¿Por qué Dios no es prioridad de los jóvenes?

Por Revista Hechos&Crónicas

Al parecer, Dios ha dejado de ser lo más importante para muchos jóvenes que ahora son más familiares y educados, pero menos creyentes. ¿Por qué? Aquí le contamos.

“La familia y la educación se sitúan, para más del 90 % de los jóvenes en Iberoamérica, como prioridades vitales y principales referentes a la hora de construir sus ideas e interpretaciones del mundo”, explican los autores, que destacan también “la salud” y “el medio ambiente” como asuntos de máximo interés y preocupación.

“En líneas generales, los jóvenes iberoamericanos educados como cristianos, en especial los de Argentina y Chile, y con la excepción de los de Brasil, son los que en mayor proporción han dejado de serlo en su etapa adulta, algo que afecta especialmente a los católicos (Pew Research Center)”, expone el informe.

El dato más relevante, según los autores, es “el fuerte crecimiento del ateísmo, que, como vemos, supera el 60 % en España, llega al 40 % en Chile y alcanza el 35 % en Argentina y México”. Aunque esta “irreligiosidad” no siempre es sinónimo de ateísmo, ya que la opción de “no tengo religión, pero creo en Dios” supera el 10 % en varios países (Colombia, República Dominicana y, sobre todo, Chile, con casi un 20 % de jóvenes).

Esto significa que la fe sigue siendo un punto de conflicto para los jóvenes, pero preocupa que baje el bajo interés que manifiestan en temas espirituales.

Christian Smith y Melinda Lundquist Denton, investigadores de Oxford University Press, en su libro Búsqueda del Alma: La Vida Religiosa y Espiritual de los Adolescentes Americanos, aseguran que “la mayoría de los adolescentes son increíblemente inarticulados acerca de su fe, creencias y prácticas religiosas, y el lugar que ocupa en sus vidas. La religión dominante de facto entre los adolescentes contemporáneos es lo que ellos llaman “Deísmo Terapéutico Moralista”: Existe un Dios que creó y ordena el mundo y vela por la vida humana en la tierra; Dios quiere que las personas sean buenas, agradables y justas entre sí, como se enseña en la Biblia y en la mayoría de las religiones del mundo; el objetivo central de la vida es ser feliz y sentirse bien consigo mismo; Dios no necesita estar particularmente involucrado en la vida de uno, excepto cuando Dios es necesario para resolver un problema; y la gente buena va al cielo cuando muere”.

La ruptura entre el conocimiento y la fe

Uno de los puntos que ha distorsionado las prioridades de muchos jóvenes, es la eterna pelea entre fe y conocimiento. La visión equivocada de que la fe pelea con la ciencia y el conocimiento. Sin embargo, lo que lleva a esta división, es precisamente la falta de conocimiento. En palabras del teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer: “Debemos encontrar a Dios en lo que conocemos, no en lo que ignoramos”. Esto porque al ser creadas todas las cosas por Dios, conocer profundamente la ciencia y el funcionamiento de lo creado aumentará nuestra fe y no la acabará.

Como lo dice: John F. Haught, Senior Fellow, de ciencia y religión en el Centro Teológico Woodstock de la Universidad de Georgetown, “la ciencia constituye un regalo para la fe y ayuda a tener una fe más profunda”.

“La ciencia misma es revelación de Dios al hombre y, por eso, la iglesia evangélica no puede seguir clausurada a posibilidades teológicas actualistas, acordes con la expansión del pensamiento humano. Cosa distinta es el vano esfuerzo de quienes pretenden descifrar lo sobrenatural por medios naturales, pues nadie puede resolver los problemas de cálculo infinitesimal a base de las cuatro operaciones de la aritmética”, asegura el pastor Darío Silva-Silva en su libro El reto de Dios.

Puntos que distancian la fe de los jóvenes

Para Enrique Rodríguez, director del ministerio de oración de Casa Sobre la Roca Bogotá, existen varios factores:

“El primero es el externo, donde entra la iglesia. Y es que la iglesia, con su forma de mostrar a Dios, se ha encargado de alejar a los jóvenes. Esto por no ser clásicos en su raíz, contemporáneos en su actuar y vanguardistas en su visión. Y es que la iglesia no ha sido contemporánea en su actuar. Puede mantener un mismo Dios, pero no ha sabido cómo mostrárselo a los jóvenes.

Segundo, por parte de las familias. Las familias cristianas no están mostrando a Dios como tiene que ser, tienen un cristianismo de cuatro paredes o un cristianismo online. Las familias se han encargado de que los jóvenes no se interesen en la fe porque no muestran al verdadero Dios en sus vidas y solo tienen una fe de domingo, de hora y media.

Tercero, porque la sociedad ha llevado a los jóvenes se interesen más en lo social que en lo espiritual. Hay muchos jóvenes interesados en la labor social, en ser buenas personas, en ayudar a su prójimo. Los jóvenes se unen mucho a obras sociales, pero no saben que la raíz viene de Dios. Se ha sacado a Dios de la educación y de todos los ámbitos en los que interactúan los jóvenes. Se da prioridad a ser buena persona, ignorando que necesitamos un salvador.

¿Por qué los jóvenes no tienen como prioridad a Dios? Porque no les hemos enseñado a tenerlo de sus prioridades. La sociedad y en especial los jóvenes, viven en medio de diferentes tormentas y buscan calmarlas con placebos. Dios es el único que puede calmarlas. La Biblia dice que, cuando Cristo está en la barca, Él es quien calma la tormenta”.

Necesitamos ser una iglesia viva, que no se deje apagar por el pecado, que reconozca la necesidad de un salvador, pero que sepa presentar a ese Dios salvador sin legalismo. Una iglesia que lleve a los jóvenes a conocerlo personalmente, a tener una relación íntima con la que Dios sea, sin ningún misticismo, la prioridad en sus vidas.

Foto: Edwin Andrade – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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