Qué orgullo ser el segundo violín

Por Norma Elizabeth Pinzón

No todos nacimos para ser los primeros, pero sí podemos destacarnos en otras áreas según las capacidades y dones que Dios nos ha dado. Así fueras el invisible segundo violín de una gran orquesta, para Él eres la melodía más importante.

Cuando estaba en el colegio fui miembro de una banda sinfónica. Allí todos hacíamos parte de algo que nos hacía especiales. Cada uno de los instrumentos eran indispensables para el director, pues cada quién tocaba una melodía que trabajaba en armonía con el resto. Si uno de ellos faltaba, la armonía cambiaba y la canción no iba a sonar igual. Así también, tú eres importante para Dios, el Gran Director de la orquesta de la vida.

Tus notas musicales, por muy pequeñas que sean, son fundamentales para armar una gran sinfonía. Podemos ser como aquel segundo violín que, aunque no sea muy visible, se destaca por su sonido único y diferente. “Mi hija quiere ser el segundo violín. No el primero ni solista, ella lo que quiere es tocar tranquila en un segundo plano, porque eso le hace feliz. Pero el mundo está hecho para los que quieren ser famosos, para los que sueñan con ser los primeros”, escribió Carolina Vázquez, una lectora del Diario El País en Carta a la Directora.

La carta de esta madre me hizo pensar que hoy el mundo les da prioridad a los primeros lugares, llamando exitosos a los que cumplen ciertos estándares de la sociedad. ¿Pero qué pasa con aquél que no quiere destacarse? ¿No es importante? Aunque no seamos el violinista principal, ni ocupemos el primer lugar en el colegio, ni seamos el universitario más pilo de la clase, o el trabajador del mes, todos tenemos habilidades, dones y talentos que nos hacen únicos. Lo importante realmente no es ser el primero, sino el mejor en lo que te gusta y sabes hacer. Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo. Colosenses 3:23.

El instrumento más difícil

Leonard Bernstein, uno de los mejores directores de orquesta del siglo XX, le dijo a un admirador que el instrumento más difícil de tocar es el segundo violín. “El violín primero es el protagonista en las orquestas, pero el segundo violín nunca tiene protagonismo. Yo siempre puedo encontrar cantidad de primeros violines, pero encontrar a alguien que toque el segundo violín, o la segunda trompeta de pistones, o la segunda flauta con el mismo entusiasmo, es todo un problema. Y, sin embargo, si nadie toca el segundo instrumento, no hay armonía”.

El esfuerzo y entusiasmo del segundo violín, aunque sea en silencio, es muy apreciado por un director, porque complementa al resto del equipo, pues hasta el más pequeño es indispensable para el correcto funcionamiento del grupo. El apóstol Pablo en 1 Corintios 12:12-26 nos compara como miembros de un cuerpo. Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito». Ni puede la cabeza decirles a los pies: «No los necesito». Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son indispensables.  Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y, si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él.

Cada uno de nosotros podemos destacar y lograr grandes cosas por nosotros mismos, pero estas metas llegan a su máximo esplendor cuando no estamos solos en el proceso, sino cuando ayudamos y somos apoyados por otros. “Romanos 12:4-5 nos muestra cómo nos necesitamos unos a otros porque, aunque no todos tenemos la misma función, ese es el punto clave para que pueda existir un cuerpo. Todos somos importantes, por esto Efesios 4:11-16 nos enseña que Dios nos capacitó a cada uno para edificar en amor, para que se produzca el crecimiento de la iglesia y la madurez del creyente”, comparte Natalia Doria, líder de tMt, grupo juvenil de Casa Sobre la Roca, a Hechos& Crónicas.

¿Te hace realmente feliz ser el primero?

En el colegio, universidad o trabajo, podemos ser los primeros, pero ¿ocupar ese puesto nos hace felices? Muchas veces queremos ser los mejores para satisfacer a nuestros padres, profesores, jefes o para cumplir las expectativas del mundo, pero no porque nos haga felices. Un ejemplo, son aquellos jóvenes que desertan en la universidad porque quisieron cumplir los deseos de sus padres al escoger una carrera que “va a ser mejor paga”, pero no por sus capacidades. De hecho, en Colombia, uno de cada cinco estudiantes cambia de carrera tras el primer año, según el Ministerio de Educación.

Cuando nos imponen la idea de que el primero es quien logra conseguir éxito o felicidad, empezamos a buscar aprobación y olvidamos nuestro propósito. Hoy vemos muchos adultos que por buscar el reconocimiento de los demás, dejaron a un lado sus sueños y viven frustrados por no hacer lo que aman. Por eso, es tan necesario que nos preguntemos qué es lo que nos motiva, qué es lo que Dios tiene para nuestro futuro, para que estés seguro y feliz a la hora de tomar una decisión.

Ser el segundo violín ya no te avergonzará, sino que te llenará de orgullo y felicidad porque harás lo que amas. Y si lo que te gusta hacer, no es apreciado por el mundo, recuerda que Dios sí reconoce tu esfuerzo y dedicación. Como dice Romanos 10:11 NTV: todo el que confíe en ÉL jamás será avergonzado.

Soy importante sin ser el primero

Un joven es importante sin necesidad de destacar o sin ser el primero, cuando “recuerda la identidad que Dios le ha dado. Él es el primero que ve sus esfuerzos”, dice Natalia Doria. Para organizar tus prioridades según tus intereses, capacidades y dones, la líder comparte cinco pasos.

1 – Pon en primer lugar tu relación con Dios.

2 – Busca cuáles son las cosas que te apasionan, pues así estarás viviendo lo que realmente te da satisfacción. Hacer lo que le gusta trae libertad y perseverancia.

3 – Ten claridad de a dónde quieres llegar. De acuerdo a esto, invertirás tiempo en un objetivo.

4 – Dedica tiempo a crecer y no escondas los regalos que Dios te dio para edificar. Si sabes cuál es tu interés, capacidad o don, no te conformes.

5 – Ten claro que cada persona va a un ritmo diferente y por tanto, compararse con otros solo terminará desgastando nuestros pensamientos y alejándonos de vivir nuestra vida por ver la de los demás.

Por: Elizabeth Pinzón – norma.pinzon@revistahyc.com .

Foto: Joseph Vaz – Unsplash (Foto usada bajo Licencia Creative Commons)

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