Te cuento todo pero esto no

por María Isabel Jaramillo
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En las relaciones de pareja, pero, especialmente en el matrimonio, la comunicación es fundamental para construir una relación sana y sólida, pero hoy queremos hablar de lo que ocurre con esos temas que nos parecen incómodos de tocar, ya sea porque no queremos ofender o hacer sentir mal al otro o porque preferimos evitar conflictos. ¿Será que vale la pena callar? ¿Es posible tener conversaciones incómodas sin discutir en el intento?

La Biblia dice: No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan. Efesios 4:29 (NTV).

Hicimos una pequeña encuesta al interior del ministerio de Casa2 Sabana Norte, enfocado en edificar a los matrimonios en la Palabra de Dios para construir relaciones y hogares saludables, y descubrimos que los temas incómodos para tratar son los mismos para casi todos.

Muchos coincidieron en que, aunque la confianza con la pareja es mucho más grande que con cualquier otra persona en el mundo, hay temas que se dificultan. Por eso quisimos hablar de estos temas para que entendamos la importancia de tener conversaciones incómodas pero edificantes con nuestra pareja.

Lo que quiero y no quiero que hagas

Muchas veces nos cuesta expresar con claridad lo que esperamos y lo que nos incomoda. Creemos que es un tema superado, en especial cuando llevamos un tiempo largo de relación, pero a veces sabemos que si le pedimos al otro que ordene un cajón, que haga un arreglo o que revise si el baño quedó limpio después de usarlo, puede sentirse mal o molestarse, entonces preferimos no decirlo o lo decimos mal y termina convirtiéndose en un tema fastidioso, así que no sabemos cómo volver a traer esos pequeños temas que, aunque parecen inofensivos, pueden ir sumando para generar un mal ambiente en el hogar.

Por eso es importante pensar exactamente qué queremos lograr, para que nuestra comunicación sea asertiva y podamos expresar lo que esperamos del otro y que no suene como un ataque personal. Adicional, estos temas pequeños, en los que nos cuesta ponernos de acuerdo, también son un sinónimo de respeto, pues cuando criticamos o coartamos al otro para que solo actúe como queremos, estamos destruyendo lentamente nuestra relación.

Debemos ser la pareja que queremos ser y hablar como queremos que nos hablen, respetando las libertades del otro y comunicando sabiamente nuestras necesidades.

Inseguridades

Un tema que se repite mucho es el de las inseguridades. Aunque con nuestra pareja nos abrimos, nos desahogamos y compartimos nuestras emociones y lo que hay en nuestro corazón, también ocurre que queremos que el otro nos admire y nos cuesta contar nuestros dolores e inseguridades más profundas. Sin embargo, a veces es esto justamente eso lo que bloquea la comunicación. Cuando no somos capaces de contarle al otro nuestros temores, aquello que apenas estamos trabajando por sanar, nuestras heridas pasadas, etc., puede ocurrir que él o ella toque un área sensible sin saberlo y se desencadene un problema mayor. Hace poco leí que muchos hombres creen que sus mujeres no quieren tener relaciones sexuales por falta de deseo, cuando en muchos casos es porque se sienten inseguras con sus cuerpos, porque están agobiadas o sensibles.

El problema es que ellos no lo saben y ellas asumen que sí. Esto no es más que un error de comunicación que, cuando se resuelve, trae tranquilidad para ambos. Es importante orar para que Dios nos revele el corazón de nuestro cónyuge, pero también para que nos enseñe a abrirnos con sabiduría y amor y podamos compartir todo lo que el otro necesita saber de nosotros.

Dinero

Ponernos de acuerdo en temas financieros es un tema delicado también y depende de cada hogar. El consejo general es que tengan una bolsa común donde ambos lleven sus ingresos y retiren con tranquilidad, pero hay muchas más cosas. Cuando cuestionamos los gastos del otro puede sonar a desconfianza o humillación y por eso nos cuesta tanto. Sin embargo, es importante hablarlo con amor, pensando siempre lo mejor del otro, apoyándolo a pesar de sus errores y haciéndole ver, con mucho respeto, que la bolsa común es para construir sus sueños juntos y para honrar a Dios por lo que les ha dado, no para dividir bienes y vivir 50-50, pues se trata de un matrimonio, no de un divorcio.

