Cuando Adán miró a los animales que Dios creó en el Edén, debió sentirse muy solo, aunque los elefantes, las jirafas y los leones eran fascinantes, había algo que lo diferenciaba de ellos: la habilidad para comunicarse, interactuar y relacionarse con su medio ambiente en forma efectiva.
De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó: «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue sacada». Génesis 2:22-23. Al verla no se sintió solo, tuvo con quien relacionarse y construir una familia: una sociedad.
Al ser creado a imagen y semejanza de Dios, el hombre fue dotado con habilidades sociales básicas como escuchar, hablar, expresarse, otras más y complejas como la empatía, inteligencia emocional, asertividad, capacidad de comunicar sentimientos y emociones, modulación de la expresión oral, entre otras.
Sin embargo, en ocasiones, una combinación de variables genéticas y ambientales pueden llevar a los niños a no desarrollarse de igual manera, afectando la capacidad de comunicarse correctamente y de relacionarse con los demás. Esta incapacidad es conocida como síndrome de Asperger; las personas que lo padecen pueden tener un comportamiento social inusual y un interés profundo en algunos temas específicos.
El síndrome de Asperger
La Confederación Asperger España lo define como: “un trastorno del desarrollo que se incluye dentro del espectro autista y que afecta la interacción social recíproca, la comunicación verbal y no verbal, una resistencia para aceptar el cambio, inflexibilidad del pensamiento así como poseer campos de interés estrechos y absorbentes. Las personas con este síndrome, son buenos en habilidades de memoria (hechos, figuras, fechas, época, etc.) muchos sobresalen en matemáticas y ciencias».
¿Existe tratamiento?
Con un tratamiento eficaz y dirigido por el profesional competente, los niños con AS pueden aprender a lidiar con sus discapacidades. Muchos son de ellos sufren porque los marcan, los creen incapaces, torpes, limitados mental y verbalmente y no siempre se les da la confianza necesaria para aprender a manejarla.
Los adultos con AS son capaces de trabajar exitosamente en labores establecidas, aunque pueden continuar necesitando aliento y apoyo moral para mantener una vida independiente.
No todo es negativo, hay esperanza para aprender a convivir y manejar el Asperger de forma correcta. Un ejemplo de ello es el reconocido pastor y conferencista Dante Gebel, quien tiene este síndrome y durante años ha aprendido a sobrellevarlo. Este es parte de su testimonio:
“Cuando estaba en primaria, mi maestra me dijo una vez: Gebel usted es estúpido. Lo dijo delante de todos porque mi dislexia y mis problemas para el habla hacían que no pudiera dar la lección oral. En ese momento literalmente me oriné, lo cual empeoró la situación. Tú haces algo en la escuela primaria y eres popular al día siguiente, así que sentí que mi vida estaba despedazada. Nunca me olvidé de estas palabras: Usted es estúpido, porque amaba mi maestra y cuando alguien tiene influencia sobre ti, las palabras te marcan.
Papá pudo haber dicho: no, tú no lo eres, pero papá vivía borracho. Además decía: si te dijeron estúpido o tonto por algo será. En esa época lo padres no iban a hablar con la maestra para salvarte del bullying, debías arreglártelas.
Años después tuve un pastor alemán. No un perro, un pastor nacido en Alemania que una vez me señaló con su dedo huesudo y me dijo: Dante, Dios nunca lo va a usar a usted, porque usted es rebelde. Yo amaba a ese hombre, así que sentí que esas palabras me marcaban e hicieron click.
Síntomas
1 – Obsesión por alguna cosa.
2 – Deseos de repetición y rutina (y no responder bien al cambio).
3 – Pérdida de señales sociales en el juego y la conversación.
4 – Falta de contacto visual con compañeros o adultos.
5 – Falta de comprensión del pensamiento abstracto.
También puede tener problema con juegos de ficción, no querer que lo abracen o lo toquen, tener reacciones inusuales a ruidos, olores o sabores.
Un día te miras al espejo y no te gusta la persona en la cual te estás convirtiendo, dices: no, yo debía haber sido diferente a esta edad. Algo me cambió, pero estas son cosas que nos marcan. Todos tenemos una historia triste para contar, un desierto que la gente no ve, solo miran nuestro Canaán, pero no ven por lo que pasamos. Nos juzgan por lo que Dios nos da, no saben por lo hemos pasado: las injusticias y el dolor y las críticas y las murmuraciones. Algunas no te hacen mella otras calan en lo más profundo del corazón.
Cuando las cosas no van bien, no quieres que te tengan lástima. No quieres que las heridas se te vean, yo tengo heridas en mi mano derecha porque cuando era adolescente fue a la carpintería de papá y metí los dedos en una máquina y me corte el dedo índice y anular. No se ve mucho, pero mis dedos están torcidos entonces siempre tuve no sé si temor, pero prejuicio de que mi mano no es bonita.
Tú eres un príncipe para Dios. No importan las palabras de un pastor Alemán, las palabras de una maestra con desfasaje hormonal, no importa quién te haya roto el corazón, no importa el que no te mostró confianza, o quien te dio la espalda.
Existimos las personas a quienes Dios no quitará las heridas. El dolor sí, pero no las heridas y por ellas también debemos agradecer. Yo ya no reniego de mis heridas, me reconcilié con muchas de ellas: con mis dedos torcidos, con mis manos amputadas y vueltas a coser, con mis defectos, con mi Síndrome de Asperger. Esto lo cuento porque ya me reconcilié. Antes lo ocultaba como algo vergonzoso y tuve que aprender a hacerlo todo: a hablar, a mirar a los ojos, etc. Todo lo que para los demás es fácil, yo tuve que aprenderlo con mucho esfuerzo.
Así que si alguien me ve y torpemente piensa que no se puede comparar conmigo, ¡claro que sí! Yo me orinaba, tengo Asperger y un montón de defectos, tú no tienes eso, tú puedes logar mucho más todavía. El Señor no ha querido quitarme el Asperger ni las heridas de las manos para que yo sea un dependiente del mantel, de la gracia y eso me hace entender a los dependientes de la gracia, es fascinante”, cuenta Gebel.
Al igual que el Apóstol Pablo, el pastor Dante Gebel ha tenido que soportar un padecimiento y aprender a vivirlo sin ser sanado por Dios. Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara. Tres veces le rogué al Señor que me la quitara; pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad».
Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:7-9.
Existen padecimientos que Dios no sanará, pero el poder del padre y su gracia, concede la sabiduría que se necesita para sobrellevar dignamente cualquier síndrome o discapacidad y nos muestra cómo glorifícalo para que su poder permanezca en nosotros.
Por: Hilda Cristina López – Correo: forjatalentos@gmail.com
Foto: Freepik (Imagen usada bajo licencia Creative Commons)

