas llegaron juntos y muy felices. Cuando les preguntamos si habían vuelto, nos respondieron algo muy curioso que nunca había escuchado: sí, de nuevo estamos juntos, pero no revueltos.
Vamos a seguir viviendo cada uno en su casa. Seguimos casados, pero no vivimos juntos. ¡Esto pasó hace 5 años y siguen igual! A veces ella pasa el fin de semana en el apartamento de ella, a veces al revés, pero nunca pasan un tiempo prolongado juntos, a menos que viajen. Ellos aseguran que su relación está mejor que nunca y que no hay motivos para retroceder, igual, no quieren tener hijos y dicen que esa fue la manera que encontraron para resolver sus problemas del pasado. Es una relación bastante particular para mi gusto”, asegura Catalina Vélez a Hechos&Crónicas.
Así como la amiga de Catalina, muchas parejas han encontrado la “solución” a sus problemas en el hecho de vivir juntos solo un par de días a la semana, lo que, según ellos, elimina los problemas de convivencia, trae grandes beneficios en salud mental al reducir conflictos diarios y mejora la intimidad sexual. Las razones, de acuerdo con The Vanier Institute of the Family son: el deseo de Independencia personal (12–23 %), restricciones prácticas como estudios, trabajo, hijos (45–69 %), no estar listos para convivir (48 %).
Sin embargo, los mismos estudios revelan que este modelo solo funciona a corto plazo. “La reducida convivencia, aun contando con un compromiso explícito como lo es el matrimonio, suele desligarse de la vida compartida. Esto genera menores niveles de satisfacción conyugal y mayor intención de divorcio en comparación con quienes conviven de forma permanente”.
¿Qué dice la Biblia?
Aunque los arreglos modernos como LAT u OWC pueden parecer tentadores y hasta protectores con el matrimonio, las parejas pagan un precio muy alto por practicar estos acuerdos. La probabilidad de ruptura aumenta, la carga económica es mayor, se genera un distanciamiento emocional fuerte, se debilita la intimidad al fragmentar la vida diaria y, lo que es peor, una falta del vínculo profundo y el crecimiento espiritual y emocional que la convivencia promueve.
El mundo nos está vendiendo el matrimonio como algo aburrido, agotador e imposible de mantener. Sin embargo, la Biblia nos muestra el matrimonio como el más hermoso de los estados del ser humano, al punto de comparar la relación de pareja con la que tiene Jesús con su iglesia: amor profundo, entrega total, sin egoísmo, compromiso continuo… un camino donde la fe, la paciencia y la entrega son prácticas diarias, más allá del encanto de fines de semana.
Un solo ser
Dios diseñó el matrimonio como un vínculo total entre un hombre y una mujer, donde se integran de tal manera que llegan a ser uno solo, en todo. Esto implica no solo una conexión física, sino también emocional y espiritual, estableciendo una nueva unidad familiar con lazos más fuertes que los de origen. Es una entrega total, no temporal ni parcial, que ni siquiera el hombre puede dividir. Se genera una unidad tan profunda, que Dios los llama “una sola carne”.
“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos llegarán a ser uno solo” Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Mateo 19:5-6.
Fuente de pureza
Aunque el deseo de mantenerse fiel sea fuerte, el hecho de vivir separados puede abrir puertas que no honran el compromiso matrimonial. Sea por distracción emocional, por malentendidos, o por sensación de soledad, se aumenta el riesgo de caer en adulterio y afectar la santidad del hogar.
Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales. Hebreos 13:4.
Crecimiento constante
La Biblia dice que el hierro se afila con el hierro y el hombre en el trato con el hombre. (Proverbios 27:17). Esto significa que el trato constante nos ayuda a crecer mutuamente. No existe una relación tan íntima y personal como la que alcanzan a tener los cónyuges que lo comparten todo: lo bueno y lo malo, el romance y los errores, el perdón, el servicio y la resolución de conflictos. Pero, para esto, se debe morir al “yo” y tener una relación de amor como la que se describe en 1 de Corintios 13, donde se habla de compromiso, paciencia y entrega y se elimina el egoísmo y el orgullo.
Ese es el diseño de Dios para el matrimonio, que termina por ser un testimonio para los demás. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. Filipenses 2:4.
Servicio mutuo
Es verdad que el matrimonio no es fácil. No es sencillo acomodarse a los gustos y a las manías de otro ser humano criado de una manera completamente diferente. Por eso, Dios estableció un rol para cada miembro dentro del matrimonio: La esposa se somete a su esposo con respeto y atención, el esposo ama y purifica a su esposa y se entrega por ella. El compromiso espiritual se cultiva día a día, en lo normal, no únicamente en lo especial. Al comparar esta relación con la de Cristo con la iglesia, se nos muestra que el matrimonio es una entrega profunda en la que ambos se sirven mutuamente, procurando la felicidad y el bienestar del otro, por encima del propio.
Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Efesios 5:22-28.