Sexualidad

Hay muchos temas en cuanto a sexualidad que debemos hablar. Si bien el pasado queda atrás, hay temas importantes: experiencias negativas, abusos, enfermedades, etc. Pero si partimos del hecho de que ambos estamos descubriendo juntos nuestra sexualidad, ambos estamos aprendiendo (sin importar los años de matrimonio que llevemos).

Al cuestionar con las personas encuestadas sobre la razón por la que este era un tema incómodo en la relación, la mayoría dijeron que les daba pena. Todos queremos demostrarle a nuestra pareja cuánto disfrutamos compartir esta área del matrimonio, que no se trata de un requisito ni una obligación, sino de un hermoso regalo que Dios nos dio para deleitarnos mutuamente. Sin embargo, si no hablamos, el otro va a asumir que nos gustan cosas que no disfrutamos o no va a entender exactamente lo que queremos y viceversa. Por eso es importante aplicar el consejo de los sexólogos más reconocidos:

“En cuanto a sexualidad, lo bueno se conversa en la cama y lo malo en el comedor”. Se trata de encontrar la forma, el momento y el lugar y poder expresar con amor lo que nos gusta y lo que no. Finalmente, el sexo es la unión física más maravillosa que Dios pudo inventar y Él quiere que sea para nuestro gozo mutuo”.

Hijos

Aunque es un tema que debemos hablar antes de casarnos, vivirlo es diferente. Ponernos de acuerdo en el número de hijos que queremos tener (aunque esto puede cambiar con el tiempo) y el tipo de crianza que queremos aplicar, son decisiones a tomar juntos, de la mano de Dios para que exista un acuerdo.

La crianza de los hijos es difícil, en especial cuando uno de los dos quiere implementar un método más actual y el otro quiere seguir con la crianza que recibió de sus padres. La vara de la corrección, los castigos, la pérdida de privilegios, las consecuencias, etc. Es difícil porque es un tema excesivamente sensible y, cuando cuestionamos los métodos de nuestra pareja, es como si le dijéramos que nos es buen padre o buena madre y puede ser doloroso.

Esta conversación incómoda es particularmente importante porque de ella depende la manera en que formemos a esos pequeños seres que dependen de nosotros. Además, no solamente se trata de hablar, sino de orar para que Dios nos brinde la unidad de pensamiento que nuestro hogar necesita. Debemos sentarnos a plantear: ¿Cómo queremos criarlos? ¿Cuál es la manera de corregirlos frente a determinados comportamientos? ¿Cuáles son nuestros límites? Jamás debemos desautorizar al otro frente a los hijos, ni actuar fuera de los acuerdos que planteamos. El respeto mutuo es nuestra primera herramienta.

Parientes

¡Otro tema delicado! Si amamos a nuestro cónyuge, no queremos herirlo y hablarle de sus papás o familiares es una manera de hacerlo. Comencemos por no ser esa persona que pone a la pareja a escoger “tu familia o yo”, porque no es necesario vivir así. Si ambos tenemos las prioridades claras, sabemos poner límites y eso es lo que debemos trabajar.

Pero en cuanto a parientes, surge también el tema incómodo de nuestra propia familia. Precisamente porque esperamos que se lleve bien con nuestro cónyuge, a veces no queremos contarle lo negativo que surge en todo grupo humano y que preferimos evitar. A veces quisiéramos mantenernos al margen de los conflictos y que nuestra pareja no se entere, pero esto también es innecesario, porque es justamente nuestra pareja quien puede apoyarnos y brindarnos una perspectiva diferente, guiada por Dios, de lo que debemos o no hacer respecto a las situaciones de nuestros familiares.

No hay ningún tema del que no debamos hablar en pareja. Se trata de ponernos en sintonía para decir las verdades en amor. También de quitarnos los guantes y escuchar al otro sabiendo que, si se interesa por hablar los temas es porque quiere trabajar en la relación, como cuando algo se está dañando y queremos repararlo, no porque quiera atacarnos. Las conversaciones incómodas duran un momento, pero los beneficios de superarlas pueden durar toda la vida. Así que anímate, no las evites más. Las palabras del malvado son insidias de muerte, pero la boca de los justos los pone a salvo. Proverbios 12:6.

Por: María Isabel Jaramillo – isabel.jaramillo@revistahyc.com. 

Foto: Azerbaijan Stockers – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons).

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