El Evangelio es salud mental

por Revista Hechos&Crónicas

Quiero resaltar que desde los siete años asisto a reuniones cristianas con mi madre y en la adolescencia fui líder de jóvenes en mi congregación. Además, cuando tenía 16, mis padres se convirtieron en ministros del Evangelio. Lo que conllevó que desde pequeña estuviera al tanto de historias bíblicas, que en la mesa familiar se trajeran a colación casos de ovejas de la iglesia (lo que me incomodaba mucho, porque era el tiempo de la familia) y que tuviera un temor de Dios, fruto de haber tenido una exposición constante a las Escrituras.

Escuché muchas enseñanzas y prédicas acerca de los milagros y prodigios, del perdón de los pecados, del espíritu de fe, de ángeles y demonios, del fin de los tiempos, de la Gran Comisión, del Dios Creador, Jesús el mediador de un nuevo pacto, etc. Sin embargo, lo que hablaban en la iglesia me parecía tan lejano y tan ajeno a mi vida real y mi mundo interior, que simplemente, llevaba mi procesión por dentro.

Tenía muchos recuerdos tormentosos de la infancia. Recordaba vívidamente escenas de un padre alcohólico y mujeriego así como de una madre melancólica que un día atentó contra su vida. Recordaba el bullying que había sufrido en el colegio. Guardé todo eso en silencio pues no creía que alguien en casa pudiera ayudarme. En suma, me creía “Betty la fea”, pues en mi adolescencia tuve gafas, frenillos y acné. Como resultado, era una niña insegura, que lloraba casi todos los días y veía la vida en blanco y negro. Pero, en la iglesia había que cumplir la tarea religiosa. No podíamos faltar a los cultos. En la iglesia sonreíamos, pero en casa habían peleas y desamor.

Las buenas noticias

Jesús vino a traer buenas noticias. De hecho, en el griego, evangelio significa buenas noticias. Pero, ¿qué son las buenas noticias?

  • El Evangelio no es algo, es alguien.
  • El Evangelio es una persona: Jesús.
  • El Evangelio no es una filosofía ni un manual de conducta, es una relación.
  • El evangelio no es asistir a culto, es mirar y seguir a la persona de Jesús, nuestro camino a Dios Padre.

Por eso, los mejores ministros del evangelio son los que te llevan a poner tu mirada en Jesús, no en ellos ni en ti mismo. Nos convertimos en aquello que miramos y adoramos. Uno puede ir a un templo y nunca contemplar la hermosura de Jesús. A mí me pasó. Y le pasa a muchos actualmente.

Somos fruto de las relaciones

En 2012, Dios salió a mi encuentro e hizo un milagro en mi vida. Un pastor que había orado y ayunado por 40 días oró por mí con amor y vehemencia y se fueron los delirios y las alucinaciones para siempre. Ese hombre había estado con Jesús y me trajo buenas nuevas.

Posteriormente, inicié un proceso de psicoterapia, con una mujer que amaba a Jesús. Ella me dio herramientas para sanar mi alma, y me trajo buenas nuevas.

Aunque tomé medicación por algunos meses, eso no me sanó. ¿Sabes qué me sanó? Las relaciones. Y sobre todo aquellas, que me apuntaban a Jesús.

Por mi historia de vida, empecé a estudiar psicología no solo en la universidad sino en todos los libros posibles. Quería desencriptar principios bíblicos, que tienen un componente psicológico y llevar buenas nuevas a la iglesia de Jesús.

Quiero mostrarte lo que la teoría cognitiva conductual y el reino de los cielos tienen en común. Esta teoría afirma que nuestra conducta es resultado de nuestros pensamientos. Ahora bien, el primer mensaje de Jesús en la tierra lo encontramos en Mateo 4:17: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca».

Jesús sabía que si cambiamos nuestros pensamientos, se modifica nuestra conducta. Pero, Él va más allá y nos explica cómo hacerlo: “…porque el reino de los cielos se ha acercado.” Los pensamientos solo se modifican como consecuencia de nuestras relaciones. En otras palabras, Jesús estaba diciendo: Yo, el Hijo de Dios, he venido a relacionarme contigo. Solo así cambiarás tus pensamientos, manejarás efectivamente tus emociones, se modificará tu conducta, desarrollarás mejores hábitos, te convertirás en un hijo maduro (identidad de hijo y heredero de Dios) y alcanzarás el destino trazado por mi Padre. (Ver diagrama 1)

Jesús se refirió a Dios como Padre, 325 veces en el Nuevo Testamento. En la noche de la Última Cena, Jesús se refirió al Padre 58 veces. Esto simplemente hace hincapié en lo que dijo C.S. Lewis en su libro Mero cristianismo: “El hijo de Dios se hizo hombre para que los hombres pudieran hacerse hijos de Dios.”

Jesús, vino en persona para transformar huérfanos en hijos de Dios, para transformar esclavos en libres; siervos en amigos. ¡A Jesús le importan las relaciones! ¡Eso es salud mental!

Por: Alexandra González. Escritora y psicoterapeuta. (IG: @extravagante.mente)

Foto: Montaje realizado con imágenes de Rawpixel y Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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