Pequeños hábitos crean grandes cristianos

por Revista Hechos&Crónicas

Mi nombre es Juan Pablo Molina, tengo 18 años y soy estudiante de Ingeniería Agrícola. Hace 14 años Dios me mostró la raíz del un problema con la influencia de la sexualidad en mi vida.


Todo comenzó a la edad de cuatro años empiezo a experimentar mi cuerpo y de manera inocente observo imágenes explícitas de una mujer en el computador que usaba mi hermano en aquel entonces. Desde ese momento, empiezo a tener un despertar sexual temprano y también tengo conciencia de lo que es la sexualidad en la vida cotidiana. Posterior a ello, a los 11 o 12 años cuando entro al colegio, mis amigos y las costumbres mundanas marginan mi corazón y empiezo a experimentar la pornografía y la masturbación en mi vida, algo que en mi proceso académico, social y escolar era completamente normal.

Al consumir tanto contenido sexual, se iba creciendo mi egoísmo y mi apatía, por lo que mi mente era expuesta. Para la dopamina en mi cerebro no era suficiente con la pornografía, por lo cual paso a un siguiente nivel y comienzo a “conquistar” mujeres y a manipularlas para mi propio beneficio y placer.

Pasa el tiempo, y ya las mujeres no satisfacen lo que querían mi corazón y mi mente, así que caigo en homosexualidad, donde Satanás obra, apareja los espacios y conozco a una persona de mi entorno escolar que me contamina con imágenes, videos y palabras sutiles para engañar mi mente y mi vida. Esto sin duda me generaba más placer ya que el ocultamiento, lo oscuro y lo privado era lo que mi mente y corazón en aquel entonces quería. Sin embargo, aún tenía un vacío que no se llenaba por más que consumiera pornografía, interactuaba sexualmente con otras personas y opacara ese lugar hueco en mi corazón.

El punto de quiebre

Mi mente y mi salud colapsan. Las consecuencias de la pornografía y la masturbación en mi vida se hacen presentes a través de: depresión, ansiedad, culpabilidad, neurosis, falta de concentración, fantasías sexuales y sin duda alguna, soledad.

El 18 de noviembre 2021, me internan en el hospital durante siete días. Ese fue el punto de quiebre. El mismo día que entré al hospital me remiten a cirugía por una posible peritonitis, aunque no resulta ser nada grave. Aún no se sabe a ciencia cierta lo que pasó en esa noche oscura, pero lo que sí sé es que Dios usó ese punto de crisis para llamarme a una nueva vida.

El Señor toca el corazón de mi hermano y comienza a poner en la casa prédicas cristianas mucho antes de ser hospitalizado. Un día, mientras cumplía con las rutinas y quehaceres en la casa, me llama la atención una prédica en específico del pastor José Justamente cuando estaba en el hospital le pedí a mi papá que me pusiera una prédica, porque no tenía más esperanza de vida dentro de mí y era lo último que me faltaba para así intentar sanar, perdonar y curar mi corazón. Y, “coincidencialmente” resultó ser la misma prédica que mi hermano hace bastante tiempo había puesto en la casa.

Pasa el tiempo, continúo en las mismas prácticas, pero Dios se muestra nuevamente y me llama a un evento de hombres donde sorpresivamente está el pastor José Ordoñez y es así como el 12 de marzo de 2022 recibo al Señor como mi Salvador. Eso que tanto buscaba para llenar el vacío de mi corazón por saciarme con costumbres mundanas, lo vine a encontrar con el amor de Cristo.

Mientras voy conociendo a Jesús, experimento un verdadero arrepentimiento a mi corazón, un verdadero cambio de conducta y una nueva forma de pensar. No obstante, tenía miedo del cambio que había experimentado mi vida. Sentía temor frente al señalamiento de ser cristiano en el colegio, que los demás vieran una incoherencia de mi identidad con Cristo al pecar o cometer un error y, sobre todo, la angustia que me daba de que descubrieran mi pasado.

Ante esto Dios me regala una promesa que llevo guardada en mí corazón: Isaías 41:10 (Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con la diestra de mi justicia).

Esa promesa apagó todo miedo y temor.

Luego Dios me da mi propósito en Lucas 5:10 (no temas serás pescador de hombres). Gracias a Su soberanía y fidelidad me permitió, por medio de Su Espíritu, ser pescador de hombres en mi colegio y hoy en día hay varios amigos del colegio asistiendo a la iglesia

¿Qué pasó con mis luchas?

En ese tiempo entré en un ciclo de seis meses, en el cual tenía plenitud con Dios. Llegaba la tentación, recaía, me levantaba. Se repetía el ciclo una y otra vez pero con la gracia y la gloria de Dios que me levantaban cada vez que caía en pecado, Dios con un consejo fuerte y contundente en Hebreos 6: 4-6 me dice que debo cambiar y tener un arrepentimiento genuino, así que me reconcilió con Él (2 Corintios 5:20) y trae una frase que marca a mi corazón: “De Pequeños hábitos se crean grandes cristianos” tomo en cuenta lo que Dios me da con esta frase y cambio mis rutinas con consejerías, cambiando mentiras por verdades, por medio de grupos pequeños con el pastor David Espíndola, cambiando mis hábitos y ayunando.

Y es así como me revisto de la armadura de Dios (Efesios 6:10-18). Es una lucha de todos los días que no termina, pero Dios me regaló una promesa a mí y a todo el que conozca mi testimonio, para continuar con las duras batallas de la vida en este mundo hipersexualizado con estas palabras: ¡Escucha, Israel! Hoy vas a entrar en batalla contra tus enemigos. No te desanimes ni tengas miedo, no te acobardes ni te llenes de pavor ante ellos, porque el Señor tu Dios está contigo; él peleará en favor tuyo y te dará la victoria sobre tus enemigos. Deuteronomio 20: 3-4.

Fotos: Jessica Dottor / Revista Hechos&Crónicas 

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