Mucho más que bella

por María Isabel Jaramillo

A propósito del Día Internacional de la Mujer que todos los años se celebra el 8 de marzo, Hechos&Crónicas trae para sus lectoras un sencillo comentario sobre lo que realmente significa la belleza.


Dentro de la naturaleza humana y aún más en el caso de la mujer, el deseo de lucir agradable es una constante del día a día. Ser hermosa es una preocupación de la mayoría de mujeres desde siempre y más en la actualidad y la manera de lograrlo es cada vez más exigente. Los estándares de belleza van en aumento, convirtiéndose en algo prácticamente imposible de lograr para las mujeres del común.

Hoy se observan mujeres enfermas por el deseo de agradar a los demás, creyendo que la belleza física es lo más importante. Debido a esta creencia, los índices de trastornos alimenticios han ido en aumento y la deformación de la imagen corporal afecta a nuestras mujeres desde la más tierna infancia. Para el 2023, la Organización Mundial de la Salud calculó que la anorexia nerviosa afectaba entre el 0.5 al 3 % de la población mundial de adolescentes, convirtiéndose en la tercera enfermedad crónica más común. Además, cerca del 90 % de adolescentes afectados por este tipo de enfermedades son mujeres, de las cuales una de cada 100 niñas/adolescentes padece de anorexia, mientras que cerca del 3 % desarrolla bulimia. Además, la OMS asegura que los trastornos alimenticios cada vez comienzan a más temprana edad. Según el organismo, se ha registrado un aumento en casos de niñas desde los seis años.

Adicionalmente se encuentra el Trastorno Dismorfóbico Corporal o (TDC), que consiste en una preocupación exagerada y fuera de lo normal por algún defecto percibido en la imagen corporal que lleva a que la persona sufra trastornos de ansiedad, depresión, afectación en la vida cotidiana, e incluso aislamiento.

Este trastorno incita a que se someta el propio cuerpo a todo tipo de excesos con el fin de verlo perfecto. De allí se desprenden adicciones y desórdenes, como el ejercicio desmedido o la adicción a las cirugías estéticas, entre otros.

Todo esto lleva a que nuestras mujeres se pierdan en la búsqueda de la belleza, a que vivan amargadas y tristes porque no pueden cumplir sus ideales y a que pierdan de vista a quien las ama de verdad.

Hace un tiempo comenzó a circular por internet un anuncio publicitario de productos cosméticos, en el que el retratista forense Gil Zamora, dibuja el rostro de siete mujeres, sin verlas, basándose solo en las descripciones que hacen de sí mismas. Más adelante, las mujeres se conocen entre sí y se les pide que realicen la descripción de otra participante para realizar un segundo retrato.

Al final del anuncio, las mujeres reciben ambos dibujos y queda claro que sus compañeras las consideran mucho más bellas de lo que ellas mismas se ven. Además, el segundo retrato corresponde mucho más a la realidad que el primero. El anuncio se ha convertido en un éxito en la red y ha recibido más de un millón de visitas en Youtube.

La verdadera belleza

“Si bien es cierto que los hombres son completamente visuales y que inicialmente para ellos todo entra por los ojos, con el paso del tiempo y al crecer el afecto, este tema pasa a segundo plano”, asegura la psicóloga clínica Diana Hernández, y agrega que “lo importante para un hombre no es solo que su esposa luzca hermosa, sino que sepa mantener el misterio y sostener con él una conversación permanente. Esto no implica que dejen de interesarse en la belleza física, sino que ésta pasa a ser un complemento de lo que los hombres buscan en su compañera”.

Lo anterior signifi ca que los hombres buscan mujeres hermosas para compartir su vida, pero también inteligentes, sabias y diligentes. El pastor Darío Silva- Silva lo expresa de la siguiente manera: “Con los hombres siempre se habla de lo mismo. Lo bonito de la relación con una mujer es que uno vive descifrando crucigramas todo el tiempo”.

La Biblia es mucho más clara en este aspecto. Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios. 1 Pedro 3:3-4.

¿Qué quiere decir esto? Que Dios no busca que una mujer se desgaste pensando en dietas o en vestidos, ni que pierda su tiempo adornando su belleza física. A Él no le interesa que una mujer se pierda en el intento de ser bella.

Para Cristina García de Santa, quien dirige el ministerio Mujer Integral de Casa Sobre la Roca Sabana Norte, “cuando la imagen que vemos en el espejo no coincide con lo que percibimos, tenemos problemas y como mujeres muchas veces luchamos con esa inconformidad. El problema no es tanto preocuparnos por la estética, eso puede ser lindo, el problema es cuando la estética empieza a ser el centro de los desvelos, las tristezas y las mentiras, que nos llevan a problemas como anorexia y bulimia, porque lo que vemos en el espejo no coincide. Queremos vernos hermosas siempre, porque pensamos así vamos a gustarle a la gente y nos van a aceptar mucho más, nos preocupa lo que los demás piensen de nosotras y queremos dar la talla. Está bien querer ser hermosas, cuidar de cada una y de cómo nos vemos, pero debemos tener mucho cuidado con los límites borrosos entre la belleza física, la belleza espiritual y el valor personal, porque dar la talla con la versión de belleza de Hollywood es complicado. Esa clase de belleza jamás ha sido ni será lo que Dios anhela para nosotras. A Dios le importa mucho más nuestra belleza interna, nuestra reverencia y nuestro amor por Él, por eso dice Proverbios 31:30: engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza”.

Como me ve Dios

Es natural que una mujer se preocupe continuamente por la apariencia, somos perfeccionistas. Sin embargo, no podemos olvidar qué es lo que realmente ve Dios. Él no repara en la belleza física, sino en la belleza del corazón. Debemos relajarnos y disfrutar más lo que Él ha hecho de nosotras porque somos creación de Dios, creación admirable, así nos ve Él: redimidas y sin defecto: Toda tú eres bella, amada mía; no hay en ti defecto alguno. Cantares 4:7.

Por: María Isabel Jaramillo – Isabel.jaramillo@revistahyc.com

Foto: Peter Kalonji – Unsplash

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