Entre nosotras nos cuidamos

Por Revista Hechos&Crónicas

Cuando has pasado por una situación difícil, ¿te has refugiado en los brazos de una amiga? Seguramente sí. Muchas acudimos a otra mujer para sentir un acompañamiento de confianza y compresión en diferentes áreas de nuestras vidas. Aún sin conocerse, las mujeres se están animando a ser más solidarias con otras. Aquí te contamos por qué.

En temas de género y feminismo, se ha vuelto popular la palabra sororidad para referirse a la construcción de redes de apoyo femeninas para luchar contra la desigualdad, la brecha salarial y la violencia de género. Según datos de Medicina Legal, entre enero y octubre de 2021, hubo 98.546 mujeres víctimas de algún tipo de violencia. Asimismo, el Observatorio Colombiano de Feminicidios informó que el año pasado se presentaron 622 feminicidios en el país. Es decir, cada día son asesinadas 2,7 mujeres.

Sororidad = Solidaridad

Aunque estas muertes sistemáticas son producto de una sociedad patriarcal que discrimina a las mujeres, la sororidad puede ir más allá, pues es un apoyo incondicional entre mujeres, aún si esta es o no violentada. De hecho, la Real Academia Española define la sororidad como “Amistad o afecto entre mujeres” y “Relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento”. Este empoderamiento no es ajeno al cristianismo, pues el mensaje de Cristo es inclusivo (Gálatas 3:28), dignifica a la mujer (Juan 4:27-30) y enseña amor fraternal (Romanos 12:10).

Solidaridad entre mujeres

Liliana Bustos, directora del ministerio Mujer Integral de Casa Sobre La Roca en Bogotá, compartió con Hechos&Crónicas que “La sororidad es la solidaridad entre mujeres. Es un recurso que tenemos las mujeres como apoyo las unas a las otras, porque solo nosotras nos entendemos. No es tan fácil que un hombre, sea el esposo o el papá, comprenda la bella complejidad con la que Dios nos hizo. La red de apoyo empieza en casa,

con mi mamá, mis hermanas, mis amigas, que me dan esa solidaridad porque entienden profundamente mis emociones, mis sentimientos y cómo pienso”.

Bustos también comenta que las mujeres que no cuenten con una red de apoyo en casa o con personas cercanas, pueden encontrarlo en la iglesia. “Una de las razones por las que existe un ministerio de mujeres en la iglesia es porque pensamos en las mujeres que necesitan un recurso para aprender para caminar juntas y crecer. Entonces si no tienes una mamá, en el ministerio encuentras tu mamá espiritual; si no tienes hermanas, ahora tienes hermanas en Cristo. Nos volvemos esas buenas consejeras basadas en la Palabra de Dios, que es donde está toda la sabiduría. No hay forma más sabia de buscar una red de apoyo como en un ministerio de nuestra iglesia”.

Incluso, cuando las mujeres pasan por acoso callejero, acoso laboral, violencia doméstica, o alguna situación delicada, “aconsejamos que pidan una consejería donde podemos sugerir los pasos a seguir. Si tiene que denunciar, si necesita un apoyo psicológico, allí gestionamos cómo puede, de manera externa, obtener esa ayuda”, dice Liliana.

La sororidad de Rut, Orfa y Noemí

En la Biblia encontramos un claro ejemplo de sororidad. El primer capítulo del libro de Rut narra la historia de Noemí y sus dos nueras, Rut y Orfa, tres mujeres que quedaron viudas en medio de una Israel llena de violencia e injusticias, dominada por “caudillos”. Entonces Noemí les dijo a sus dos nueras: — ¡Miren, vuelva cada una a la casa de su madre! Que el Señor las trate a ustedes con el mismo amor y lealtad que ustedes han mostrado con los que murieron y conmigo. Que el Señor les conceda hallar seguridad en un nuevo hogar, al lado de un nuevo esposo. Luego las besó. Pero ellas, deshechas en llanto, exclamaron: —¡No! Nosotras volveremos contigo a tu pueblo. Rut 1:8-10.

La misma Rut le da a su suegra su apoyo incondicional al decirle: — ¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Rut 1:16. Así, estas mujeres en medio de una situación difícil, decidieron cuidarse mutuamente y mantenerse juntas, firmes en Dios.

La Palabra nos indica que la solidaridad entre mujeres es una responsabilidad que Dios nos da. Liliana Bustos lo explica: “Tito 2 habla de la responsabilidad de las mujeres mayores de enseñarles a las más jóvenes; quienes tienen más experiencia y tiempo conociendo del Señor, ayuden a guiar a las que vienen atrás. Ahí se cumple la sororidad, es un ciclo, porque las jóvenes luego se convertirán en las consejeras que guían a otras”.

Enseña a las mujeres mayores a vivir de una manera que honre a Dios. No deben calumniar a nadie ni emborracharse. En cambio, deberían enseñarles a otros lo que es bueno. Tito 2:3 NTV.

¿Cómo ser sorora?

Debemos empezar por no juzgar a otras mujeres, no criticar el cuerpo de la otra o sus decisiones. Una mujer sorora propicia redes de seguridad y está continuamente pendiente cuando una mujer entra o sale de un lugar, con sencillas frases como “márcame si lo necesitas”, “me avisas cuando llegues”, “no estás sola, yo te creo”. Estos sencillos actos ayudan a que más mujeres se sientan seguras y sean empáticas con otras.

A través de redes sociales como WhatsApp, muchas mujeres han creado grupos donde pueden compartir su ubicación con otras mujeres de confianza, compartir datos e información de un lugar inseguro o de acoso, pedir ayuda de forma textual o por medio de stickers, como aquellos que crearon un colectivo de mujeres de Medellín.

Adicional a esto, existen algunos programas que incentivan la sororidad como, por ejemplo, “Espacios seguros. A la vuelta de la esquina”, una iniciativa de la Secretaría Distrital de la Mujer en Bogotá, mediante la cual nueve aliados comerciales en más de 1.014 puntos en toda la ciudad, abrieron zonas sororas donde las mujeres pueden obtener canales de información y puntos de atención en caso de ser víctimas de violencia.

Foto: Becca Tapert – Unsplash (Foto usada bajo licencia Creative Commons)

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