Dios por encima del Estado

por David Bernal
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El gobierno es una institución política formada por humanos que regula y modera la convivencia en la sociedad, pero cuando no hay un buen gobierno deriva en consecuencias negativas y devastadoras para los pueblos. Una de estas es la persecución contra opositores, líderes religiosos, así como de hombres y mujeres que buscan hacer el bien.


El Museo Nacional Smithsonian de Historia y Cultura Afroamericana define la opresión como “una combinación de prejuicio y poder institucional que crea un sistema que discrimina de manera regular y severa a algunos grupos y beneficia a otros grupos. Una persona del grupo no dominante puede experimentar opresión en forma de limitaciones, desventajas o desaprobación. Incluso puede sufrir abuso por parte de individuos, instituciones o prácticas culturales”.

Mateo 5:10-12 dice Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.

Y precisamente, la Biblia cuenta diversas historias de sacerdotes, profetas y hombres de Dios que se enfrentaron a su gobierno y/o rey por estar haciendo lo malo y sufrieron la persecución de todo el aparato “estatal y/o monárquico”, pero estas mismas páginas  y personajes demuestran que Dios es todopoderoso y está por encima de las instituciones y las personas. Estas son algunas de sus historias….

– Rey Saúl y David

El primer rey de Israel fue Saúl pero durante su reinado desvió su camino y perdió el respaldo de Dios. En su afán de consolidar un linaje, Saúl inició una persecución a muerta contra David, el pastor de ovejas que sería el sucesor al trono por designio de Dios.

1 Samuel 19:1-2 cuenta que: Saúl ordenó a su hijo Jonatán y a todos sus funcionarios que mataran a David. Pero, como Jonatán le tenía tanto afecto a David, le advirtió: Mi padre Saúl está buscando una oportunidad para matarte. Así que ten mucho cuidado mañana; escóndete en algún sitio seguro y quédate allí

El rey dispuso de todo el poder de su gobierno para matar al ungido de Dios que lo iba a reemplazar. Saúl movió tropas, armas y recorrió miles de kilómetros para asesinar al sucesor pero El Señor salvó a David advirtiéndolo a través de su amigo Jonatán, hijo de Saúl.

En una nueva ocasión donde el rey volvió a intentar matar al pastor de ovejas, Saúl movilizó a su ejército para cumplir su objetivo: Cuando contaron a Saúl que David había ido a Queilá, exclamó: «¡Dios me lo ha entregado! David se ha metido en una ciudad con puertas y cerrojos; no tiene escapatoria». Entonces convocó a todo su ejército para ir a combatir a David y a sus hombres, y sitiar la ciudad de Queilá, se puede leer en 1 Samuel 23.7-8. En esta oportunidad, Dios salvó la vida de David utilizando una crisis militar con los filisteos que le tocó al rey solucionar.

Al contrario de lo que pensaba Saúl, David no solo logró escapar de varios intentos de matarlo sino que él tuvo en sus manos la vida del rey en varias oportunidades, desistiendo por respeto a sus autoridades y por obediencia al Señor. La historia de estos dos personajes culmina con la muerte de Saúl y la coronación de David como el nuevo rey de Israel.

– José, el soñador

El hijo de Jacob vivió en carne propia lo que es tener el peso del estado en su contra siendo inocente. Al llegar a Egipto vendido como esclavo y tras negarse a sostener relaciones sexuales con la esposa de Potifar, capitán poderoso de la guardia del Faraón, fue acusado injustamente y encarcelado a pasar su vida en la cárcel.

Cuando el amo de José escuchó de labios de su mujer cómo la había tratado el esclavo, se enfureció y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey, sostiene Génesis 39:19-20.

Tras pasar varios años en prisión y sufriendo por un crimen que no cometió, la fe de José no desmayaba y esta fue recompensada: “Aun estando en la cárcel, el Señor estaba con él y no dejo de mostrarle su amor”.

Sin embargo, Dios usó los sueños del Faraón para restituir totalmente la vida de José. Tras el episodio del copero y el panadero, Dios reveló por medio de José que vendrían sietes años de abundancia y otros tantos de hambruna. Por lo que el faraón (máximo gobernante de la potencia mundial de la época), lo convirtió en gobernador de Egipto y le dio autoridad sobre todos en el país, incluso por sobre Potifar y su esposa que lo habían acusado y enviado a prisión.

Elías, el rey Acab y Jezabel

En 1 Reyes 16 se narra la historia de Acab, rey de Israel y su esposa Jezabel. Durante este mandato, el rey “hizo lo que ofende al Señor, más que todos los reyes que lo precedieron” por lo que Dios envío a su profeta Elías para reprenderlo y destruir sus falsos dioses. Sin embargo, este y su esposa usaron todo su poderío como reyes para perseguir y amenazar al profeta. Elías se sentía solo y estaba angustiado por su vida.

Me consume mi amor por ti, Señor Dios de los Ejércitos. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también! 1 reyes 19:14

El profeta no estaba solo y El Señor uso todo su poder para proteger, proveer y ayudar a su profeta, quien vio como Dios lo cuidada de forma sobrenatural y milagrosa frente al hambre, el avance de pelotones contra él, el acoso y la persecución del rey.

Finalmente, Acab y Jezabel usaron todo su poder como reyes para acabar con el profeta de Dios y fueron ellos los que murieron violentamente por actuar y gobernar guiados por la maldad.

El profeta Elías fue llamado a los cielos por Dios y ascendido en un carro de fuego, siendo uno de los pocos hombres de Dios y profetas que no conocieron la muerte. Dios es un Dios celoso que ama, cuida y protege a todos sus hijos, en especial a sus siervos.

Estas historias nos dejan en claro que no hay gobernante o rey ni poder ni dinero que esté por encima de Dios y de sus ordenanzas, tal como se confirme en Efesios 1:19- 22: Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no solo en este mundo, sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo y lo dio como cabeza de todo a la iglesia.

Por: David Bernal – david.bernal@revistahyc.com

Fotos: Montaje con fotos de Jeswin Thomas y Duncan Sanchez (Imágenes de Unsplash)  

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